El efecto Torres

Por: Moisés Ulloa

Norma Judith Torres ha hecho honor de su sangre centroamericana, específicamente de la lucha de los hermanos guatemaltecos y en un efecto dominó, ha incluido en su enmienda a los países de El Salvador y nuestra Honduras.

Con un látigo enorme, esta valiente mujer ha logrado que de manera unánime se le ordene al departamento de defensa de los EEUU la elaboración de una lista de los personajes políticos considerados corruptos de nuestros países, tanto los que han sido tocados con el dinero del narcotráfico, pero al igual aquellos que han utilizados fondos para sus campañas y las de otros, producto de actos ilícitos o de fondos públicos obtenidos inapropiadamente.

Con esto, los Estados Unidos mandan un mensaje claro y contundente, que la corrupción y por ende los corruptos, representan un eminente peligro no solamente para nuestra región, sino también, para la propia unión americana. Este momento, marca una tolerancia cero para este tipo de actividades que en el pasado reciente no eran del interés directo del imperio.

Y es que la corrupción ha sido tolerada, permitida y aplaudida por muchos. Pocos la han considerado como delito, sino más bien como una forma normal en la vida pública y política de aquellos que en un momento determinado, han gozado de las mieles del poder. Ante nuestros ojos personas que ayer no tenían nada, se han convertido en magnates, gozando de los beneficios materiales más allá de la capacidad que un sueldo de funcionario público les pudiera brindar. El despilfarro del dinero ajeno ha convertido a miles de funcionarios y exfuncionarios en millonarios de la noche a la mañana; empresarios hoy reconocidos como grandes señores, han sido los cómplices de esta tómbola que saca el boleto ganador de la lotería llamada política.

Esta tolerancia, también recae en el pueblo, que no comprendía el término un tanto abstracto de lo que la corrupción implica, la consideraban alejada de ellos, que no era parte de la afectación diaria: “Es que la corrupción siempre ha existido”, “Es que la corrupción no me afecta a mí”. “Es que todos cometen actos de corrupción”, “Solo un tonto no roba en el gobierno”, “Hay que aprovechar que cuatro años se van rápido”, “Es que no pasará nada”. Así el circo político se engordaba en un baño de prostitutas en las que unos a otros se lavan sus espaldas, llegando a tal grado, que se ha convertido en una verdadera orgía de borrachos del dinero, del poder y del blindaje de la impunidad.

Los corruptos se han convertido en un enorme partido político de todos los colores que se auto protege, que legisla leyes personales y que drena los fondos públicos en una verdadera piñata. De esta fiesta no ha existido dinero sagrado, han lapidado sistemáticamente los fondos de donaciones humanitarias, de construcción de infraestructura, de salud, de educación, de seguridad, de pensiones sociales y de gremios. Nada se les ha escapado de sus manos sucias y peludas ante su robo descarado.

Esta desvergüenza ha logrado comprar todo tipo de voluntades, en una rueda que “beneficia” a muchos, pues entre más caigan a la red y sean parte de este club, más oportunidades tienen que acá todo pase, sin que nada pase.

La desfachatez en el robo de los fondos del IHSS abrió por primera vez la puerta de la indignación en la ciudadanía, pues la corrupción no pudo disfrazar más la realidad que mientras algunos gastaban el dinero ajeno en las camas de hoteles internacionales teniendo sexo con múltiples pre-pagos, en las camas del seguro social fallecían compatriotas en agonía por falta de medicamentos, de atención. La corrupción tuvo en el descalabro del IHSS una víctima con rostro, el de todos nosotros y en el mismo proceso, se financió una de las más caras campañas políticas de Honduras que hoy le dio vida a lo que es una dictadura.

Miles de compatriotas salieron a la calle en una protesta que obligó al entonces presidente constitucional Hernández, tener que crear una figura internacional que hoy llamamos la MACCIH y que, aunque no fue todo lo que el pueblo exigía, representaba una esperanza que las cosas podrían comenzar a cambiar en Honduras, que la Tolerancia Cero había dado inicio. Pero el anhelo duró poco.

Hoy una mafia en el congreso nacional, embarrados hasta el cuello en actos de corrupción han pretendido realizar lo que quizás sea su último intento para salvar sus ya condenados (en la otra vida) pellejos, pero absueltos en esta: “La red de impunidad” en la obra maléfica de la soberbia del poder. Tanto es esa soberbia que ha puesto en jaque la relación entre el ahora gobernante de facto y su fiel bancada, el negocio fue bueno para ambos por un buen tiempo, pero ahora JOH no puede desafiar a quien le brinda el poder mismo, sería suicidio ir en contra de los gringos y eso a concluido en la realidad política que el “Caiga quien Caiga” se haya convertido en un “sálvese quien pueda”.

Hasta donde esto llegará y quiénes serán los que sobrevivan, dependerá de tres cosas: Que el pueblo salga genuina y masivamente a las calles en pro de La MACCIH, del CNA y de la defensa a la UFECIC; que iniciemos una cruzada como sociedad de pasar la factura moral a los corruptos en un movimiento de Tolerancia Cero y de castigo público a la corrupción hoy impune; y finalmente, del actuar firme de los EEUU, lo que he llamado “El Efecto Torres” … Así que sigamos pendientes que esta es una historia que se continúa escribiendo.

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