¿Desde cuándo Honduras es un estado laico y que es laicismo?

Tegucigalpa, Honduras .- Hablar de laicidad en Honduras no es hablar de una moda reciente ni de un capricho ideológico contemporáneo. Es hablar de una decisión histórica tomada hace casi siglo y medio, cuando el país decidió, como parte de su proyecto moderno, separar el poder político del poder religioso y fundar un Estado basado en la razón, la ciencia y la libertad de conciencia.

El origen: la Reforma Liberal y la Constitución de 1880

Antes de que Honduras definiera constitucionalmente su carácter laico en 1880, ya existía en el mundo una experiencia que había marcado el rumbo de esa separación entre religión y poder político: Francia. Fue en el contexto de la Ilustración y, sobre todo, de la Revolución Francesa a finales del siglo XVIII, donde se formuló con claridad el principio de que el Estado debía ser neutral frente a las creencias y garantizar tanto la libertad religiosa como la libertad de no creer.

Allí nació el concepto moderno de laïcité, no como una postura antirreligiosa, sino como un mecanismo para proteger la convivencia social evitando que una fe se impusiera sobre las demás desde el poder público. Esa idea cruzó el Atlántico junto con las corrientes ilustradas que influyeron en los procesos independentistas y, más tarde, en las reformas liberales latinoamericanas del siglo XIX.

Francisco Morazán, considerado héroe nacional y defensor de la patria y soberanía, defendió  el estado laico e impulsó el laicismo mediante reformas para separar la Iglesia del Estado. Promovió la educación pública y laica, la libertad de cultos y la abolición de diezmos, buscando limitar el poder conservador eclesiástico y establecer un estado moderno basado en la razón y la igualdad.

El pensamiento de Francisco Morazán

El Estado laico hondureño nace formalmente en 1880, durante el gobierno de Marco Aurelio Soto y bajo la influencia intelectual de Ramón Rosa, en un contexto donde América Latina estaba impregnada por las ideas de la Ilustración y los conflictos entre liberales y conservadores que marcaron el siglo XIX.

La Constitución de 1880 es la primera que separa explícitamente la Iglesia del Estado y establece que:

° Los cargos públicos no dependen de creencias religiosas.

° Los ministros de culto no pueden ejercer funciones públicas.

° La educación pública pasa a ser laica.

Desde ese momento, Honduras se alinea con la corriente liberal latinoamericana que entendía que la libertad ciudadana solo era posible si el Estado dejaba de estar bajo tutela eclesiástica. 

La continuidad constitucional del laicismo hondureño

Lo notable es que esta decisión no fue circunstancial. Fue reafirmada por gobiernos democráticos y dictaduras por igual durante todo el siglo XX:

“Se garantiza el libre ejercicio de todas las religiones y cultos sin preeminencia alguna, siempre que no contravengan las leyes y el orden público”, Art. 77 de la Constitución. 

Es decir, durante 140 años, Honduras ha sostenido constitucionalmente el mismo principio:

El Estado no tiene religión y no favorece a ninguna.

Qué significa realmente la laicidad (y qué no significa)

Aquí aparece una confusión que ya advertían académicos en el foro de la UNAH en 2016: muchos hablan de laicidad sin saber exactamente qué significa.

La laicidad no es antirreligiosa, no es ateísmo, no es persecución de la fe. Todo lo contrario.

Como se explicó en ese foro:

La laicidad garantiza la libertad de creer y la libertad de no creer y algo sumamente importante: La religión pertenece al ámbito de la conciencia individual; el Estado, al ámbito de lo público común.

Este foro concluyó que la laicidad es la base que permite que todas las religiones convivan sin imponerse unas sobre otras es decir, proteger la fe de la manipulación política y proteger la política de la manipulación religiosa. 

La advertencia filosófica: cuando el Estado usa la religión

Las reflexiones traídas al foro ayudan a entender por qué este tema sigue siendo delicado hoy:

Los invitados advertían que hay dos formas en que un Estado se degrada:

Cuando se impone una creencia.

Cuando prohíbe todas las creencias.

Ambas son dictaduras.

Pero también advertía algo más profundo:

Cuando el Estado, para sostener su poder, empieza a apoyarse en las instituciones religiosas, termina debiéndoles favores.

Es decir, la religión comienza a ocupar funciones que el Estado abandona, y el poder político empieza a depender del poder religioso.

El abogado Rodil Rivera Rodil plantea que, hace algunas décadas, cualquier intento por debilitar el laicismo hondureño habría provocado una reacción cívica casi unánime. Sin embargo, hoy esa memoria parece diluida. Lo que antes se habría visto como un retroceso impensable, ahora transcurre con una preocupante indiferencia social, producto del desconocimiento histórico y del desgaste de la conciencia cívica.

Rodil sugiere que detrás de ciertos intentos por debilitar el Estado laico podría existir algo más que convicciones religiosas: acuerdos políticos. La historia demuestra que cuando el Estado comienza a otorgar privilegios, beneficios o reconocimientos especiales a instituciones religiosas, inevitablemente entra en una relación de dependencia. Esa relación altera el equilibrio entre lo público y lo religioso, y convierte a la fe en una herramienta de influencia política.

También leer: La Biblia en las aulas públicas: una contradicción con la Constitución y la educación laica

Como conclusión Honduras decidió ser un Estado laico en 1880 como parte de un proyecto de modernidad, libertad y racionalidad política. Durante 140 años, esa decisión fue ratificada por todas las constituciones del país y ahora (primer trimestres del año 2026 como presidente de Honduras el nacionalista Nasry Asfura y del Congreso Tomás Zambrano del mismo partido) se intenta violentar esta regla histórica, ya sea desde la emisión de leyes o desde la imposición a traves de la Secretaría de Eduación.

  • Mi continua búsqueda de conocimiento se traduce en una profunda pasión por la lectura y el análisis de las narrativas que abordan temas socioambientales. En un entorno donde el paisaje del periodismo ha experimentado una transformación significativa, mantengo firme la creencia que, incluso en la era de las redes sociales, es posible ejercerlo de manera profesional, evitando prácticas perjudiciales de sensacionalismo y desinformación que socavan nuestra labor informativa

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