¿Demasiada desregulación financiera con Trump?

Por: Kenneth Rogoff

NUEVA YORK—Si hace seis meses me hubieran preguntado por el riesgo de otra gran crisis financiera en los Estados Unidos, habría dicho que aunque siempre es posible, resulta mucho más probable en otros lugares. Por ejemplo, la economía japonesa enfrenta un aumento sostenido de los tipos de interés, tras varias décadas de haber sido casi nulos.

Pero al parecer subestimé el afán desregulador de la presidencia de Donald Trump. Aunque un replanteo de las estrictas medidas puestas en práctica tras la crisis financiera de 2008 es razonable, Trump ha iniciado un impiadoso recorte de personal en importantes agencias regulatorias, que en muchos casos incluyó a algunos de los expertos más veteranos, portadores de una memoria institucional esencial que se va con ellos.

Por desgracia, medidas intransigentes como esta son una receta infalible para grandes problemas en algún momento futuro (incluso antes de que Trump deje el cargo). A la campaña desregulatoria del presidente Ronald Reagan le siguió la crisis de las cajas de ahorro a fines de los ochenta. También la crisis financiera global de 2008‑09 fue resultado de años de desregulación, primero bajo el presidente Bill Clinton y luego bajo George Bush (hijo). La propagación de la crisis del Silicon Valley Bank en 2023 a los bancos estadounidenses de nivel medio se debió en parte a que la primera administración Trump debilitó los requisitos de capital. No quiere decir esto que otra crisis esté garantizada, todo lo contrario; pero aun así, hay muchos motivos para preocuparse.

La nueva agenda desregulatoria de Trump volvió a poner la mira en los requisitos de capital, que son uno de los determinantes de la decisión de los bancos respecto de obtener recursos ora endeudándose (en los mercados de bonos y en los de depósitos), ora emitiendo acciones. Los requisitos de capital son una forma de asegurarles a los bancos un «colchón» que les permita cubrir pérdidas y contar con un nivel de liquidez suficiente para no tener que rematar activos valiosos en caso de aumento inesperado de los retiros de depósitos.

Sin entrar en detalles técnicos, basta decir que según Moody’s, si los últimos cambios en la normativa disminuyen el volumen y la liquidez de los recursos de capital de los bancos, el riesgo bancario sufrirá un impacto negativo. Como demostraron los economistas Anat R. Admati y Martin Hellwig en su libro de 2013 The Bankers’ New Clothes, cuanto menos expuestos están los bancos a sufrir pérdidas propias, mayor es el incentivo que tienen a correr riesgos con el dinero de los contribuyentes.

Es verdad que no faltan argumentos a favor de reducir (o al menos optimizar) las regulaciones que siguieron a 2008. Michelle Bowman, vicepresidenta de supervisión financiera de la Reserva Federal de los Estados Unidos nominada por Trump, sostiene que eso implica obtener «una regulación más eficiente y bancos mejor posicionados para sostener el crecimiento económico, sin pérdida de seguridad y solidez».

Pero los cambios más preocupantes son los menos transparentes, entre ellos las reglas sobre pruebas de resistencia (simulaciones que se usan para evaluar si los bancos tendrían suficiente capital en caso de crisis) y las instrucciones a los reguladores sobre qué deben examinar y cuándo alertar de que hay problemas.

Incluso el predecesor de Bowman en la vicepresidencia de supervisión, Michael S. Barr, parece estar de acuerdo. Sigue siendo miembro de la Junta de la Reserva Federal, y en varias ocasiones votó en contra de los cambios regulatorios de la administración Trump. En una institución que valora el consenso como forma de garantizar a los inversores la continuidad de las políticas, tantas muestras de desacuerdo interno son poco habituales y por tanto dignas de mención.

Por cierto, los partidarios de una regulación bancaria más laxa señalan la feroz competencia implícita en la desregulación de las criptomonedas, sobre todo las stablecoins en dólares (criptomonedas cuyos emisores privados mantienen atadas al dólar). Es verdad que los bancos necesitan capacidad para innovar y competir. Pero también es obvia la necesidad de evitar una situación en la que la desregulación simultánea de las criptomonedas y del sistema financiero tradicional cree condiciones para una debacle inevitable.

¿Cuándo podría llegar esa debacle? Como documentamos Carmen M. Reinhart y yo en nuestro libro de 2009 This Time is Different, y como han demostrado numerosos estudios desde entonces, predecir cuándo se producirá una crisis es muy difícil, lo que se debe en parte a que tanto el gobierno como los bancos tienen motivos de sobra para tapar los problemas. Aun así, la advertencia respecto de un aumento sustancial de riesgos formulada en febrero de 2025 por la senadora Elizabeth Warren es difícil de rebatir.

Históricamente, una línea de defensa ha sido la relativa independencia de los distintos organismos regulatorios, entre ellos la Corporación Federal de Seguros de Depósitos, la Oficina del Contralor de la Moneda y la Reserva Federal misma. Es verdad que se necesita un debate sobre hasta qué punto deben ser independientes esos organismos (una cuestión más matizada que en el caso de la política monetaria). Pero es indudable que la interpretación expansiva del poder presidencial que hace la administración Trump ha llevado a un debilitamiento de la independencia regulatoria. La Casa Blanca está teniendo un papel creciente en la revisión de procesos regulatorios, que incluye reuniones más frecuentes entre los principales reguladores financieros y el secretario del Tesoro.

¿Es inminente una crisis total del sistema bancario? Probablemente no, porque a pesar del importante debilitamiento actual de los mecanismos de protección regulatorios, al sistema financiero le llevará varios años alcanzar un nivel de vulnerabilidad alto. Pero por desgracia, es posible que cuando eso suceda ya sea demasiado tarde para cambiar de rumbo.

Traducción: Esteban Flamini

Kenneth Rogoff, ex economista principal del Fondo Monetario Internacional, es profesor de Economía y Políticas Públicas en Harvard, ganador del Premio 2011 del Deutsche Bank en Economía Financiera, coautor (con Carmen M. Reinhart) de This Time is Different: Eight Centuries of Financial Folly (Princeton University Press, 2011) y autor de Our Dollar, Your Problem (Yale University Press, 2025).

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