El rol de la desigualdad social en tiempos de covid-19

 

 Por: Jeison David Mencía/Columnista invitado

La pobreza es una problemática relacionada inminentemente con la carencia, que afecta el nivel de vida de las personas, las familias y las sociedades, por encontrarse éste por debajo de los estándares que rigen en un momento y lugar determinado, poniéndolas en una situación desventajosa. (Boltvinik, 1994). Esta situación desventajosa recibe el nombre de desigualdad social.

En Honduras, la desigualdad es percibida día tras día por miles de personas que se ven afectadas principalmente por las brechas salariales existentes entre los más ricos y los pobres. Estos últimos, ven el pasar de sus años desde una posición poco privilegiada. Pero ¿cómo nace esta brecha?

Generalmente la percepción de ingresos de los ciudadanos proviene en gran mayoría de mercados de producción imperfectos y que no son eficientes, traduciéndose en una enorme brecha en la distribución de ingresos y riqueza entre quienes tienen la propiedad de los ya mencionados medios de producción y los que a duras penas puedan conseguir un empleo con el cual logren sobrevivir.

En la mayoría de los casos,  la pobreza está ligada directamente con la desigualdad social, (OXFAM, s.f.) menciona que; de no reducirse la desigualdad ahora, será imposible acabar con la pobreza extrema. Y como es de conocimiento popular Honduras es uno de los países de la región con un mayor nivel de pobreza.

La siguiente gráfica muestra que para 2017 Honduras se posicionó como el segundo país de Latinoamérica con una mayor línea de pobreza extrema simplemente por detrás de México.

Ilustración 1-Fuente: (Banco Mundial, 2017). Nota: Brasil no posee una línea oficial

Otro indicador que nos permite asimilar la severidad de este problema es la brecha de pobreza, la cual refleja que tan pobres son los pobres y, por tanto, proporciona una idea de la profundidad de carencias de ingreso y consumo que sobrellevan las personas en esta situación.

Es decir, representa el déficit promedio de ingreso de la población total para satisfacer las necesidades mínimas de bienes y servicios de todos quienes lo integran. De acuerdo con resultados del (INE) a junio de 2019 la brecha de pobreza a nivel nacional ascendía a un 49.8% (de la cual corresponde un 42.6% al área urbana y 57.1% al área rural) lo cual denota un panorama de la realidad que viven millones de personas en el país, incrementándose la desigualdad en gran medida.

Aunado a este problema de naturaleza económica se presentan fenómenos sociales como el nepotismo y la corrupción, que privan de oportunidades a los menos afortunados, limitando las posibilidades de progreso de las personas que se encuentran fuera de esta oligarquía.

(Casas Zamora & Carter, 2017) mencionan en su investigación sobre corrupción en América Latina que, algunos de los patrones sobre la corrupción en la región (tomando como base a Brasil, Chile, Guatemala, México, Panamá y Honduras) es la práctica de contratación pública sin méritos, la evasión fiscal, esquemas ilícitos de financiación de campañas o una combinación de todos.

El primer patrón de corrupción mencionado es lo que comúnmente se conoce como nepotismo, básicamente un trato especial con familiares y amigos a quienes se les otorgan cargos públicos para los que no se encuentran profesionalmente preparados; uno de los mayores problemas en la administración gubernamental de Honduras y que se deriva en una mala formulación y aplicación de políticas públicas que agrava la situación de desigualdad que alberga la nación hondureña.

La Desigualdad y el COVID-19

Una vez materializado un escenario de la actual desigualdad social que damnifica a Honduras (escenario que como se vio en base a indicadores económicos es preocupante), añadan los efectos de una crisis sanitaria como la sufrida actualmente por el virus del COVID-19.

Si se tiene en cuenta que el acceso a atención médica privada por la población denominada “pobre” (59.3% en 2019 a nivel nacional según el (INE)) es básicamente nulo, y el presupuesto público destinado en materia de salud generalmente ronda en un 6% anualmente (5.6% para 2020 como fue publicado en (La Gaceta) ) significa que casi el 60% de la nación se encuentra vulnerable y no posee los recursos necesarios para poder combatir el virus.

Dicho de otra forma, de cada 10 hondureños solamente 4 se encuentran, al menos, preparados en materia de ingresos para poder afrontar la pandemia de manera independiente. Datos que resaltan una vez más, la forma poco equitativa en la que se sobrevive a la crisis por el COVID-19 en Honduras en 2020.

Por otra parte, durante la crisis sanitaria se ha hecho énfasis en la asistencia médica que brinda el IHSS como fondo de seguridad social, pero si se analiza desde una perspectiva más detallada, se entenderá que inclusive este seguro social es desigual; ya que para poder estar afiliado no solamente se debe contar con un empleo si no que este empleo debe formar parte del sector formal y si se tiene en cuenta que aproximadamente el 60% del mercado laboral en Honduras es informal según (Banco Mundial, 2020) del cual forman en gran parte los pobres, se añade otro punto más a la desigualdad sufrida por gran parte de la población hondureña y que proyecta un panorama cuestionable de este fenómeno socioeconómico que ha conmocionado al país a lo largo de su historia.

Estudiado desde otro punto de vista, generalmente la pobreza se ve incrementada a medida que el desempleo se ve en ascenso. Debido a la crisis sanitaria para abril del presente año, 41% de las empresas indican que la cantidad de meses que pueden soportar la crisis es de no más de 1 a 3 meses. (IIES, 2020) Lo cual se ha visto reflejado en un aumento en el nivel de despidos y la rescisión de contratos de muchos empleados a nivel nacional. Y que, como el sector informal del mercado laboral es severamente afectado por las medidas de restricción de movilidad por la cuarentena de prevención, es posible entonces, aseverar que por el aumento de la tasa de desempleo es muy probable que la brecha de pobreza se verá incrementada aún más en 2020 por los efectos de la crisis por coronavirus.

Ante esto, es imprescindible en primer lugar concientizar a la población acerca del tema, nutrir a sus habitantes de información sobre este fenómeno y promocionar su abatimiento.

Luego, es evidente la necesidad de la implementación de proyectos de inversión y desarrollo que permitan garantizar la protección de los civiles en emergencias humanitarias, mejorando el acceso a recursos públicos básicos, fomentando el cuidado del ambiente, erradicando el nepotismo y principalmente la generación de un sistema económico por parte del ente gubernamental que permita la reducción de las brechas salariales existentes en la sociedad hondureña, así, la posición desventajosa para combatir calamidades sociales (como la actual pandemia) en la que se encuentra gran parte de la población de Honduras, será cada vez menor.

La desigualdad social es un problema estructural que no puede seguir formando parte de la cotidianidad nacional. Ya que, como una vez dijo (Roosevelt, 1937) “La prueba de nuestro progreso no está en si añadimos más a la abundancia de quienes tiene mucho, está en si proporcionamos lo suficiente a quienes tienen demasiado poco”.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.