La OTAN: un engaño para la seguridad del mundo

Por: Giovani Funa

Sin duda alguna la OTAN ha sido un gran engaño para la seguridad del mundo, la historia nos invita a un análisis profundo y crítico. Lejos de ser una alianza puramente defensiva, la historia de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) está impregnada de episodios que, para muchos, configuran un «gran engaño» a diferentes niveles: desde promesas incumplidas a naciones enteras hasta la manipulación de la opinión pública en países miembros.

Conocer las tres dimensiones fundamentales de este engaño es inevitable para entender la situación actual del mundo: la expansión hacia el Este que traicionó las garantías dadas a Rusia.

En el referéndum condicionado que marcó la integración de España y el historial de intervenciones globales que desmienten su supuesto carácter defensivo.

La Promesa Rota a Rusia de no expansión hacia el Este es el primer y quizás más grave «engaño» de la OTAN en el ámbito geopolítico que se remonta a las negociaciones para la reunificación alemana en 1990. En un momento de máxima fragilidad para la Unión Soviética, los líderes occidentales ofrecieron a Mijaíl Gorbachov una garantía verbal crucial para ganar su consentimiento para que una Alemania unificada permaneciera en la Alianza.

El secretario de Estado estadounidense, James Baker, transmitió a Gorbachov la famosa promesa de que la «jurisdicción» de que la OTAN no se extendería «ni un milímetro hacia el Este». Esta fórmula, que implicaba congelar la línea de avance de la Alianza, fue secundada por el canciller alemán Helmut Kohl. Sin embargo, esta garantía nunca se formalizó por escrito, y la administración de George H. W. Bush pronto endureció su postura, ofreciendo a cambio un simple «estatuto militar especial» para la Alemania del Este, una «sutileza estratégica» que vaciaba de contenido la promesa original.

A pesar de las claras evidencias documentales desclasificadas que demuestran la existencia de este compromiso verbal, los sucesivos gobiernos estadounidenses lo han negado sistemáticamente. Para Rusia, esta percepción de traición se consolidó con la primera gran expansión post-soviética en 1999 (Polonia, Hungría y República Checa) y se agravó con la incorporación de siete países exsocialistas, incluyendo las repúblicas bálticas, en 2004. Este avance implacable de la infraestructura militar de la OTAN hacia sus fronteras es, desde la perspectiva de Moscú, la raíz de las tensiones actuales y una histórica «oportunidad perdida» para una paz duradera en Europa.

El «Referéndum del Engaño» en España: Las Condiciones incumplidas en el ámbito interno de un país miembro, el caso español es paradigmático de cómo se puede «vender» la permanencia en la OTAN a una ciudadanía reticente. El referéndum del 12 de marzo de 1986, convocado por el gobierno de Felipe González (quien había hecho campaña con el lema «OTAN, de entrada no»), se ganó a pulso el sobrenombre de «referéndum del engaño» .

La pregunta, cuidadosamente redactada, incluyó tres condiciones atractivas para el electorado pacifista que, en la práctica, han sido sistemáticamente vulneradas:

Condición del Referéndum de 1986 Estado de Cumplimiento.

1. No incorporación a la estructura militar integrada. Incumplida en 1999 por el gobierno de José María Aznar .
2. Prohibición de instalar, almacenar o introducir armas nucleares. Comprometida en la práctica, ya que acuerdos con EE. UU. impiden inspeccionar buques y aeronaves que podrían portarlas .
3. Reducción progresiva de la presencia militar de EE.UU. en España. Incumplida. Las bases de Rota y Morón son hoy piezas clave de la estrategia de EE. UU. y la OTAN .

El giro del gobierno socialista, que llegó a amenazar con dimitir si ganaba el «No», se justificó entonces como una condición necesaria para la entrada en la Comunidad Económica Europea. Cuatro décadas después, el debate sobre la vigencia de aquellas condiciones ha resurgido con fuerza, especialmente tras la negativa del gobierno español a que las bases de Rota y Morón se utilicen para ataques en Irán, lo que ha provocado duras amenazas por parte del presidente Donald Trump. Para muchos, este episodio actual es la consecuencia lógica de un proceso fundado sobre promesas que nunca se cumplieron.

Existe un historial global de intervencionismo y dobles raseros, más allá de las fronteras de sus miembros, la crítica a la OTAN se centra en su historial de intervenciones militares, que contradicen su autodefinición como «alianza defensiva». Desde su fundación, críticos y analistas señalan que la alianza ha sido el principal instrumento de Estados Unidos para proyectar su poder y asegurar su hegemonía global, a menudo con consecuencias devastadoras para las poblaciones civiles.

A lo cual podemos incluir la larga lista de intervenciones militares, los bombardeos sobre la antigua Yugoslavia en 1999, la invasión de Afganistán y la guerra de Irak (esta última sin la aprobación de la ONU), así como la intervención en Libia en 2011. En todos estos casos, se utilizaron pretextos humanitarios o de lucha contra el terrorismo que, con el tiempo, se revelaron como una fachada para operaciones de cambio de régimen y control de recursos estratégicos . El resultado ha sido, en palabras de expertos, sumir a países como Irak y Libia «en el caos y la inestabilidad». El fracaso más reciente y humillante fue la caótica retirada de Afganistán, que para muchos observadores simboliza la decadencia y la falta de rumbo de la Alianza.

Este intervencionismo se produce, además, con un creciente secretismo y una alarmante falta de rendición de cuentas. La reciente escalada del gasto militar, impulsada por las presiones de la administración Trump para alcanzar el 5% del PIB, amenaza con transferir billones de dólares a la industria bélica sin los necesarios mecanismos de supervisión ciudadana, repitiendo los escándalos de corrupción vistos en Afganistán y Ucrania. Esta «remilitarización» se produce a costa de los servicios públicos y la ayuda internacional, agravando la inseguridad humana que dicen los países occidentales querer combatir.

Esto nos deja con muchisima razón un profundo legado de desconfianza setenta y siete años después de su fundación, la OTAN se enfrenta a una profunda crisis de identidad y confianza. El «gran engaño» no es una teoría conspirativa, sino una realidad palpable en tres dimensiones: una promesa de no expansión hecha a Rusia y luego rota, que siembra las semillas del conflicto actual; un referéndum manipulado en España que ató al país con condiciones nunca respetadas; y un historial de intervenciones globales que desmiente su carácter puramente defensivo y lo presenta como un actor agresor y desestabilizador.

Mientras los líderes de la Alianza celebran su fortaleza y debaten sobre su futuro transaccional bajo presión estadounidense , el legado de estas promesas incumplidas y acciones unilaterales sigue erosionando su credibilidad, tanto entre sus propios ciudadanos como en la escena internacional.


La pregunta de si la OTAN puede reinventarse sin enfrentar las verdaderas causas de la desconfianza que ha generado, sigue sin respuesta.

  • Periodismo Amplio e Incluyente, nace el 1 de mayo del 2015
    Criterio es un medio de comunicación digital que recoge, investiga, procesa, analiza, transmite información de actualidad y profundiza en los hechos que el poder pretende ocultar.

    Ver todas las entradas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Contenido a tu alcance

Periodismo de calidad en tus manos

Suscríbete y se parte de nuestro newsletter