La batalla por la justicia

Otro memo secreto. ¿Cómo cambiaría Honduras bajo su nuevo presidente?

Por: Rodolfo Pastor Fasquelle

Claro que el secretario general de las Naciones Unidas, Guterres, está viendo otra película cuando advierte, en los foros mundiales, que todos deben concentrarse en el problema de la gente —es decir, las necesidades de los pobres, que son muchos— y, por otro lado, en la salud del planeta: consideración ambiental, paz y gobernanza. Cuestiones que el Sr. Trump ha dicho que no son sus prioridades, sino los impuestos.

Los observadores coinciden en que el nuevo presidente electo (PE) de Honduras, Nasry Asfura, ha definido las prioridades de su gobierno con claridad. La primera —quizás confiando en las promesas del Sr. Trump en vísperas de la elección de noviembre— será un crecimiento económico alineado con EUA. A saber: impulsar la economía atrayendo capital de los Estados Unidos que —ya lo prometían Dogu y Kamala— se orientaría al sector maquilador, al nearshoring hacia mercados externos, aunque también —como Dogu mencionaba— a la generación de energía.

Dentro del país, el PE se reunió antes que con nadie con el COHEP, órgano patronal que también lo apoyó decididamente, aunque poco representativo de la mayoría de los empresarios nativos. En EUA se reunió con congresistas y ministros, incluidos Rubio y Luttnick, así como con altos personeros del BID. Discutió con ellos embarcarse en la consecución de un nuevo tratado de libre comercio bilateral, semejante a los que procuran El Salvador y Guatemala. Han reseñado las crónicas asimismo que Asfura piensa que los sectores prioritarios son la energía, la manufactura y la tecnología. La búsqueda de inversiones también pareciera haber sido el propósito principal de su viaje misterioso a Israel. No la tiene fácil el gobierno entrante.

Declaró allá, como aquí, que acometerá la tarea titánica de recortar el gasto público, con el fin de ahorrar recursos para la inversión estatal en infraestructura: puertos y represas que el país necesita. No mencionó la inversión pública en energía.

No creo que el presidente se equivoque del todo sobre la importancia de estas intenciones ni sobre el reconocimiento de nuestras limitaciones. Tiene razón con respecto a :
a) la importancia crucial de impulsar la economía;
b) la urgencia de restaurar una mejor relación con EUA, principal socio comercial;
c) el diálogo con los empresarios, con quienes incluso los regímenes autoritarios de la izquierda vecina mantienen buenas relaciones.

Debo expresar, aun así, reservas respecto de las expresiones citadas y de la visión que suponen sobre la problemática nacional y sus soluciones. Porque la economía de Honduras, su macroeconomía, ha sido más bien estable y próspera, protegida por los Estados Unidos. Al entregársele la Presidencia a Asfura, Honduras tiene una moneda más estable que la mayoría de los regímenes de derecha latinoamericanos, pero también que varias economías grandes, y registra una de las tasas de crecimiento mercantil más altas de LATAM. Muchos de los grandes inversionistas —especialmente en maquila y extracción— son estadounidenses y, pese a la tensión con un gobierno que no supo escuchar a particulares, han recibido la consideración de su gobierno, cuya vocera local es la poderosa Embajada en Viera.

Aunque necesitamos inversión para resolver el problema de la energía, la falta de infraestructura y el freno invisible que impide desarrollar un gran potencial en manufactura, el crecimiento no ha sido el problema. Por lo menos, no el del capital. La microeconomía es otra cosa. No solo la informal: fuera de la banca, la gran empresa industrial y el comercio exterior, la economía de la mayoría no avanza. Queremos transparencia.

Hay un problema real. No sé por qué han dejado fuera el tema de la comida. Aun siendo de los mejores de la región, el crecimiento de Honduras es demasiado lento para desarrollar el país. La dinámica no despega: sigue atrapada en actividades de baja rentabilidad, con excepciones. Padece baja productividad —por falta de educación e integración empresarial— y alta informalidad —por falta de ahorro y capital—. Depende fuertemente de la remesa, principal ingreso del país: vergüenza y constatación de que, si los pones donde se puede, los hondureños producen. Con un poco de café y fruta, eso es lo que exportamos: gente. Y lo que envíaesa gente se dispersa más de lo que se invierte, y es muy vulnerable a una política de deportación masiva. Es la trampa del crecimiento medio, en nuestro caso precoz. Se ocupa un disparador. Un resorte.

Es imperativo resolver la contradicción con EUA. Pero surge una duda adicional: confiar el crecimiento futuro a la palabra voluble de Trump y a una economía estadounidense que tampoco despega, pese a tantos apalancamientos. El propio Trump estudió el CAFTA y dictaminó que era justo para EUA. ¿Y entonces? Mañana se enoja y denuncia el tratado bilateral, o lo ignora, como hoy cuando exige uno nuevo. Es como confiar en la fidelidad futura de la novia celosa que te puso cuernos. ¡Allá tú!

Cuesta entender cómo el tratado bilateral resolvería lo que no resolvió el regional. ¿Renegociar uno bilateral —que tomará años en prepararse y promulgarse— servirá para darle la espalda a Nicaragua? Puede convenir al interés estadounidense, no al nuestro: intercambiamos poblaciones residentes, compartimos una frontera larga y porosa, que casi es tierra de nadie.

Para su legitimidad y gobernanza, Asfura necesita un mínimo de independencia y dignidad. Le convendría sin capricho, defender el tratado vigente y su propia agenda nacional, con el interés de Honduras como prioridad.

Sospecho que en los nuevos tratados de la administración Trump será difícil resistir mecanismos de arbitraje que privilegien intereses estadounidenses y la presión para conceder otra vez territorio y jurisdicción a las ZEDE, además de revertir derechos laborales. Los empresarios presionan para volver al trabajo por horas ya derogado. No será aceptado.

Asfura podría sumar votos —con apoyo liberal— para hacer concesiones al capital y usar la fuerza del Estado para aplacar protestas. Pero esto no es Irán. Y no se sabe cómo termina ese cuento.

El problema existencial de Honduras es el problema social: injusticia y desigualdad extrema, que también es el piso de la inseguridad. A la gente no le alcanza. Ese problema solo se resuelve con reforma fiscal y redistribución mediante un Estado eficaz en servicios de calidad, inversión y control de abusos. Si se hace en forma inteligente, la inversión publica en servicios de calidad y el control de abusos, ayudara a un crecimiento sostenible.

Y el principal problema del gobierno de Asfura será político: cumplir a su base y, a la vez, satisfacer al gran capital, la sociedad civil, la oposición y los amigos extranjeros. ¿Puede construir legitimidad sin romper con quienes lo impulsaron y sostienen?

Si no, la inoperatividad del Estado; el desprestigio institucional; el abuso electoral —actas adulteradas, votos sin escrutar, urnas sin cuadernillos—; la miseria de la mitad del país… volverán cada noche a sus pesadillas. Hasta que lo vayan a traer.

Por eso recomiendo —desde el primer día— que el presidente hable con la franqueza amable que se ocupa a esos socios, acerca de reformas y de impuestos necesarios, para que el Estado nivele el terreno de juego y cumpla. No sé si lo hará; sé que debe. Él sabe cómo, porque es uno de ellos. Por eso mismo hay quien duda. Yo recuerdo el adagio que dice para que la cuña apriete, ha de ser del mismo palo.

La estabilidad y legitimación de la autoridad también conviene al empresario. Hoy se respira una falta de legitimidad que también proviene de la corrupción  que —en todos los partidos—se pretende obviar. Pero la gente especialmente de las clases medias está harta y con razón, no perdona, Cardona, porque mientras tanto, no le alcanza.

Dejar toda la energía al sector privado supone revertir su condición de bien público estratégico, que objetó ardorosamente la Sra. Dogu. Como historiador, recuerdo que hace un siglo la generación estuvo en manos estadounidenses, en tiempos de Washington Valentine, abuelo de Callejas. Pero no nos fue bien.

Es otro dilema. Recortar el gasto es necesario. El gasto hoy es una locura. Recortar puede servir para controlar corrupción y para que alcance. (Simbólicamente, ayudaría recortar los sueldos de casi treinta cargos supernumerarios en la nueva directiva de El Congreso: que destila corrupción.) Pero recortar los presupuestos de salud, seguridad, agricultura y educación o volver a los fideicomisos no resolverá el problema social ni el político: hambre, desempleo, desesperanza, conflictividad e ingobernabilidad. Problemas que N. A. Z. aún no mira. Pero que lo esperan, al fondo del callejón, pica en mano. Es que esto no ha funcionado, no funciona, no va a funcionar. No hay salida fácil

Pero ¿qué aconsejaría al PE? Reconocer con valentía  la profundidad de la fractura política y la crisis social. Aconsejaria diversificar a sus interlocutores. Escuchar en vez de pontificar. Buscar amistades nuevas y nuevas salidas al producto para mejor ingreso.

Adentro

Hablar con todos: con Coyolito; con el COHEP; con Altai y Green Valley; con la CCIC y otras patronales, está bien. Pero también hay que llamar a los microempresarios, a los campesinos, patronatos, sindicalistas, iglesias serias, pueblos originarios. Escuchar a todos para discernir razones y agravios, y discretamente cribar los oportunismos. Comuníquese con todos, Señor, todas las mañanas, a la hora del noticiero. Invite a los embajadores en forma alternativa, a los lideres populares, a los empresarios y a unos pocos curas y pastores, a desayunar después: baleadas y sandia, tamalitos con crema, pastelitos de plátano maduro rellenos de frijol…con agua de chia y café. Comuníquese

También para plantear un plan: Convergencia Nacional: cinco o seis puntos: estado de derecho democrático; seguridad personal; justicia contra impunidad por corrupción, fraudes o violencias; libertades públicas y derechos humanos; seguridad jurídica; empleo o seguro, servicios de calidad. Dificilísimo. Renunciar al clientelismo, aceptar liderazgo estatal, la disciplina, la idea de una nación compartida. No ha ocurrido nunca. Somos anárquicos porque no creemos, descreídos porque nos han engañado. Cuesta soñar.

Recomendaría un gabinete profesional, con experiencia y sin sombras. Gente estudiosa pero también práctica, respetuosa de la ley en vez de cínicos, que se quiere pasar de lista, con credibilidad, capaz de inspirar respeto, a la que le quede algo de soñadora. Con formación. No todos los ministerios admiten perfiles intercambiables. Trabajo, por ejemplo, exige trayectoria laboral reconocible: no notoriedad: legitimidad.

Por eso sorprende que sindicalistas, especialistas y empleadores no reconozcan los nombres que circulan para esa cartera. En un ministerio que gestiona conflictos inmediatos que pueden agotarse en días y compromisos internacionales, la falta de reconocimiento no es neutralidad: es debilidad, que recaerá sobre la presidencia.

En seguridad, en cambio, se mencionan exoficiales de alto perfil de los tiempos de Lobo y Hernández. Queda por aclarar por qué salieron del servicio en 2022.

Afuera

Escuchar a EUA y al BID está bien. Pero también explorar financiamiento con el Banco Mundial; CAF y CABEI; y con la banca de nuestros otros socios comerciales. Y hablar de nuestras necesidades. Hay que buscar donde hay. Y no hay éxito instantáneo.

Para frenar la degradación, ayudar a resolver la crisis del SICA y la de CELAC. Son tesoros en peligro. Con potencias medias —Canadá, Brasil, México, Chile— y países como Costa Rica y Uruguay, Honduras puede tomar distancia sin estridencia y ganar estabilidad para su agenda. Eso también conviene a EUA. Necesitamos más amigos. Como dice Wang Yi, no hace falta traicionar al viejo para procurar un nuevo amigo.

Tenemos misiones y técnicos, pero falta visión de largo plazo, servicio civil profesional y diplomacia económica especializada. Hoy somos curiosidades, de nuestros amigos.

Sin renunciar a Washington —matrimonio polígamo donde el esposo envejecido no atiende más que apocas favoritas— ni repudiar el tratado que ofrezcan. Estudiándolo.

Reafirmando la cooperación en seguridad, recomendaría acelerar el libre comercio con China que crece al doble que EUA y con India, que crece a casi el doble de China, ambas serán dos de las tres economías más grandes del mundo antes que termine  Asfura su mandato. Establecer misiones para relacionarnos con Medio Oriente, Turquía, Indonesia y el Sudeste Asiático. Esos pocos países concentran la mitad de la población mundial y las economías más dinámicas. En cambio, mantenemos embajadas en países de resort, sin comercio, cooperación o interés estratégico. ¿Tonces?

Sabremos más mañana. Por Honduras, suerte.


The Dialogue, 22 de enero 2026. Publica cuatro ensayitos de expertos estadounidenses que me inspiran esta reflexión, más hondureña.

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