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La danza macabra y el suicido colectivo

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Por: Rodolfo Pastor Fasquelle

     (para los menos perezosos y contra energúmenos)

Un poeta de repente haría un mejor trabajo y urge, pero los poetas andan de goma y quizás enamorados. De modo que tendrán que conformarse con mi prosa. La contemplación de la enfermedad y la muerte como inevitabilidad natural podía conducir antaño a la sabiduría (es lo que ocurre en la historia del príncipe Siddartha), al rechazo del pecado que se dice que causa la muerte, o de las desigualdades -que se alega- que supera. Con una moraleja sobre la igualdad final a la que, aunque no fuera nunca igualitario, nos someten el féretro y sus gusanitos.

En parte, por ser obviamente contagiosa e incontinente, la epidemia -en cambio- luce antinatural y, en vez de destilar sabiduría, puede ¿precipitar demencia? La peste mortífera fue percibida sin duda de modo muy distinto en la Era de la Fe, cuando –además- cabía la querella contra el numen tutor, el reclamo por el agravio del desamparo.[1] Pero aun entonces, la ansiedad acumulada como consecuencia… detona una burla y una carcajada que la retan.  Cabe tomar una precaución, puesto que esa amenaza erosiona toda fe y los presupuestos mismos de la sana convivencia. Puede catalizar a la locura y el desenfreno, muchas veces manipuladas para fines ajenos. Que a eso equivalen esas quimeras, a ofuscamientos colectivos, aparentes productos de la angustia que genera el desasosiego entronizado. (¿Quien sinceramente no tiene miedo, salvo incauto temerario?)

Creo antes haberlo tocado -y sus relaciones con lo que estamos viviendo- pero, siendo tan profundo, el tema parece inagotable. Solo me aproximo con rodeos, recuerdos sueltos, instantes análogos.   

Los cronistas de la baja edad media y después varios historiadores desde casi inmemorial tiempo observan las manifestaciones irracionales que se gestan en las grandes epidemias. Se han escrito libros sobre el dance macabre, [2] producción artística compulsiva de la vieja Europa y ensayos sobre su significado.

Conozco también una versión de danza macabra precolombina, por supuesto diversa, una elaborada descripción de ritos de culto al misterioso numen Tezcatlipoca, danza que el mismo dios conducía, tocando música y bailando a la cima de un abismo, desde donde se complacía en contemplar como se despeñaban sus cultores, ensimismados en el ritmo.

Aquí, la mas pertinente de las interpretaciones históricas irracionales de la peste es la del noble milenarismo franciscano redivivo en el s. XVI. Cuando la viruela y sarampión exterminaban a los nativos que recién habían convertido al cristianismo, después de la conquista. Porque ¿Qué podía querer decir, se preguntaban angustiados aquellos santos místicos predicadores, esa gran mortandad? ¿Qué significaba que se extinguieran frente a ellos sus conversos, a quienes acababan de prometer la gracia y el favor divino? Y solamente podían concluir y predicaron que era una señal del final de los tiempos. De la Parusia, segundo advenimiento del Cristo, ya como juez ultimo de la historia, luego que el evangelio había alcanzado, como él ordenara mil quinientos años atrás, hasta los confines del globo.

Hoy día, los sociólogos han explorado la extraña sicología de la peste, que puede dice Phillip Strong potencialmente generar una versión medica de la pesadilla Hobbesiana, de la guerra de todos contra todos, Epidemic Psychology, a model[3]. Un brote mayor de una nueva epidemia fatal –resume- puede fácilmente transformarse en la irrupción de una epidemia de miedo, sospechas y estigmas, así como en una imprevista controversia moral colectiva, pasional. ¿Del tipo que conducía a la caza de brujas?

¿Podría también exacerbar un episodio de xenofobia o una histeria ideológica? Strong sugiere que esa epidemia de miedo ¿incluso negado? puede conducir a un fenómeno de suicidio colectivo. ¿El Holocausto y la Segunda Guerra pudieron ser una danza macabra de reacción a la espantosa crisis de entre guerras que comenzó con la Gripa Española y terminó con la Gran Depresión? Al presente la crisis de contagio masivo por la negativa a entender el Covid ¿es una nueva danza macabra posmoderna, un nuevo suicidio colectivo? Digo en son de aviso.

Ha quedado claro en los primeros meses del Covid 19 que el acceso a los medios de comunicación masiva electrónica no puede garantizar contra o prevenir esa degradación de la psyche. Justo en esos medios hoy masivamente se reproducen mil disparates incluida la loca especie de que el Covid es un anuncio del final de los tiempos. ¿Otra vez? Demostrado con evidencia verosímil, si falta de toda coherencia o rigor racional, como tanto periodismo.

En EUA, surgieron nuevas teorías, inventos seudo explicativos, al tiempo que se reactivaron viejas paranoias e instrumentalizaron teorías conspiratorias que estaban a mano, aunque carecían de referencia o congruencia. Aquí en Honduras Qanon no pega aún. (No se que habrá circulado en aldeas y barrios como explicación alternativa, porque -en la pandemia peor que antes- habito la burbuja aislada de mi torre que ya no es de marfil, porque eso ya es antiecológico. Pero consta que abundaron los impostores y aquí también cundió la negación, que es la primera quimera del Covid, la irracionalidad supina que inhibe la precaución y dispara los contagios….

Hasta aquí en las redes, incluso en círculos (chats) supuestamente ilustrados, de amigos en su mayoría profesionistas y uno que otro incauto medico, llegó -para mi profunda irritación- a susurrarse el rumor de que la peste era invento o confección de Bill Gates o de George Soros, una nueva arma biológica, gestada en laboratorio ya fuera chino o aliado, que se había escapado por error o, según el bando, diseminado deliberadamente, para el inicio solapado de una guerra biológica o para disminuir a la población betta, mejor si de color, del planeta, amenazado (nadie lo duda) por la sobrepoblación.

He repetido que, también los paranoicos tienen enemigos verdaderos, si menos feroces de lo que imaginan. Yo también y no vengo a defender a B. Gates. Pero tanto en EUA como en América Latina, la promiscuidad de millones de personas en las playas, calles del comercio, en manifestaciones, fiestas populares y palaciegas de salones elegantes, condujo a miles de muertes innecesarías, provocadas si Ud. quiere, y si no también. ¡En las histéricas fiestas fúnebres de Maradona! Porque con el móvil que fuera, con o sin pasión ciega, la gente hacia lo que sabia que no debía o dejaba de hacer lo que sabia que necesitaba para prevenir el contagio letal, igual que los danzantes del medievo y los de Tezcatlipoca.

Entender la peste como ocasión para abrazar el amor a la muerte el tanatos, armándose, desplegando el hybris del invulnerable y la repulsa de o indiferencia frente a la suerte de los demás no es inevitable. Hasta nuestros días, esa reacción siempre tuvo otra opción, o lado, otra posibilidad de entendimiento.

En abril el Papa Francisco nos conminó a entender que solo unidos y cuidando a los demás podemos superar la epidemia y en mayo, el Dalai Lama llamó a la humanidad a tenderse la mano solidaria frente la pandemia. Aquí recién vimos como, pese a la ineficacia del gobierno, sin exhortación trascendente, en medio de las tormentas, en forma espontánea se desprendió la solidaridad, la mutua ayuda entre vecinos y aun del curioso casual que tantas vidas salvó. Y esa es la única reacción cuerda y positiva para la sobrevivencia. Cuidar al prójimo y cuidarnos, dándole la espalda a las ficciones oficiales y a las teorías conspiratorias, puesto que son pérdida de tiempo y esfuerzo y pueden llegar a ser alucinaciones peligrosas.

[1] Algo muy socorrido en la magia simpatetica, recuerdo aquel san isidro debió ser, al que los campesinos tradicionales de una aldea ¿maya? habrían puesto de cabeza (a saber, patas arriba) no estoy seguro si para finalmente convencerlo o para castigarlo por no haber respondido a las suplicas de agua lluvia para los cultivos. ¿Y entonces para que te tenemos San Isidro o…?

[2] Danza a veces atribuida al mismo Diablo, pero moralizante en que las calaveras de papas y reyes convocan a los vivos a la democracia final de la sepultura… Vease L.P. Kurtz the dance of death and the macabre spirit in European literature, Columbia University, 1934. Y Andrei Sapsuev, Scientific Views of the «Dance Macabre» in Treatises of the First Half of the XIX Century, en los Proceedings of the 2nd International Conference on Art Studies: Science, Experience, Education (ICASSEE 2018), autor ruso que estudia la reanimacion  -luego de una latencia bicentenaria- del interes en el tema tanatologico en estudiosos franceses (Peignot y Duce) del s. XIX, en tiempos ya del colera.

[3]Philip Strong, Epidemic Psychology, a model en Sociology of Health and Illness, vol 12 de septiembre de 1990 y online desde 2008

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