Desde el inodoro: una luz que atraviesa la cotidianidad

Por: Edgardo Molina

Les parecerá extraño, pero, como escritor, disfruto leer la expresión humana en su forma más pura, más deshilvanada, menos pensada o con menos carácter formal. Me parece más auténtico, menos ataviado y sobre todo pienso que en este tipo de escritura desdibujada pero sincera “el lector muere”, es decir, quien escribe se satisface a sí mismo, deja fluir su inconsciente y se olvida de la ortografía y la gramática, para dejar salir un extracto real del inconsciente colectivo.  

En este tiempo de la perfección, donde todos queremos mostrarnos superiores a quienes realmente somos en las redes sociales y, la inteligencia artificial acampa sobre nuestro propio pensamiento e identidad, nos quedan, únicamente; nuestros bellos e inútiles errores; lo que somos realmente: un vaso de papel.

Sin más parafernalia, vamos al grano: he recopilado los escritos que me resultaron más interesantes y que están plasmados en los baños universitarios. He tenido que seleccionarlos ya que, aunque son muchísimos, la mayoría hace referencia al tema sexual en toda su diversidad y, tan solo demuestra el ejército de hormonas trogloditas tan característico de la juventud. Sin embargo, también encontré texto interesante que bien podrían reflejar la identidad y las preocupaciones de nuestra juventud. A continuación, les comparto mi breve “análisis” al respecto:

La dualidad entre el bien y el mal está vigente en este texto; la practicidad de la juventud y el golpe cómico me recuerdan a los dioses gemelos Hunahpú e Ixbalanqué, quienes eran juguetones, astutos y traviesos. Sin duda, que nuestro origen y forma de pensar tienen sus raíces indígenas a flor de pared. Por otro lado, el texto en cuestión muestra la naturaleza de nuestra cultura hondureña, que se pasea entre los límites del conservadurismo y el laberinto (nuevamente juguetón) de las drogas.

La polarización política que vivimos recientemente también está manifiesta; es interesante ver el tono contestatario en términos de la desigualdad social y percibir la influencia de la matriz mediática en el pensamiento del hondureño. Desde luego que, seguramente, estos autores anónimos deben ser jóvenes que desde la privacidad de un baño manifiestan su arquitectura interna: su conducta como un síntoma social de molestia frente a una realidad que los aqueja.

Los textos manifiestan el hartazgo de la población ante los políticos-narcos; al leerlos se evidencia la sed de una juventud por tener mejores condiciones para vivir en paz y con dignidad, así como el deseo de ser dirigidos por personas con mayor catadura moral.

Cabe agregar que, por obvias razones, no pude leer las paredes de los baños de las mujeres, por lo que tuve que limitarme al baño de los hombres. Desde luego, la violencia también forma parte de esta realidad brevísimamente expuesta:

¿Cómo ser hondureño y no haber sufrido la violencia? Este es un recordatorio de que las relaciones de los jóvenes pueden ser violentas y que, muchas veces, los hombres también reciben violencia, la cual suele ser motivo de risa o hilaridad. Esto es muestra de una sociedad machista que ridiculiza a un hombre víctima por no cumplir con su rol de dominador; al romper con ese estereotipo de agresor, se le castiga con la burla.

El valor de la experiencia humana como riqueza es lo único que tenemos. Esta frase incita a no tener en cuenta el temor, a entregarse más; nos recuerda que incluso en la pérdida hay ganancia, por lo que nos invita a vivir con intensidad y sin miedo al fracaso.

Finalmente, los jóvenes viven en el presente y en el futuro, pues no hubo ninguna referencia al pasado en ninguno de sus textos. Por otro lado, y no menos importante: un texto en el baño no es literatura refinada, pero suele ser muy transparente; revela las carencias y deseos del escritor de forma casi impúdica, lo que lo vuelve un objeto de estudio interesante.

Démosle la oportunidad a toda forma de expresión; después de todo, la literatura está viva: estamos hechos de palabras y nos escribimos a cada paso.

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