¿Es la universidad un lugar para reflexión?

Gustavo Zelaya Herrera
Por: Gustavo Zelaya Herrera

Es raro que esto ocurra en un campus universitario: escuchar a un académico explicar a los periodistas que la toma de edificios se debe a que los sediciosos expresan una “polarización distorsionada de la realidad” y que tienen una “distorsión cognitiva y conductual” que los empuja a la protesta infundada. En boca de un docto eso debe significar algo importante, pueden ser categorías generadas desde alguna tesis bien argumentada. Eso debe esperarse y no simples opiniones ¿Serán producto de profundas reflexiones? Algo similar ocurre cuando en público se declara que es “imposible cambiar las normas académicas”; que pedir tal cuestión es “estar fuera de la realidad”. Parece que esas normas son similares a los artículos pétreos de la constitución nacional comparables a los dogmas religiosos: eternos, perfectos, objetivos dado su origen divino.  O el último ejemplo en donde se convoca al dialogo con hora y media por grupo y en el orden impuesto, sin participación docente. Tenemos que considerar que no hay ni una sola teoría, ni una sola categoría social, que no pueda escapar al cuestionamiento. Esa capacidad crítica, esa contrastación de las tesis, es uno de los fundamentos en la formación del pensamiento; es uno de las bases de la vida universitaria.
Lo más extraño es que después de indagar el significado de las aseveraciones hechas en Unah-VS sobre la polarización distorsionada de la realidad no encontré algo serio a favor del profesor en ningún texto de psicología conductista ni de pedagogía. Tal vez el del error soy yo por desconocer las últimas propuestas de la psiquiatría o de la neurología; error mayor por contentarme con buscadores de internet. Sin embargo encontré algo así: existen 15 tipos de pensamientos deformados o distorsiones cognitivas propuestos por  los expertos de la terapia cognitiva Sacco y Beck (1995).
Estos son algunos de ellos: 1. “Pensamiento polarizado. Se tiende a percibir las cosas de forma extremista, sin términos medios. Son buenos o malos. Si no se es perfecto, entonces se es imbécil. No existe término medio”. 2. “Interpretación del pensamiento…dependen de un proceso llamado proyección. La persona imagina que la gente siente y reacciona a los pensamientos de la misma forma que ella”. La proyección o interpretación del pensamiento ajeno hace creer que se sabe lo que los demás piensan y no se considera que lo que imagino de otros es pura y simple opinión, tal vez una hipótesis que tiene que confirmarse. Por ello es común afirmar que hay intereses de partidos y grupos políticos externos que quieren apoderarse de la institución. Puede ser cierto de parte de descontentos que ven en el presupuesto un botín preelectoral por saquear tal y  como lo hicieron con el Seguro Social, así, la universidad está pendiente de ser asaltada con todas las de ley y los únicos que pueden hacerlo son del partido en el poder. Pero no hay que olvidar que si yo fuera parte de algún órgano de dirección universitaria es porque un grupo político me llevó a tal categoría; por eso es que estoy en tal posición. 3. “La falacia de justicia. La persona está resentida porque piensa que conoce que es la justicia, pero los demás no están de acuerdo con ella”. Incluso, se llega a sostener que uno es el que tiene la razón y la justicia de su lado y los demás están errados. Y si las reglas que yo he elaborado son cuestionadas, la equivocación está en la realidad que no se ajusta a semejantes códigos, elaborados por los más capaces, por supuesto.
Las distorsiones cognitivas son formas de interpretar hechos que dan lugar a visiones mecánicas, muy simplistas, de la realidad; es probable que se profundicen gracias a ciertos estilos de liderazgo horizontal y a  procedimientos propios de la administración que se pretende extender a la actividad en el aula de clases. Los sistemas de gestión de calidad total por ejemplo dan lugar a  exigencias y al perfeccionismo de tal modo que nos imponemos expresiones rígidas e inflexibles como “Debo de hacer las cosas bien para merecer la aprobación y el afecto de los demás”. Tales exigencias pueden resultar en enfados y agresividad hacia otras personas ya que se espera que actúen conforme a mis creencias, que logren la perfección en su labor y sin error desde el inicio. Además, tienden a ver todo en blanco y negro y a suponer que existe un sistema de valores fijo y único para todos. Olvidan que la realidad es mucho más compleja, diversa y rica en situaciones hasta el punto de hacer posible el desarrollo social y la diversidad cultural. Esa complejidad es un sistema de contradicciones en donde surgen múltiples posibilidades que superan cualquier pretensión de uniformar ideas. Incluso, es muy probable que todos los seres humanos tengamos algunas de esas distorsiones cognitivas y que la dificultad consista en no aceptarlas como algo propio y ver en los demás tan humanas cuestiones como si fueran pecados.
Puede ser que todo eso sea parte de los factores que impiden reflexionar un poco sobre los problemas de la universidad y que sea necesario un examen interior, un poner en la balanza nuestras dificultades para poder llenarnos de humildad y escucharnos todos sin prejuicios ni fórmulas preconcebidas. Tal vez sea inaceptable ingenuidad lo que digo y no tenga respuestas viables a los conflictos internos. Pero algo se puede hacer, algo podemos esperar, edificar salidas al conflicto, ir probando acercamientos que no sabemos en qué pueden desembocar, sin olvidar que somos personas las que convivimos en la universidad y aunque creamos en la importancia de la ciencia y su capacidad no es malo tomar en cuenta una afirmación del gran físico Niels Bohr, “hacer predicciones es muy difícil, sobre todo si se trata del futuro”. Por suerte así es y desde la incertidumbre podemos encontrar respuestas a la crisis.
Se nos impone una gran rato que no es más que encontrar espacios y circunstancias para la reflexión. Entre personas racionales, con sus pasiones y sus afectos, sin distracciones ni tantas presentaciones multimedias que mediatizan nuestra capacidad reflexiva y afectiva.

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