El encuentro ocurrió en medio de intervenciones, sanciones y ataque navales en el Caribe y el Pacífico, en un contexto que analistas vinculan con la llamada “doctrina Donroe” y una mayor presión de Washington sobre los ejércitos del continente.
Tegucigalpa, Honduras–– Hace dos semanas el jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, general Dan Caine, reunió a 34 jefes militares del continente en Washington, incluido el general hondureño Héctor Benjamín Valerio Ardón, en un encuentro que el New York Times calificó como inusual.

La cita ocurrió en un momento de tensiones en la región, marcado por ataques navales estadounidenses contra embarcaciones señaladas por narcotráfico en el Caribe y el Pacífico, la intervención militar en Venezuela que culminó con el secuestro del presidente Nicolás Maduro, el endurecimiento del embargo a Cuba que ha agravado la crisis en la islas y nuevas presiones de Washington para ampliar la cooperación en seguridad con países como México.
Justo ayer, México fue remecido por la violencia tras el operativo que resultó en la muerte del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”. El gobierno mexicano confirmó que la operación contó con información de inteligencia aportada por Estados Unidos, con Washington negando cualquier participación directa en el terreno.
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De acuerdo con funcionarios citados por el New York Times en un segundo artículo que abordó la reunión, durante la jornada Caine encabezó discusiones sobre la nueva estrategia de seguridad y defensa de la administración Trump, que prioriza el hemisferio occidental por encima de Asia. También se habría abordado una mayor coordinación contra el narcotráfico y el crimen transnacional, así como el fortalecimiento de controles fronterizos mediante tecnología avanzada.
REPERCUSIONES DE LA NUEVA POLÍTICA DE SEGURIDAD DE EE. UU.
Según el último conteo de la Oficina de Washington para América Latina (WOLA) las acciones navales estadounidenses contra embarcaciones señaladas por narcotráfico en el Caribe y el Pacífico han dejado 149 personas muertas. La organización califica estos ataques como ejecuciones extrajudiciales, al sostener que no forman parte de un conflicto armado declarado ni responden a circunstancias claras de autodefensa.
Una investigación interactiva del New York Times documentó que estos ataques forman parte de una campaña sostenida iniciada en septiembre de 2025, en la que fuerzas estadounidenses han atacado decenas de embarcaciones en el Caribe y el Pacífico bajo la justificación de combatir el narcotráfico. El medio señaló que las acciones se han mantenido en el tiempo y describió este despliegue como un patrón poco habitual en la práctica reciente de Washington en la región.
La reunión de jefes militares en Washington ocurre además a menos de un mes del encuentro anunciado para el 7 de marzo entre Donald Trump y varios mandatarios de derecha en la región, entre ellos Javier Milei (Argentina), Santiago Peña (Paraguay), Rodrigo Paz (Bolivia), Daniel Novoa (Ecuador), Nayib Bukele (El Salvador) y Nasry Asfura (Honduras).
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Aunque el abogado constitucionalista y doctor en derechos humanos, Joaquín Mejía no se refirió directamente a esta cita política del 7 de marzo, si advirtió que la actual estrategia estadounidense combina coordinación militar, sanciones económicas, y presión en materia de seguridad en el hemisferio.
A juicio de Mejía, este momento debe leerse en el marco de lo que denomina la “doctrina Donroe”, una reinterpretación contemporánea de la doctrina Monroe que, según su análisis, impulsa una política más abiertamente intervencionista en América.
El abogado explicó que esta doctrina se expresa, a su juicio, entre herramientas concretas: “sanciones económicas, amenazas e intervenciones militares y condicionalidad económica”. Como ejemplos mencionó la intervención en Venezuela, el endurecimiento del embargo a Cuba y la presión en materia de seguridad hacia otros países del continente.

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En ese marco, la reunión de los 34 jefes militares en Washington puede interpretarse, según el abogado, como parte de un esfuerzo por consolidar esa estrategia en el plano militar, alineando a las Fuerzas Armadas del hemisferio en torno a prioridades definidas desde Estados Unidos.
Adam Isacson, especialista en seguridad regional de WOLA, dijo a New York Times que “la administración Trump espera que los militares de la región respondan a las prioridades de Estados Unidos mucho más que en cualquier otro momento desde el fin de la Guerra Fría”.
Según Isacson, esa lista de prioridades comenzó con la lucha contra las drogas y el crimen organizado e incluye evitar asociaciones con potencias como China, Irán y posiblemente Rusia. El experto señaló que “puede haber amenazas explícitas o implícitas a los militares que no honren esas prioridades, con una referencia a lo que está ocurriendo en Venezuela”.
En un momento en que Estados Unidos intensifica su presión en distintos frentes ––militar, económico y diplomático––, la reunión de los jefes militares del continente adquiere un significado que trasciende lo protocolario y abre interrogantes sobre el alcance de las prioridades de Washington y el margen de decisión de los países de la región.





