Por: Filiberto Guevara Juárez.
Etimológicamente, democracia significa poder del pueblo y, lógicamente, partidocracia significaría poder del partido político. Es bueno que se sepa que la actual Ley Electoral privilegia el poder de los partidos políticos sobre el poder del pueblo, al grado tal que, ante la renuncia voluntaria de un diputado electo por el pueblo, cualquier partido político puede sustituir la voluntad del pueblo por la voluntad de la cúpula de un partido político. ¡Absurdo! Es muy probable que solo en Honduras se dé tal absurdo político.
Lo lógico es que, ante el fallecimiento o discapacidad física o mental de un diputado electo, éste sea sustituido por su diputado suplente, también electo por el pueblo, que es el único soberano político según el artículo 2 de nuestra Constitución Política, la cual reza taxativa o expresamente lo siguiente:
“La soberanía corresponde al pueblo, del cual emanan todos los Poderes del Estado que se ejercen por representación.
La suplantación de la soberanía popular y la usurpación de los poderes constituidos se tipifican como delitos de traición a la patria. La responsabilidad en estos casos es imprescriptible y podrá ser deducida de oficio o a petición de cualquier ciudadano”.
El irrespeto abusivo hacia el pueblo hondureño por parte de las cúpulas de los partidos políticos es tal que, en la reciente elección general del 30 de noviembre de 2025, en forma cínica esas cúpulas políticas admiten que, para ganar una elección, cada partido político debe tener representantes en las Juntas Receptoras de Votos (JRV), para que “defiendan los votos a favor de sus partidos políticos”, admitiendo tácita o implícitamente que en Honduras las elecciones generales son un claro ejercicio de fraude y antifraude electoral.
Así lo admitió expresamente la vocera del Partido Nacional, María Antonieta Mejía recientemente en un foro televisivo, al haber expresado que su partido político tuvo representantes en todas las JRV, y que el Partido Liberal no tuvo todos los representantes en dichas JRV, y que por eso perdió las elecciones, como si la voluntad del pueblo hondureño les valiera » chancleta vieja».¡Dá rabia escuchar decir eso, a alguien que como ella aspira a ser Designada presidencial de Honduras. Eso deja entrever que ellos ganaron con fraude electoral, al no dejarse hacer fraude electoral en esa lucha fraude–antifraude electoral..Es por eso,que quizá no han querido hacer reformas electorales necesarias como la ciudadanización de JRV y despartidización del CNE y el TJE
En dicho sentido, se sospecha que el Partido Nacional ganó porque en departamentos como Lempira e Intibucá, ubicados geográficamente en el lejano occidente de Honduras, donde no llegan observadores nacionales y mucho menos internacionales a observar qué sucede electoralmente en esos departamentos, de donde salen los famosos “votos rurales inflados en urnas”, donde curiosamente, solo en el casi despoblado departamento de Lempira, el Partido Nacional sacó una ventaja de aproximadamente 50 mil votos sobre su contendiente inmediato, el Partido Liberal, que pierde la elección por 27 mil votos de diferencia, según datos oficiales dados a conocer por el Consejo Nacional Electoral (CNE), y ni siquiera se terminaron de contar todos los votos en el “bendito escrutinio especial”, además de que hicieron caso omiso al reclamo justo del Partido Liberal de revisar como 8 mil urnas, en cuyas actas correspondientes se detectaron obvias inconsistencias, además de la alta sospecha de fraude tecnológico. Curiosamente, en el departamento de Lempira votaron entre el 70 % y 80 % de las personas, mientras que en el resto del territorio nacional no se llegó ni al 60 % de afluencia de votantes en las urnas.
Ahora, algunos periodistas acomodados al sistema de corrupción e impunidad electoral en nuestro país exclaman: “¡Todo está consumado! ¡Qué barbaridad! ¡Qué falta de conciencia patria!”. No todo está consumado porque la Fiscalía General de la República,a través de la Unidad contra delitos electorales le está solicitando información al CNE sobre las impugnaciones a actas electorales, y fallas técnicas en el sistema de Transmisión de Resultados Electorales Preliminares ( TREP), y además,solicitó por escrito formalmente al Tribunal de Justicia Electoral ( TJE) ,que actúe ante la manifiesta incompetencia del CNE de haber hecho una declaratoria oficial de ganadores sin toda la certeza que gran parte del pueblo hondureño está exigiendo.
Y, debido a que todo está en franco litigio aún, ante un probable recurso de amparo ante la Corte Suprema de Justicia con suspensión del acto reclamado , por la parte afectada. Entonces, la Corte Suprema de Justicia hasta podría declarar nulas las elecciones generales en cuestión ,debido a los muchos vicios de nulidad que se han detectado por los candidatos reclamantes del Partido Liberal, a través de sus representantes legales ,tal como la abogada Karla Romero .
Es bueno y sano que nuestra nación hondureña sepa que el artículo 2 de nuestra Constitución Política le concede al pueblo hondureño la facultad de “Poder Constituido” al momento de ejercer el sufragio para delegar poder en un futuro presidente de la República, alcaldes municipales y diputados del Congreso Nacional de la República, quienes, a su vez, en elección de segundo grado, eligen a quienes dirigen instituciones como el CNE, que irrespetan flagrantemente al pueblo hondureño al declarar ganadores a candidatos a cargos de elección popular sin haberse contado transparentemente la totalidad de los votos, y por cierto, mal contados y con alta sospecha de haberse alterado la voluntad del electorado hondureño por parte de algunos miembros inescrupulosos de las JRV, que fueron a hacerle el “trabajo sucio” a las cúpulas corruptas de los partidos políticos mayoritarios en nuestro país.
Así que, en las recientes elecciones generales, hubo un horroroso fraude electoral, avalado traicioneramente por el Consejo Nacional Electoral y el Tribunal de Justicia Electoral, debido a que en Honduras no hay democracia, sino una perversa partidocracia, que suplanta la voluntad del único soberano político, que es y debe ser el pueblo hondureño.
San Pedro Sula, Honduras, C. A., 7 de enero de 2026.





