La falta de una política pública clara sobre educación sexual integral en Honduras, atravesada por tabúes, desinformación y la influencia de sectores conservadores, mantiene a niñas, niños y adolescentes expuestos a embarazos tempranos, violencia sexual e infecciones de transmisión sexual, sin que existan estrategias preventivas sostenidas y de alcance nacional.
Por: Doris Sánchez
Tegucigalpa— La educación sexual integral cumple un papel fundamental en la prevención de embarazos en niñas y adolescentes, una situación que continúa afectando a miles de familias en Honduras.
Cuando la información es incompleta o poco clara, muchos jóvenes enfrentan decisiones donde no cuentan con las herramientas necesarias y se exponen a riesgos que podrían prevenirse mediante los programas educativos bien estructurados.
Sin embargo, persisten tabúes arraigados, como la creencia que hablar de sexualidad incentiva conductas sexuales tempranas, a pesar que la evidencia señala lo contrario. A esta realidad se suman la desinformación, los mitos sobre el cuerpo y la reproducción, así como el silencio que aún predomina en hogares y centros educativos, factores que dificultan una comunicación abierta, responsable y basada en conocimiento.
El gobierno conservador de Nasry Asfura, ha dejado la educación sexual integral fuera de su agenda de prioridades, concentrándose en otras iniciativas relacionadas con la enseñanza. Hasta ahora, no se conocen decisiones públicas ni acciones concretas que muestren un respaldo institucional constante, esto dificulta llevar adelante estrategias preventivas de alcance nacional.

Lara Bohórquez, del Programa de Investigación y Comunicación Feminista del Centro fe Derechos de Mujeres (CDM), dijo que, la falta de información adecuada impide que niñas, niños y adolescentes puedan tomar decisiones informadas sobre sexualidad. Contar con educación sexual integral implica conocer “conceptos claves como el consentimiento, la autonomía personal y los procesos biológicos de la reproducción” siendo estos elementos fundamentales para que los jóvenes puedan entender su cuerpo, sus derechos y tomar decisiones responsables respecto a su vida sexual.
Asimismo, señaló que, gran parte de la resistencia a la educación sexual integral en Honduras proviene de la forma en que se ha abordado tradicionalmente este tema.
La educación sobre sexualidad ha sido históricamente limitada, y como resultado, muchos adultos mantienen ideas tabúes al respecto. A esto se suma la fuerte influencia de sectores religiosos conservadores, que tienden a ver la sexualidad de manera negativa y a asociarla con “conductas incorrectas, o peligrosas”. Con esos discursos públicos que buscan desalentar la enseñanza de educación sexual, argumentando que hablar del tema podría inducir a los niños y adolescentes a mantener relaciones sexuales a edades tempranas.
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EDUCACIÓN SEXUAL AUSENTE: NIÑEZ Y ADOLESCENCIA EN RIESGO
La educación sexual brinda a niñas y niños herramientas para conocer situaciones de violencia sexual desde sus primeras manifestaciones, el acoso a las agresiones, se les informa sobre los mecanismos disponibles para buscar ayuda, denunciar los hechos y acudir a personas o instituciones de confianza.

La feminista Ana Lucía Pérez Armijo dijo que, la restricción del acceso a la educación sexual implica la vulneración simultánea de múltiples derechos humanos, ya que estos son vinculados entre sí y no pueden garantizarse de forma aislada.
Cuestionó que, pese a que el gobierno actual ha manifestado su intención de adoptar decisiones basadas en evidencia, organizaciones y especialistas señalan que dicha premisa no se ha reflejado en políticas efectivas sobre educación sexual, laicidad y derechos sexuales y reproductivos. Una verdadera aplicación de enfoques basados en evidencia implicaría cumplir con los compromisos internacionales en derechos humanos, garantizando educación de calidad, igualdad de género, prevención de las ITS y acceso integral al derecho a la salud.
Esta realidad profundiza la vulnerabilidad social de la población hondureña, mayoritariamente joven, y evidencia la necesidad de evaluar el impacto real de las políticas públicas en materia de salud sexual y reproductiva. Si bien se han registrado algunos avances, como la aprobación de la anticoncepción de emergencia, estos resultan insuficientes frente a los persistentes niveles de violencia sexual y embarazo adolescente.
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Mientras Cristina Alvarado de la Organización Visitacion Padilla dice que la educación sexual integral no solo cumple un papel clave en la prevención de la violencia sexual, sino que también brinda a niños, niñas y adolescentes las herramientas necesarias para conocer su cuerpo y tomar decisiones informadas y responsables.
Alvarado dijo que la violencia sexual “no es un fenómeno aislado ni limitado a un solo ámbito, sino que se produce tanto en espacios públicos como privados”, y de acuerdo a requerimientos fiscales presentados ante el Ministerio Publico en años anteriores, una gran mayoría de los agresores alrededor del 75% mantiene vínculos afectivos, familiares o de cercanía con las víctimas. Asimismo, dijo que, más del 83% de las denuncias son niñas que están siendo víctimas de agresiones sexuales.

Acompañar a las familias resulta clave, especialmente porque muchas de ellas no cuentan con acceso a información adecuada. Padres y madres crecieron sin educación sexual y, en la actualidad, enfrentan serias dificultades para construir canales de comunicación que les permitan proteger a niños y niñas. Esta falta de herramientas se vuelve aún más preocupante si se considera que, según datos del Ministerio Público, una parte importante de las expresiones de la violencia machista ocurre dentro del propio entorno familiar.
En contexto, la ausencia de una educación sexual integral en Honduras evidencia una deuda profunda con la niñez y la adolescencia. La falta de políticas publicas basadas en evidencia científica y en derechos humanos perpetua el silencio, los mitos y la desinformación, incrementando la exposición a la violencia sexual, los embarazos tempranos y las infecciones de transmisión sexual.





