Selva arriba
Fotografías y redacción de Horacio Lorca
Tegucigalpa- “A la velocidad con que se está destruyendo la Biosfera del Río Plátano, en 10 años no vamos a tener nada”, fueron las palabras de Lester Woods, uno de los principales defensores de la Selva Misquita, ubicada en el departamento de Gracias a Dios, al nororiente de Honduras. Esta reserva natural fue nombrada Patrimonio de la Humanidad en 1981 por la UNESCO. Hace unas décadas esta selva era casi virgen, pero eso está cambiando con demasiada rapidez. Los misquitos, garífunas, pech y tawakas son los pueblos indígenas originarios que han habitado desde siempre la selva, viviendo en armonía y perfecto equilibrio.
No es esa sana coexistencia entre los indígenas y la naturaleza lo que está aniquilando aceleradamente el hábitat, sino la ocupación de la tierra selvática en manos de terceros (personas foráneas de otros departamentos), quienes han llegado a la zona a acaparar las tierras y están haciendo estragos con la flora y la fauna. Usan la tierra para monocultivos y cría de ganado vacuno.
“Ellos dicen que quieren ver el terreno como si fuera una mesa de billar”, expreso Woods, que también apuntó que la seguridad alimentaria de los misquitos está en riesgo porque se les arrebata los espacios donde siembran.
La presidenta Xiomara Castro, creó en 2022, los Batallones Verdes, esta estructura militar ha tenido presencia en la región, pero no se ha visto un cambio significativo, porque los ganaderos y madereros siguen adentrándose a lo más frondoso de la selva, provocando daños ambientales y arrebatando la vida de quienes se opongan a su nocivo proyecto invasor.
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