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La Importancia de llamarse Suprema, una Corte

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Por: Rodolfo Pastor Fasquelle

A los maestros juristas que ilustran en PATRIA
Una semana antes de celebrarse las elecciones de 1992, un religioso pidió que se votara en mi contra, porque, según él, yo estaba a favor del aborto; no creo que tuviera razón. Solo es mi opinión, pero confieso que, en cuanto destrucción deliberada de un ser humano, por disposición de quien conscientemente le haya engendrado, sin importar el pretexto, opino que el aborto es abominable, análogo al parricidio, que reclama condena y castigo. A menos –claro- que fuera necesario para la sobrevivencia de la madre.

Y aunque señalarlo así supone una serie de determinaciones previas. ¿Qué es destrucción, en vez de prevención? ¿Acaso la concepción consciente no supone libertad y responsabilidad, que no se dan nunca en una violación o un incesto? ¿Quién, a partir de qué momento, es un ser humano? ¡Vaya pregunta!

Ante una circunstancia de esas, entonces, en una sociedad justa, una mujer debería tener el derecho de decidir sobre su cuerpo, y disponer de su embarazo, por lo menos antes de que el embrión evolucione en feto. Para prevenir el aborto clandestino, con que –además- mueren miles de fetos y mujeres, empujadas a quebrar la ley por la hipocresía que las criminaliza. Porque los fanáticos esgrimen argumentos metafísicos, patriarcales y clasistas, para enganchar a la familia ampliada, el estado y las iglesias, contra la mujer sola, en el dogma de que toda gestación es un ser en sí y tiene igual derecho. Por eso, hoy, Marta L. Alvarado C. lidereza de la derecha religiosa nacional, interpreta la decisión de la Corte Suprema de EU de anular ese derecho como un triunfo personal suyo.

Esa Corte, con mayoría de magistrados conservadores nombrados por Trump, para complacer a la derecha fundamentalista, acaba de allanar como ilegal, el fallo -vigente desde hace 50 años- que les daba a las americanas un derecho al aborto condicionado. Abortar a causa de un embarazo que pone en riesgo su vida, abortar el engendro de una violación o un incesto, y el embrión no-viable.

Suena extraño pero es así. Hoy, ésta Corte falló que la sentencia de la Corte en 1973 fue inconstitucional, y es nula. Con lo cual, las mujeres quedan despojadas del derecho que les daba el fallo de Roe v Wade. Sujetas a la persecución en cualquiera de los estados que prohíban el aborto -como hizo una veintena de los más conservadores inmediatamente- así sea a partir de la fecundación. So, las neoyorquinas y californianas tendrán derechos a los que no deben aspirar las tejanas y otra mitad de americanas ¿pues que no son iguales entre ellas, ni sus fetos?

Aunque un poco al revés, es algo así como cuando, aquí, la Corte Suprema determinó en 2017 que la Constitución redactada por La Asamblea Soberana en 1982 ¿era inconstitucional? Porque le negaba derechos ciudadanos a quien fuera electo presidente. Al revés porque, en vez de innovar un derecho novel, este fallo de la Corte de E.U.A desconoce el derecho que la ley ya concedía. Patético.

Al historiador no lo sorprende la involución ni el retroceso. Uno sabe que las cosas son relativas en el tiempo, y que no hay garantía de que lo que fue ayer verdad o respetable, no digamos legal, lo siga siendo mañana. Nunca fue así. Pero la paradoja lo pilla a uno inadvertido. Y para quienes creen que la moral es absoluta, a saber, las costumbres o eternos los valores, como declama la derecha religiosa, ¿no debería ser un sin sentido o una ofensa, esa veleidad judicial? Es una hipocresía dice la Honorable Nancy Pelossi. El escándalo es mayúsculo, sacude a E.U.A entre la euforia y la desesperación. Dispútanlo los afectados. ¿Vendrán después mas decisiones contra derechos de las minorías, incluso raciales, otras más contra los inmigrantes? La bandera de los derechos de las mujeres ha estado secularmente identificada con la lucha democrática, como la de la lucha contra la discriminación.

Pero no me voy a pronunciar sobre el fondo. (Nada más faltaba que un provinciano del patio trasero sin green card, se pusiera a debatir con Alito y la altísima Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos de América, cuyos magistrados vitalicios son –arguably- los hombres y mujeres más poderosos de ese país. Porque, aunque producto de un sistema político, también son totalmente independientes en su accionar. Nadie los puede tocar, ni siquiera el soberano pueblo, cuyos representantes en los poderes los proponen y confirman). Pero el origen político de la disputa legal ilumina el dilema que, en Honduras es otro. ¿Cómo elegir una Corte Suprema en la que podamos confiar, reconociendo el alcance que tiene la cuestión y la incidencia política ineludible? Exigiendo ética e idoneidad y, a la vez, respeto al pueblo y al derecho de gentes.

Imperioso entender la importancia crucial que tienen las instituciones judiciales en una sociedad democrática y, en particular, en un sistema republicano, la que tiene una Corte Suprema. La ciudadanía tiene que tomar conciencia del tema y su delicadeza. Las fallas históricas recientes del sistema político hondureño, se produjeron en la Corte Suprema.

En 2009, La Corte de Avilez (de CFF) que eximió a los militares de toda responsabilidad, girándoles -aún sí a posteriori- la orden predatada que los justificaba, y en 2017, La Corte de Argueta (de JOH) que, luego del rapto, habilitó el continuismo dictatorial y refrendó su coalición con el Partido Liberal. Diez años la Corte ha disculpado crímenes de lesa humanidad. Hasta hoy, los banqueos eligen la Corte, valiéndose de los políticos. AF.

Para adelantar su proyecto de cambio, de reforma social, de ordenamiento territorial, de combate a la corrupción, la Alianza –y no solo LIBRE- está en la disyuntiva de ser o no ser. ¿Somos un proyecto democrático o solo un progresismo declarativo, inoperante, testimonial, dice un burlón? ¿Haremos o no la diferencia? El cambio profundo ocupa la sanción de la Corte Suprema. Si se elige una Corte en contra, quedamos en jaque, sin salida.

Se nos presentan diversas propuestas de reforma, del PSH y otra del gobierno central. Así como la determinación férrea de la clase dominante de conservar su control, desistiendo de reformar nada y, de otro lado, una ansia ciudadana de cambio profundo, pero dispersa, a ratos, ilusa y descriteriada, que se estanca en el piadoso argumento normativo del deber ser, sin cabal conciencia de los obstáculos.

Al igual que en Estados Unidos y Occidente en general, aquí las nominaciones y confirmaciones para las magistraturas de la Corte Suprema son políticas, dependen de la clase política, se dan en función del sistema político, de sus intereses y de sus titiriteros. (Para sacar a los políticos del juego tendríamos que revolucionar el sistema de gobierno, lo cual mucha gente teme, de modo que, a juicio de entendidos, no hay condiciones,. Aunque pudieran evolucionar esas condiciones, justo por esta disyuntiva. Cada día se vuelve a escuchar más de esa Constituyente que tanto asusta al estatus quo, al COHEP.) ¿Corte o Constituyente? ¿A quién le importa? ¿Estamos solos?
El Carmen, 26 de junio, 2022

[1] La biología dice que la unión del espermatozoide y el óvulo detona una reproducción de células, que, a partir de la séptima semana, deja de ser lo que la ciencia llama un embrión y se convierte en un feto. A partir de ese momento se gestan los órganos de la sensibilidad y la voluntad, un núcleo de corazón y un cerebro que emiten señales. A las 16 semanas el feto manifiesta algunas emociones parecidas a la de un recién nacido. Otro criterio argumenta que el feto puede sentir dolor después de 20 semanas de gestación, y aun otro criminaliza el aborto de un feto que pudiera vivir fuera del vientre a las 24 horas. Todos son argumentos de razón, debatibles. Pero no debería ser difícil comprender que un embrión no es un ser humano. ¿Que un feto es un ser en potencia a partir del momento en que tiene vida propia?

[2] Los magistrados de la minoría, aunque con una mayoría de mujeres publicaron una Opinión Disidente, en que se dicen apenados por la Corte, pero más por los muchos millones de mujeres que acaban de perder un derecho.

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