Por: Giovani Funa
Filosofía del disenso, es un libro del filósofo italiano Diego Fusaro publicado en 2017. El fundamento de su libro es que vivimos en una sociedad que ha logrado aniquilar todo disenso y modelo alternativo hasta el punto de dar forma a un pensamiento único que pretende haber conciliado lo posible con lo real.
Diego Fusaro, además de filósofo, es un polemista con habitual presencia en medios tradicionales y digitales pero sobre todo es un intelectual comprometido y apasionado que cruza los límites de lo considerado correcto a izquierda y derecha del camino del pensamiento, agudo crítico de la economía globalizada del poder financiero y de las políticas neoliberales también plantea un duro cuestionamiento a la nueva izquierda que considera se ha despreocupado del histórico corazón del conflicto social entre los de arriba y los de abajo, pensar diferente es también aceptar la existencia del pensamiento diferente, de eso se trata la obra de Fusaro. El libro comienza con una cita de Göethe, nadie es más esclavo que el que se cree libre sin serlo.
La historia de la humanidad es la historia del disenso desde siempre, las personas se revelan expresan un sentir diferente cuya raíz semántica es la voz latina dis sentio y lo hacen para oponerse y protestar contra un orden establecido o simplemente contra un sentir común, el consensus que pretende ser lo único legítimo, Prometeo disintió frente a los dioses, Sócrates ante las leyes injustas, Espartaco ante la esclavitud, disintieron Lutero y los herejes medievales, disintió el propio Cristo, Marx y Lenin disintieron, los revolucionarios franceses de 1789 y los rusos de 1917 y los disidentes contra el orden soviético, Nelson Mandela ante el apartheid en Sudáfrica, Martin Luther King, el Che Guevara y Gandhi, ha sido una constante en la historia humana, el disenso es un existencial utilizando la categoría de Heidegger en palabras de Albert Camus “el hombre es la única criatura que se niega a ser lo que es”.
El disenso se puede expresar de formas plurales, pero se unifica en decir que no al poder a una situación dada o al orden simbólico y se unifica también en el anhelo de una historia alternativa, revolución, rebelión, defección, protesta, revuelta, motín, antagonismo, desacuerdo, insubordinación, sedición, huelga, desobediencia, resistencia, sabotaje, sublevación, guerrilla, insurrección, agitación, boicot, son todas formas del disenso, expresiones que tienen un punto en común un sentir diferente ante el orden, el poder o el discurso dominante, el gesto típico de disentir es decir que “no”, pero el acto de disentir no se agota en el rechazo o la oposición, al contrario niega para firmar y destituye para reconstruir, el rechazo es el primer momento de la dialéctica de disentir, su negativo el siguiente momento el positivo es reconocer lo negado para configurarse como alternativa la realidad existente. A diferencia del consenso que puede ser pasivo y una mera aceptación inerte. El disenso solo se da como activo y afirmativo.
Para Eric From los mitos fundantes de la cultura occidental se basan en el acto de disentir, la desobediencia como inicio de la historia humana el disenso de Adán y Eva para las culturas judías y cristianas y la rebelión de prometeo para la cultura griega, el disenso como rechazo de la autoridad y el poder político eclesiástico real o simbólico constituye el gesto originario por eso el poder en todas las épocas y todas sus configuraciones aspira, más o menos, abiertamente a suprimir el disenso, reprimiendolo, impidiendo que surja.
En sentido estricto, el disenso es una virtud de las políticas democráticas dice Diego Fusaro, la democracia podría definirse como el gobierno que no solo acepta el disenso y no lo reprime sino que además encuentra en el disenso su fortaleza y no su debilidad, la democracia es la forma política que permite la coexistencia entre individuo y comunidad, mayoría y minoría sin que ninguna persona sea aplastada por la de la mayoría, desde esta perspectiva el disenso no corrompe al poder democrático al contrario lo fortalece porque es un poder que se constituye en el juego dialógico, el disenso favorece al poder democrático porque el objetivo de la Democracia no es una sociedad sin oposición, necesita el disenso no puede renunciar a él, cuando un disenso calla la democracia debiera alarmarse, contrariamente el consenso no es un rasgo consustancial del régimen democrático, el consenso no es suficiente lo que es suficiente para la democracia es el disenso, prueba de ello es que una dictadura cruel puede apoyarse en el consenso pero nunca toleraría el disenso.
Pero las configuraciones actuales de la sociedad de masa aparecen cada vez menos democráticas debido a tres factores; el vaciamiento de la soberanía popular reemplazada por la voluntad de los mercados y los gobiernos tecnocráticos, la desigualdad social creciente y la atrofia generalizada de las formas del disenso negando espacio al pensamiento opuesto, en nuestro tecnocapitalismo donde las masas son manipuladas para construir un consenso pasivo, la capacidad para disentir está fisiológicamente debilitada, lejos de vivir de disensos las estructuras políticas posteriores a 1989 están una distancia sideral del concepto legítimo de democracia, en el Leviatán Hobbes sostenia que el poder absoluto del Estado no puede acceder a la conciencia individual porque la conciencia es un territorio de la naturaleza al que ningún poder puede forzar, pero lejos del universo de Hobbes en las formas políticas actuales ya no se reprime al disenso, se actúa simplemente para que no pueda constituirse, no se recurre a la represión y a la tortura porque en ausencia de cabezas discrepantes y de espíritus rebeldes ya no es necesario.
El poder del siglo XXI no castiga los cuerpos, se apodera de las almas, el elogiado pluralismo de todas voces se resuelve en un monólogo de masas que siempre repite lo mismo. Guy Debord en su obra “La sociedad del espectáculo” lo llamó “el monólogo elogioso del orden dominante”. El sistema electoral de las modernas democracias occidentales ofrece la prueba deprimente de estapluralidad ficticia, cualquiera que sea el resultado, sale ganando la IA de lo mismo.
John Stuart Mills calificó como despotismo de la costumbre a una especie de conformismo generalizado en el que todo el mundo piensa y siente del mismo modo, una igualdad de irrelevancia como la llamó Hegel todos sienten piensan y quieren del mismo modo, la humanidad se divide en una multiplicidad de átomos cualitativamente iguales sin identidad ni personalidad, el hombre sin identidad se convierte en la nueva figura antropológica egemonica, se trata de un ser humano flexible por ende sin identidad, sin familia, sin consciencia opositora, desarraigado, sin trabajo estable, reducido al rango de átomo consumidor, individual y nómada, incapaz de comprender la explotación que sufre, se trata de un homo inestabilis, estructuralmente desocupado y sin estabilidad ética, familiar, laboral, o territorial, una muchedumbre de seres cualitativamente igual e intercambiables que solo piensan en disfrutar, indiferentes el destino de los otros, sin identidad ni tradiciones, sin fuerza crítica ni espesor cultural y por encima de ellos casi imperceptible, un poder laxo y permisivo blando y previsor que los mantiene en la etapa de la infancia y la inmadurez ofreciendo diversión permanente y aliviandolos del esfuerzo de pensar.
No puede haber disenso si no hay consenso, el motivo del disentir implica inevitablemente una reacción a algo, ese algo es un consenso que se percibe como injusto, la actual democracia de masas de la sociedad de consumo ha logrado neutralizar la construcción del disenso generalizando un consenso omnipresente mediante un funcional conformismo masivo, el sistema nos permite hacer lo que queremos, sin ninguna restricción, excepto nuestro límite económico a condición de que exista un acuerdo total con la premisa de crecimiento ilimitado, incluso se permite pensar contra el poder siempre que se integre en el circuito de producción e intercambio, este procedimiento subvierte la máxima libertina exteriormente como se acostumbre, interiormente como se quiera, ahora es exteriormente como se quiera, interiormente como se acostumbra.
La sociedad de consumo además de sus propias estrategias cuenta para este objetivo con el trabajo constante de los sacerdotes de lo políticamente correcto, el circo mediático, el clero periodístico y la clase intelectual que imponen una ortodoxia total que ya no necesita de hogueras porque ya no es necesario perseguir rebeldes, no queda ninguno.
Para entender la génesis de este conformismo hay que regresar a 1989, año que marca la mayor tragedia geopolítica de la segunda mitad del siglo XX la destrucción de los sistemas socialistas y la consecuente desaparición de la alternativa posible, que no derivó en el triunfo de la libertad para los millones de esclavos del despotismo comunista según plantea la gran narrativa neoliberal actual, antes de 1989 existía una división agonal entre dos visiones del mundo, cada una de ellas mostraba las contradicciones de la otra, visibilizando mutuamente el carácter ideológico de ambas visiones, era un escenario que ofrecía la posibilidad de idear perspectivas alternativas inclusive más allá de ambos extremos, pero la poco gloriosa caída del comunismo histórico, marcó el triunfo de la ilimitada extensión del tecnocapitalismo con su disparatado mito del crecimiento, se reanudó entonces la marcha del capital y la reconfiguración de la tradicional y dialéctica lucha de clases, para derivar en una verdadera masacre de clases, una rebelión de las elites donde el amo recupera todo lo que el esclavo había conseguido mediante el organización y la lucha, la aristocracia financiera, la nueva elite neofeudal lleva acabo una ofensiva sin presedentes contra un esclavo precarizado y sin conciencia de clase.
Se trata de la era del fin de la historia y la caída de las ideologías, que no es otra cosa que la supervivencia de una única ideológica, la del pensamiento único neoliberal que santifica el orden existente y que paradójicamente tilda de ideológica toda visión disidente de ese pensamiento unidimensional usando un término acuñado por Herbert Marcuse.
El pensamiento único neoliberal se presenta como una visión natural y eterna, borrando su Génesis histórico y social y por esa razón borrando su condición ideológica, sin historia el presente se convierte en un destino eterno y como el disenso es en esencia el cuestionamiento de lo que es, pero podría ser diferentelo natural simplemente es lo que es, y en tanto natural no admite disenso, el rebaño de los últimos hombres sufre en silencio sin que se despierte ninguna pasión, no aspiran ya a derrocar al orden que los domina, se van suprimiendo derechos sociales como resultado de una acción lenta pero continua, haciendo que parezcan privilegios lo que hasta ayer eran derechos y presentando lo impresentable como si fuera acceptable.
El poder maneja el flujo del consenso y el disenso, primero procura generar un disenso enrelación con temas como el gasto público los derechos laborales la función pública o el derecho a la huelga para que después cuando haya que privatizar suspender derechos o despedir, exista un consenso consolidado, el poder domina el granítico pensamiento único del consenso de masas que predica la imposibilidad de cambiar el mundo con el único fin de impedir su transformación, es la profecía autocumplida se produce la tremenda sensación de que en caso de estar en desacuerdo con lo existente, en lugar depensar con cambiar el mundo, nos cuestionamos a nosotros mismos, han logrado convencer a los habitantes que viven en el único mundo posible y por ende se anula la capacidad de pensar la alteridad o planificar futuros alternativos, así el poder puede aflojar el control sobre los cuerpos porque ya posee El dominio sobre las conciencias.
Vivimos en una sociedad construida en forma no social, con sujetos aislados despojados de viejas narrativas en el marco de un individualismo atomístico y alienado que ha cortado todo vínculo comunitario, el triunfo de la libre individualidad y de la personalización convive con un ermitaño masivo de la muchedumbre solitaria, somos individuos como en la historia de Robinsson Crusoe, solos y aislados, incapaces de comunicarse que se hacen la ilusión de ser libres mientras viven en el reino de la existencia inauténtica de soledades que actúan como se actúa y piensan como se piensa, el orden simbólico de la sociedad de consumo administra los flujos del disenso, los explota para fortalecer lasestructuras del poder, despierta la ilusión de que cuestionar al sistema es posible, pero oculta que es el propio sistema el que reglamenta y controla el disenso.
El conformismo ha tomado el control, la masa ya no es una muchedumbre concentrada sino una cantidad amorfa de yoes individuales que ven consumen y piensan las mismas cosas pero de manera solitaria, masificación e individualismo coexisten, en la sociedad atomizada de masas se calcula, pero no se disiente, se compran cosas, pero no se adquiere conciencia crítica, es más, disentimos como el orden hegemónico quiere que disintamos, un disenso controlado que no cuestiona el poder lo acepta y lo confirma, creando una nueva figura, la del consenso en el disenso, orquestado desde el poder y dirigido todas las voces discordantes el consenso se transforma en disenso contra el disenso y confirmando la ley dialéctica de la negación de la negación se reafirma el consenso.
Prueba de ello es que el pensamiento único genera una identificación automática de quien disiente con el fanatismo económico actual, con el comunismo es suficiente criticar el orden económico para ser tildado de comunista, para que los llamados bombardeos humanitarios y los recortes de derechos sociales en nombre del eficientismo del mercado pueda ser aceptados pasiva y consensualmente, es preciso calificar a los que disienten con los bombardeos como negadores de los derechos derechos humanos y a los que disienten con los recortes sociales como defensores de privilegios, el paradigma sigue siendo la culpabilización eterna de la pasión utópica y de la esperanza, el monoteísmo de mercado se ha convertido en la única religión y para ello debe desautorizar a todas las demás para transformar el mundo en una superficie lisa donde las mercancías y los flujos financieros circulen sin oposición, el fanatismo económico debe aniquilar toda trascendencia, antagonismo y oposición.
Consenso y conformismo están asegurados, pero al mismo tiempo se ocultan detrás de la proliferación de diferencias estériles y dicotomías engañosas, que desvían continuamente el disentimiento hacia otras direcciones que no son el núcleo principal del sistema, el carácter clasista de la economía de mercado, lo políticamente correcto hoy impone dicotomías estériles y engañosas como derecha e izquierda, ateos y creyentes cristianos y musulmanes fascistas y antifascistas, extranjeros y nacionales, homosexuales y heterosexuales hombres y mujeres vegetarianos y carnívoros, el objetivo es doble, por un lado esconder la contraposición entre los que están arriba y los que están abajo y por otro evitar que los conflictos y disensos múltiples tomen la forma unificada de un solo gran rechazo contra el Sistema.
Usando términos de Marcuse la lucha de clases afectaba las relaciones de fuerza de la economía, mientras que la lucha entre homosexuales y heterosexuales hombres o mujeres nacionales o inmigrantes no las roza en lo más mínimo, la lucha de clases queda de este modo degradada y confundida entre una constelación de otros micro conflictos, el sujeto de referencia ya no es el ser humano y pasó a ser un particular en conflicto con otro particular, el Cristiano contra el musulmán por ejemplo, lo que impide organizarse en una auténtica oposición al fanatismo económico, un movimiento que humilla cotidianamente a la humanidad.
El joven desempleado cristiano cree que su rival es el joven desempleado islámico y no el Magnate de las finanzas, del mismo modo que un homosexual precarizado pensará erróneamente asemejarse más a un empresario homosexual que a un heterosexual precarizado hoy el enemigo es siempre el otro particular nunca el sistemaeconómico dominante el poder logra convencer a las mentes que el enemigo es el que está en su misma condición o incluso los que están más abajo que él, nunca lo invita a mirar hacia arriba, el gran rechazo al sistema queda disperso y fragmentado en miles de corrientes de oposiciones secundarias que desvían la atención de la contradicción principal así se pulveriza la conciencia de clases y se impide que se forme un frente unificado de los humillados y ofendidos del planeta contra la oligarquía financiera que pueda configurar un verdadero sistema democrático que relacione individuos libres y solidarios, jóvenes antifascistas en ausencia de fascismo se enfrentan a jóvenes anticomunistas en ausencia de comunismo, mientras el capital los reyes de las finanzas y los amos de la globalización siguen avanzando con sus políticas sin resistencia.
Bastaría preguntarse quiénes obtienen ventajas de esta división permanente que tiene como objetivo fijar en ese punto la ira de los ofendidos atrapada en la base de la pirámide el lugar de organizarse y dirigirse hacia arriba, la lucha vertical amo esclavo es reemplazada por la lucha horizontal entre esclavos por eso la primera medida de una auténtica rebelión debería ser abandonar estas falsas dicotomías y tomar posición frente a la contradicción real, dentro de las falsas dicotomías existe la vieja oposición derecha e izquierda, la llama falsa dicotomía porque el pensamiento único de las oligarquías financieras es de derecha en la economía, el poder del dinero es de centro en la política, poder del consenso y es de izquierda en la cultura poder innovador de la costumbre, izquierda y derecha después de recorrer gran parte de la modernidad transmitiendo dos visiones del mundo y alimentando un enfrentamiento agonal ahora pueden considerarse intercambiables, el neoliberalismo es un águila bicéfala, derecha del dinero e izquierda de la costumbre una costumbre que se sostiene en base a la idea del goce e individualismo, relativismo y consumo, un estilo de vida necesario para reproducir el fundamentalismo del mercado, la derecha del dinero necesita del átomo social consumidor despojado de pasiones utópicas que no crea en nada excepto en el mercado, en el mismo sentido la izquierda de la costumbre enaltece a un individuo aislado que se realiza a sí mismo de manera narcisista disfrutando sin inhibiciones de una libertad entendida como su propiedad, si la derecha del dinero con la desregulación laboral procura un trabajador durante toda su vida precario y por eso impedido de formar una familia, la izquierda de la costumbre justifica estos deslegitimando a la familia como institución burguesa y obsoleta y glorificando la precariedad como estilo de vida, si la derecha del dinero dice que los estados nacionales ya no tienen trascendencia, la izquierda de la costumbre alabará la mundialización el turismo de masas y un falso multiculturalismo. Si la derecha del dinero dice que la sociedad no existe, la izquierda de la costumbre deslegitima las formas de comunidad, santificando el átomo individual provisto de derechos civiles y cultura narcisista, si la derecha del dinero aspira a rebajar a la humanidad a un polvillo de soledades sin identidad ni profundidad cultural, la izquierda de la costumbre deslegitimará la idea misma de naturaleza humana.
La izquierda de la costumbre es la que administra el disenso contra todo lo que pueda limitar a la derecha del dinero, un rol fundamental en la construcción del consenso de masas es el que desempeñan la clase intelectual, el clero periodístico y el circo mediático, el clero periodístico que no cree en nada, pero habla de todo glorificando siempre el monoteísmo de mercado, fomentando el odio a los oprimidos y el amor por los opresores, de organizadores del sentimientos se han convertido en duplicadores de lo existente, simples administradores del consenso, destinado a fortalecer el conformismo masivo, el rasgo común del conformismo masivo es la aspiración para suprimir las diferencias y las alternativas de manera que, usando los términos de Heidegger y Marcuse dominen la unidimensionalidad y la uniformidad, el nuevo orden no tolera estados nacionales democráticos, idiomas nacionales, culturas, identidades, comunidades solidarias, visiones plurales del mundo, perspectivas críticas, movimientos de protestas verticales y, obviamente, tampoco tolera la conciencia de clase crítica, el capitalismo es heterófogo, no tolera la alteridad, la pluralidad, ni lo diferente, desea ver por todos lados la misma superficie lisa del mercado, una humanidad reducida a átomos sin identidad ni profundidad cultural, meros consumidores anglófonos sin capacidad de entender otra lengua que no sea la lengua cosificada de la economía
Una sociedad dividida en dos polos desiguales, esclavo precarizado y amo neofeudal, en nuestra sociedad de consumo la adhesión a los modelos impuestos es absoluta e incondicional, acabamos deseando y soñando siempre y solo con lo existente, tal y como es, en ello radica esta sociedad totalmente administrada que llama libertad a la sumisión total al modelo hegemónico. Para que el disenso sea posible debe percibirse un alteridad entre lo posible y lo real, porque el disenso no se conforma con la realidad, la pone en tela de juicio en nombre de lo que podría ser, los antiguos regímenes autoritarios se derrumbaron precisamente porque pese a ser brutales y atroces no fueron capaces de eliminar la capacidad de pensar en modelos alternativos, convivieron con una dialéctica del disenso y la represión que marcó con lágrimas y sangre la historia de las formas totalitarias que cruzan el siglo XX, hoy el poder ha cambiado y ya no se ejercen la forma tradicional de la imposición autoritarias ahora se lleva a cabo disolviendo toda alternativa, si consideramos que entre las definiciones posibles de democracia está la de un sistema que habilita la posibilidad de pensar y poner en práctica una alternativa a la realidad existente, el dispositivo gubernamental actual desmonta ese concepto de democracia, promoviendo una tecnocracia oligárquica eficiente, las decisiones autoritarias que toman los amos de la globalización se presentan falsamente como situaciones objetivas de emergencia sin alternativa posible, sin negociación ni debate, en nombre de la urgencia y el estado de excepción se toman decisiones que en condiciones normales nunca se aceptarían, recortes del gasto público supresión de derechos y reducción de salarios, la democracia sobrevive Entonces como una forma aparente de gobierno mediante la cual las personas eligen democráticamente lo que la aristocracia financiera ya elegido previamente de manera no democrática y cuando se produce un conflicto entre la opción oligárquica y la opción plebeya siempre prevalece la primera.
Aunque fue escrito como una crítica a la unión soviética la novela 1984 de George orwell parece denunciar una situación mucho más cercana a la realidad de nuestra sociedad de consumo actual, marcada por el conformismo la neolengua de 1984 es el único lenguaje que en lugar de aumentar disminuye porque el empobrecimiento del léxico va en paralelo a la pérdida de conciencia, al faltar palabras para expresar ideas y situaciones el pensamiento se reduce hasta llegar a una mera reproducción del orden realmente existente, la neolengua tiene como único objetivo librarnos del esfuerzo de pensar y su consecuencia es que confirmemos constantemente el orden establecido, esto explica por qué la neolengua del siglo XXI es el inglés comercial que hablan los mercados, elevada a la categoría de lengua litúrgica sacralizada que lo reduce todo al horizonte de sentido de la economía, sprit, desregulación, gobernanza global, austeridad, revisión del gasto público y pacto fiscal, son palabras supuestamente asépticas de la neolengua actual, la supresión de derechos es reformas estructurales, la época más ideológica de la historia humana se define como postideológica, la dictadura de los mercados es aclamada como democracia y los golpes de estado financieros como gobiernos técnicos el que se opone a la gran narrativa dominante silenciado como conspirador, el que critica la hegemonía es derrotista y el que no defiende los intereses de la elite es populista, esta sociedad rencorosa poblada de yoes fragmentados no logra traducir sus sentir en un programa colectivo y se disuelve en un sentimiento de impotencia y nunca se transforma en energía política organizada, en el mundo neoliberal la política se reorganiza como una variable más del sistema económico hoy la política es la economía por otros medios, abdica de su función Autónoma y provoca un vacío que deja ausente todo debate racional sobre futuros alternativos, así, el individuo aislado solo puede soportar el orden existente en silencio.
Se observa la falta de una gramática del conflicto que permita decodificar las contradicciones activar una praxis grupal y reabrir el futuro como posibilidad, esta ausencia se observa más en los más desposeídos que despojados de todo incluso de la conciencia de su condición han metabolizado el gran mandamiento del ministerio de la verdad “No tendrás otra sociedad fuera de esta”.
Los nuevos esclavos precarios desempleados explotados y mal pagados viven el presente que los oprime como un destino irremediable del que no es posible escapar, la absoluta imposibilidad de representar conceptualmente una alternativa transformadora se ha apoderado de la conciencia social, cada uno es libre de querer y hacer lo que quiera pero luego todos inexorablemente quieren y hacen lo mismo, la fragmentación de lo mismo da ilusión de pluralidad, todo está permitido excepto pensar y actuar en pos de una sociedad diferente, el proyecto de redención social ha sido abandonado a favor de la salvación individual, evolución destructiva y narcisista del perfil individualista de la nueva izquierda, anti burguesa y ultra capitalista, los derechos civiles justos y nobles de por sí, se usan como arma de distracción para ocultar el triunfo total de las políticas neoliberales de desmantelamiento de los derechos sociales.
Luchas, de por sí justas, como la unión entre personas de mismo sexo, el feminismo, o el ambientalismo, revelan al estar separadas de la cuestión social que una nueva cultura burguesa y post proletaria ha abdicado de los valores centrados en la dignidad del trabajo y los derechos sociales, el yo perdido puede encontrarse consigo mismo solo si comprende que comparte esta alienación con otros y que solo puede librarse a sí mismo liberando a la humanidad entera, como primer paso es necesario desfatalisar la imagen egemonica del mundo salir del pensamiento de lo Inevitable que permita volver a pensar el presente como historia y posibilidad, un segundo paso, es crear una estructura organizativa que sepa reunir a todos aquellos que han llegado a tomar conciencia de que el todo, es falso para alcanzar este objetivo es condición necesaria superar las divisiones que el poder mantiene entre los humillados para formar un frenteUnido de oposición al pensamiento único y a la ideología de lo mismo, crear nuevos mapas conceptuales distintos a los que promueve el poder, pensar diferente mediante una conciencia opositora que permita organizar un proyecto político.
Por supuesto que el poder recurrirá al clero intelectual y periodístico y al circo mediático para que permanezcamos divididos y excluidos, luchando entre nosotros y acallar a cualquiera que proponga revertir el conflicto, debemos volver a establecer un vínculo vital entre la humanidad que piensa y la humanidad que sufre. Combinar la lucha por los derechos civiles y los derechos sociales, armonizar el derecho a la pluralidad con lo humano universal, combinar el gran rechazo al sistema con los pequeños rechazos cotidianos porque estos privados del horizonte del gran rechazo son inofensivos, el disenso siempre es político y por ello no puede abstenerse de atribuir un nombre al enemigo y el enemigo es la sociedad de mercado en lo económico, el neoliberalismo en lo político, el individualismo relativista en lo filosófico y la monarquía del dólar en lo geopolítico.
Como nos recuerda Hegel el héroe es el que aún despojado de todo no se ha perdido a sí mismo, no siempre los rebeldes del disenso logran cambiar el mundo, pero el mundo nunca podrá cambiar a los verdaderos rebeldes.




