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Por: Guillermo Serrano

La noticia ya se sabía. Se había filtrado hace unos meses. La Corte Suprema de los Estados Unidos, de mayoría conservadora con jueces elegidos en su mayoría por presidentes y respaldada por senadores republicanos, había decidido terminar con el derecho constitucional al aborto en el país.

La historia es así: “En 1970, una mujer de Texas llamada Norma McCorvey tenía cinco meses de embarazo de su tercer hijo y quería realizarse un aborto. Dos abogadas de Dallas, Sarah Weddington y Linda Coffee, la representaron en su desafío a la prohibición del Estado de los abortos excepto en los casos para salvar la vida de la madre

Jane Roe era el seudónimo de McCorvey, que tenía 22 años cuando se presentó su caso. Más adelante se pronunció en contra del aborto, pero en un documental de 2020, McCorvey dijo que lo había hecho porque le pagaron. Murió a los 69 años en 2017. “Wade” es el demandado, Henry Wade, quien en ese momento era el fiscal de distrito del condado de Dallas, Texas. Wade murió en 2001 a los 86 años.

Roe contra Wade creó el marco que gobierna la regulación del aborto con base en los trimestres del embarazo. En el primer trimestre, casi no permitía regulaciones. En el segundo trimestre, permitía regulaciones para proteger la salud de la mujer. En el tercer, permitía que los estados prohibieran los abortos siempre y cuando se previeran excepciones para proteger la vida y la salud de la madre. (Fuente: New York Times).

El cordón evangélico o protestante de los Estados Unidos (los estados del sureste del país) y la Iglesia Católica Romana norteamericana, están de plácemes, porque ahora, los estados que restringirán el aborto en las clínicas y hospitales públicos, ya no podrán ofrecer esos servicios sanitarios a mujeres que lo pidan, incluso en casos de violación.

Pero habrá una corriente de mujeres que viajarán a los estados donde aún es posible practicarse abortos (unos 20 estados, preferentemente desde el medio oeste hacia el noreste del país, más el corredor del oeste y un par más).

Sin embargo, el derecho a la vida implica muchas cosas que ciertos líderes de los movimientos pro-vida olvidan o prefieren ignorar.

Porque los que nacen tienen necesidades vitales: salud, alimentación, educación, protección. Y los practicantes de cualquier religión que aprecie la vida deben poner parte de sus ingresos para satisfacer esas necesidades que hemos mencionado. (Y los padres ausentes, que mantienen alguna religión, tendrán que asumir su responsabilidad. Porque para que nazca un niño se necesitan dos, ¿verdad?).

La decisión de la corte norteamericana dejará a muchos latinoamericanos esperanzados que en sus países se imite esa decisión. Porque ya hay países donde tal práctica es también un derecho consagrado en sus constituciones.

Los que creemos en la paternidad responsable, hemos hecho nuestro el pensamiento que ningún infante ha pedido venir a este mundo. Pero cuando han venido, hemos sacrificado tiempo, trabajo y diversiones para cuidar y proteger a esos niños y niñas que ha venido a formar parte de la familia.

¿Será esa una verdad universal o simplemente un buen pensamiento que algunas personas han desestimado porque no les ha amanecido eso que se llama conciencia?  

(guillermo.serrano@ideasyvoces.com)

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