Reactivar con equidad

Coherencia, democracia y libertad de expresión

Por: Rafael del Cid

Al cerrar 2019 los pronósticos económicos para Honduras eran sombríos. Se avecinaban tiempos tormentosos. Habría un inevitable baño de desesperanza porque la riqueza del país y el empleo apenas si crecerían. Para la mayoría, la pobreza continuaría siendo un huésped indeseado en sus hogares. Lejos estábamos de imaginarnos cómo, en cuestión de pocos meses, nos llovería sobre mojado. Se nos vino encima una pandemia mundial. Un planeta entero sacudido. Los ya vulnerables, como siempre, resultando las víctimas principales de la tragedia.

La Comisión Económica para América Latina (CEPAL) acaba de publicar (15 de julio) un informe actualizado sobre los efectos del COVID-19 en la región. La CEPAL constata como sus estimaciones a marzo 2020 se quedaron cortas. Las cosas van para peor. De todos modos, la CEPAL aconseja reactivar la economía… y hacerlo con equidad. A continuación, un resumen del informe con énfasis en sus recomendaciones.

“La economía mundial experimentará su mayor caída desde la Segunda Guerra Mundial y el PIB per cápita disminuirá en el 90% de los países…”. Las economías de los países más prósperos ya iniciaron una “lenta e incierta recuperación”. Sostiene el citado informe.

En el caso de la América Latina, la contracción económica también es el panorama común. La producción industrial de México cayó en 29,3% (abril) y el total de la economía de Argentina en 26,4%. Algo similar pasó con las economías de Brasil (-15%), Chile (-14%), Colombia (-20%) y Perú (-41%). Han sido afectadas las exportaciones de todo tipo, caído el comercio mundial de bienes y servicios, especialmente el turismo. El retroceso económico y el alza del desempleo de las economías centrales también pasará factura a la región al disminuir la demanda de productos y reducirse las remesas. Las exportaciones de la región caerán en 23%, con sus precios contrayéndose en 11% y volumen en 12%. La CEPAL estima que hasta mayo el flujo de remesas habrá disminuido en 7% con respecto al mismo mes de 2019. En los casos de Haití, El Salvador y Honduras la reducción de las remesas causará problemas mayores dada su gran dependencia de las mismas: 33% del PIB en el caso del primero y de 20% aproximadamente en los otros dos países.

Las nuevas estimaciones de la CEPAL predicen un crecimiento negativo de 9,1% del PIB para toda Latinoamérica y de 6,1% para Honduras. Esto hará que el PIB por habitante de toda la región caiga a los niveles de 2010 ¡Toda una década perdida! Con ello, aumentará la tasa de desocupación hasta situarse en alrededor de 13,5% hacia el final de 2020. Esto significará aproximadamente 44,1 millones de personas, unos 18 millones más de los desocupados en 2019. Y con respecto a los trabajadores en condiciones de informalidad el Informe agrega: “(que) estos trabajadores son muy vulnerables a los efectos de la pandemia” y la fuerza laboral femenina será muy golpeada en actividades como el comercio y el turismo. Por otra parte, el volumen de la población en pobreza pasará, aproximadamente, de 186 millones en 2019 a 231 millones en 2020. Las personas en pobreza extrema pasarán de 68 a unos 96 millones en el mismo período. En el caso de Honduras la pobreza podría incrementarse de casi 55% en 2019 a 59% en 2020. En ese mismo lapso, la extrema pobreza subiría de casi 19% a 22%. El indicador de desigualdad (Índice de Gini) crecerá en Honduras en casi 3%, para situarse en aproximadamente 54%, entre los mayores del mundo. Como puede observarse, el impacto de la pandemia resulta desigual en lo que se refiere a sectores de actividad económica y a estratos sociales.

En la tarea de reconstruir nuestras economías la CEPAL conmina a darle relevancia a la política fiscal con la mira puesta en lograr “sociedades más inclusivas, igualitarias y preparadas para resistir nuevas crisis”. En concreto, ¿cuáles serían las principales medidas a tomar?

Primero, utilización de la política fiscal y monetaria:

Fuertes estímulos fiscales para reactivar la economía, la inversión y la creación de empleo. Esto implica audacia para ampliar el acceso a líneas de financiamiento.

Manejo cuidadoso de las finanzas públicas. Hacer magia para aumentar la recaudación fiscal, controlar la evasión y reducir el gasto gubernamental. En este aspecto el gobierno debe saber calibrar sus entendimientos con la cooperación internacional.

Pactos fiscales y sociales. Estos pactos darán viabilidad política a medidas relacionadas con el suministro de bienes y servicios de calidad y de protección social. “Es necesario que en la región se acelere la transición hacia un estado de bienestar social que garantice mejores condiciones de vida para todas las personas”.

Un sistema de tributación progresivo y eficiente, acompañado de serios esfuerzos por un gasto público eficiente y equitativo con prioridad a la atención de necesidades sociales.

Una política monetaria expansiva. La CEPAL informa que la tasa de política monetaria se ha recortado a niveles históricamente bajos (cercanos a cero) en países como Chile y Perú, pero todavía se mantienen altos en México y Honduras. Las políticas expansivas contribuyen a bajar la tasa de interés activa. La CEPAL no presenta cifras para Honduras. Se indica que la disminución de la tasa de interés activa debe hacer crecer el acceso del sector privado al crédito. El sector MIPYME continúa manifestando inconformidad en Honduras por el limitado acceso al crédito a tasas y plazos razonables que todavía se observa.

Segundo, poner en marcha cuatro líneas de acción:

Un ingreso básico de emergencia como instrumento de protección social. Según la CEPAL, en 2020 unos 38 millones de personas de la clase media baja pasará a engrosar las filas de la pobreza y de la extrema pobreza (4 millones). Estos últimos estratos requerirán de apoyo para enfrentar los efectos económicos de la pandemia. Esto requerirá suministrarles transferencias monetarias, en especie y en servicios básicos. Las transferencias monetarias deberán llegar a toda la población pobre, extenderse a por al menos unos seis meses y ser equivalentes al ingreso de una línea de pobreza. CEPAL estima un gasto de aproximadamente 2% del PIB por este concepto.

Un bono contra el hambre dirigida a la población en extrema pobreza vía transferencias monetarias, canastas de alimentos, cupones de alimentos o programas de alimentación escolar. Cada bono tendría un valor equivalente a 70% de una línea regional de pobreza extrema, que podría implicar un gasto de 0,52% del PIB regional.

Apoyo a las empresas y los empleos en riesgo. El apoyo buscaría: (a) aumentar la liquidez de las empresas (postergación o cancelación de pagos de impuestos, suspensión del pago de servicios, flexibilización y mejora de las condiciones de crédito, aumento de la cartera de crédito, un bono para inversión en las explotaciones agrícolas rezagadas); (b) evitar la destrucción de capacidades (subsidios diferenciados al pago de la nómina salarial, subsidio a los trabajadores por cuenta propia); (c) apoyar a las grandes empresas en sectores estratégicos en riesgo; parte de esto podrá ser la recapitalización a cambio de que las empresas mantengan el número de trabajadores y no distribuyan utilidades mientras se les ayuda.

La cuarta línea de acción se refiere a medidas para aprovechar mejor el apoyo de las instituciones financiera internacionales, tales como, ampliación para el país de las condiciones de liquidez; el aumento de las líneas especiales de crédito de bajo costo y de largo plazo, entre otras.

Algunos economistas reaccionarán ante estas sugerencias con la consabida expresión: “Ya viene la CEPAL con sus propuestas de aumento de la mantequilla en lugar de los cañones”. Criticarán a la CEPAL por querer repartir el pastel antes de agrandarlo. Responder a este cuestionamiento será volver a la interminable discusión de si la política económica debe continuar obsesionada con el crecimiento económico y esperanzada en que el mercado, por sí solo, derrame la riqueza a todos. Sin embargo, llevamos años empeñados en esta última ruta hasta cultivar el resultado de una pandemia que encuentra al país con los calzones abajo. Descuidar la salud, la educación y la protección social nos está costando y nos seguirá costando caro. Pudimos enfrentar la pandemia con estos sectores en mejores condiciones. Es tiempo de rectificar. La CEPAL asegura que sus propuestas de política intentan lograr una sinergia entre el apoyo al empleo y a los empleadores con las medidas de atención inmediata a las situaciones personales y familiares más críticas. Esto es combinar pragmatismo económico con solidaridad social.

Tal vez para disminuir mi simpatía con estos planteamientos, un amigo economista me envió un video. Solo que era de los años noventa [¿nada ha transcurrido desde entonces?], en el que un pretendido self-made-man invita al llorón y flojo latinoamericano promedio a dejar de esperar el apoyo gubernamental para superar sus problemas y que, en su lugar, haga acopio del espíritu emprendedor. ¡Bonita y engañosa retórica para quien no conoce o ya olvidó la situación de las familias más pobres! Hay una literatura que explota el desgano, la pasividad, el fatalismo de ciertas poblaciones para presentarlos como características de la mayoría de los hogares de la América Latina. Sin embargo, desde la obra de Hernando de Soto (“El otro sendero”, 1986) quedó evidenciado que el espíritu emprendedor es lo menos que falta al común de los hogares. ¿De qué otra forma sobrevivirían si con los dedos de la mano se cuentan los países de la región que alguna vez han tenido algo parecido a un Estado de Bienestar? Durante la mayor parte de nuestra historia los pobres no han vivido de cupones o transferencias. Los pobres han raspado lo que han podido, clamando por la protección de los gobiernos frente a la voracidad de los depredadores: coyotes, agiotistas, especuladores, monopolistas y oligopolistas -dizque defensores de la libre empresa, y funcionarios públicos ineptos y corruptos. Es hora de entender que halar la colcha solo para el lado de los poderosos jamás nos ayudará a construir sociedades donde todos o casi todos podamos dormir en paz. Reactivar con equidad: ¡Sí podemos!

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