El desmontaje del imperio de la IA y la crítica a sus gigantes

Por: Giovani Funa  

La periodista Karen Hao, autora del libro Empire of AI, ha protagonizado una de las intervenciones más incisivas sobre la industria de la inteligencia artificial general. Hao no se limitó a criticar los excesos técnicos o éticos de empresas como OpenAI, sino que lanza una acusación de fondo: estas corporaciones operan como «imperios modernos» que construyen su poder a través de la extracción de recursos, la explotación laboral y una narrativa manipuladora diseñada para concentrar el control.

Lejos de ser un simple alegato tecnofóbico, Hao destaca por desmenuzar las estrategias discursivas y políticas que, han permitido a Sam Altman y otros líderes del sector acumular un poder descomunal bajo la promesa de un futuro utópico. Aquí están las claves de su crítica.

El mito de la Artificial General Inteligence: un concepto vacío al servicio del poder. (la inteligencia artificial general es la creencia en una capacidad cognitiva única que se aplica a todos los dominios)

Uno de los puntos centrales de la crítica de Hao es lo que ella considera un fraude conceptual alrededor de la Inteligencia Artificial General (AGI). Hao recuerda que desde la fundación del campo de la IA en 1956, nunca ha existido un consenso científico sobre qué es la «inteligencia humana». Esta ambigüedad, lejos de ser un problema, se ha convertido en la principal herramienta de marketing y movilización de las empresas.

La periodista expone cómo Sam Altman redefine la AGI según su audiencia ya que ante el Congreso de EE.UU. la presenta como una herramienta para curar el cáncer y resolver el cambio climático; pero ante los inversores, como un sistema capaz de generar cien mil millones de dólares; y ante los consumidores, como el mejor asistente digital posible. Para Hao, esta elasticidad semántica no es un accidente, sino una estrategia deliberada para «gaslightear» (manipular) al público, justificando una carrera armamentística sin una línea de meta clara, mientras se movilizan recursos y se suavizan las regulaciones .

Sam Altman: ¿Napoleón o un líder que divide?
La figura de Sam Altman ocupa un lugar central en la narrativa de Hao. Lejos de describirlo como un visionario atormentado al estilo Oppenheimer, Hao lo compara con Napoleón, destacando su habilidad «extrema» para entender la psicología humana y contar historias que cautivan a inversores y talento .

Sin embargo, esta capacidad tiene una cara oscura. Según la investigación de Hao, Altman practica una estrategia de «decir a cada persona lo que quiere oír», lo que genera una enorme desconfianza interna. Esta falta de transparencia y su negativa a tomar decisiones claras fueron, según fuentes citadas por Hao, una de las razones que llevaron a su breve despido por parte de la junta directiva de OpenAI . Para Hao, Altman es una figura polarizante: «Si compartes su visión del futuro, crees que es el mayor activo de tu generación; si no, sientes que te está manipulando» .

El costo oculto del «imperio»: recursos y mano de obra

Quizás la parte más contundente de la entrevista es cuando Hao trasciende las disputas internas de Silicon Valley para mostrar el impacto real de esta industria. Hao acuña el término «imperios de IA» para describir una lógica de extracción de recursos que replica patrones coloniales .

En el plano ambiental, la periodista advierte que la carrera por los grandes modelos está revirtiendo décadas de progreso climático. Los centros de datos consumen cantidades ingentes de energía (a menudo de fuentes fósiles) y agua ultrapura, compitiendo directamente con comunidades locales que ya sufren sequías extremas. Hao pone el ejemplo de comunidades en Sudamérica donde las máquinas «beben» agua limpia mientras los humanos consumen agua tóxica .

En el plano laboral, Hao destaca la existencia de una mano de obra invisible y explotada. Señala que mientras se habla de despidos masivos de programadores o artistas, la industria depende de cientos de miles de contratistas en el Sur Global que etiquetan datos o «enseñan» a los modelos. Describe un ciclo perverso de despidos y recontrataciones precarias para entrenar a la IA que acabará reemplazando esos mismos puestos de trabajo.
¿De dónde vengo aún decidimos construir bicicletas, como tomar recaudo para romper el imperio de la Inteligencia Artificial?

¿Romper el imperio o construir «bicicletas»?

La crítica de Karen Hao no es un llamado a detener el desarrollo tecnológico, sino a cambiar radicalmente el modelo de gobernanza. Si no a «romper los imperios de IA», no en un sentido violento, sino democrático: descentralizando el poder, abriendo los datos y priorizando modelos de IA más pequeños, eficientes y útiles como lo que se ha venido haciendo en la República popular China.

(lo que ella llama «construir bicicletas» en lugar de «cohetes» espaciales) .

Es como un antídoto necesario contra el discurso hegemónico de la inevitabilidad. Al destapar las estrategias de manipulación, los costes reales y las luchas de poder internas, Hao invita a la audiencia a cuestionar no solo la tecnología, sino quién la controla y para qué fines. La entrevista deja una conclusión clara: la verdadera carrera no es hacia la AGI, sino hacia el control de los recursos y las narrativas del futuro.

A partir de la crítica de Karen Hao, podemos profundizar en cómo el control corporativo de la inteligencia artificial se ha convertido en un instrumento de guerra asimétrica y de erosión democrática. No se trata de un mal uso ocasional de la tecnología, sino de una característica inherente al capitalismo de plataforma y al imperialismo tecnológico. Aquí están las claves de ese análisis.

  1. La guerra como negocio: la IA como arma de dominación.

Se ha señalado históricamente que el capitalismo necesita fronteras, conflictos y jerarquías para reproducirse. En la era de la IA, esto se manifiesta en:

· Militarización de algoritmos: Empresas como OpenAI, Google o Palantir que no solo vende un software a gobiernos; co-diseñan doctrinas militares. Los sistemas de reconocimiento facial, drones autónomos y análisis predictivo de amenazas que permiten una guerra de bajo costo humano para el agresor, pero de alta letalidad para la periferia. Ejemplo: el uso de IA por parte de Israel en Gaza para generar listas de “blancos” con márgenes de error deliberadamente amplios, externalizando la decisión de matar a un algoritmo.

· Guerra económica de precisión: Los modelos de IA se usan para identificar vulnerabilidades en cadenas de suministro rivales, manipular precios de materias primas mediante trading algorítmico o lanzar ciberataques autónomos. La guerra ya no es solo con bombas, sino con bloqueos de datos y sabotaje de infraestructuras críticas controladas por IA.

· Industria militar sin rendición de cuentas: El 95% de los grandes modelos de IA son propiedad de empresas con sede en EE.UU. ya que no hay control democrático sobre estas tecnologías letales. Los contratos millonarios del Pentágono con Big Tech convierten a la IA en un “complejo industrial-militar 2.0”, donde el algoritmo decide en segundos lo que antes requería deliberación humana.

2. Manipulación democrática fábrica un consentimiento algorítmico.

La democracia liberal ya estaba en crisis por la captura corporativa de los medios y el financiamiento de campañas. La IA acelera y perfecciona esa manipulación:

· Microsegmentación psico-política: Con IA, ya no se envían mensajes genéricos. Se analizan datos biométricos, patrones de compra, historial de navegación y hasta tonos de voz para diseñar narrativas personalizadas que exploten miedos, prejuicios o esperanzas de cada individuo. El caso Cambridge Analytica fue solo un ensayo. Hoy, la IA permite manipular en tiempo real durante debates o votaciones.
· Deepfakes y crisis de verdad: La izquierda advierte que el problema no es solo que existan videos falsos, sino que la propia noción de evidencia se desmorona. Un político puede negar un video real alegando que es un deepfake, y viceversa. En ese vacío, el poder lo tiene quien controla los algoritmos de verificación y las plataformas de difusión. El resultado: una ciudadanía desorientada, que se refugia en tribus identitarias y consume solo la «verdad» que confirma sus sesgos.
· Amplificación algorítmica del odio y la polarización: Los modelos de IA optimizan para el engagement, no para la verdad. Estudios muestran que los contenidos que generan indignación, miedo o división tienen hasta 6 veces más alcance. Se sostiene que la IA no es neutral: su arquitectura favorece la extrema derecha y el populismo autoritario porque son emociones más virales que la solidaridad o la reflexión.
· Desactivación de la protesta social: Mediante análisis predictivo de redes sociales, los gobiernos pueden identificar focos de protesta antes de que ocurran y desplegar represión selectiva. En democracias formales, se usa para deslegitimar movimientos sociales: etiquetar como «bots» a manifestantes reales o inundar el debate con cuentas falsas que ridiculizan la protesta.

3. Democratizar la IA o perecer

Frente a este diagnóstico, no propongo abandonar la tecnología, sino someterla a control público y horizontal. Algunas propuestas concretas:

· Moratoria a la IA militar autónoma: Exigir tratados internacionales que prohíban sistemas de armas que tomen decisiones letales sin supervisión humana, bajo el principio de que ningún algoritmo debe tener poder de vida o muerte.
· Algoritmos de código abierto y auditables: Romper el secreto corporativo. La IA que afecta derechos fundamentales (crédito, empleo, justicia, censura) debe ser pública, revisable por la ciudadanía y sus sesgos, corregibles colectivamente.
· Impuestos a la automatización: Gravar a las empresas que sustituyan empleo humano por IA para financiar renta básica, reconversión laboral y reducción de jornada. La productividad generada por la IA debe traducirse en menos horas de trabajo para todos, no en más beneficios para unos pocos.
· Infraestructura pública de IA: Crear centros de cálculo propiedad de los estados o cooperativas, entrenados con datos abiertos y finalidades definidas democráticamente (salud, educación, energía, transporte), no por la maximización de beneficios o el control social.
· Alfabetización algorítmica de masas: Enseñar en colegios y universidades no a programar, sino a identificar manipulación algorítmica, a leer un sistema de recomendación y a organizarse colectivamente fuera de las plataformas privadas.

La lucha por la IA es la lucha por el futuro, el control de la IA no es un problema técnico ni ético menor. Es el campo de batalla central del siglo XXI: quien domine los modelos de IA dominará la economía, la guerra, la cultura y la política. La falsa promesa de una AGI benévola oculta la realidad de una tecnología diseñada para extraer, vigilar y dividir.

La crítica de Karen Hao es un primer paso para desmontar el «imperio de la IA». Pero es necesario ir más allá: expropiar ese poder tecnológico y ponerlo al servicio de las necesidades humanas y ecológicas, no de la acumulación y el control. NO la IA no es democrática, colectiva ni transparente, será el más eficiente instrumento de dominación jamás creado. Sin un término medio.

  • Periodismo Amplio e Incluyente, nace el 1 de mayo del 2015
    Criterio es un medio de comunicación digital que recoge, investiga, procesa, analiza, transmite información de actualidad y profundiza en los hechos que el poder pretende ocultar.

    Ver todas las entradas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Contenido a tu alcance

Periodismo de calidad en tus manos

Suscríbete y se parte de nuestro newsletter