De dictadores, desastres y el fin del mundo

Alianza

Por: Rodolfo Pastor Fasquelle

 Con fastfoward y flashbacks

La loca ETA se fue –chiflando- la noche del 4 de noviembre. Y me dejó sin electricidad y sin agua para los 50 amigos que comen de mi pan y los 200 animales que lo proveen.

Hay de dictadores a dictadores y quien no cree en la virgen ni en la ciencia. Ni menos en las competencias. Y entonces ¿son intercambiables los talentos del rapero con los del técnico en estrategia y logística de emergencias? Dos días antes 23 de octubre, despertando alguna incomodidad, JOH nombró al cantante de reguetón Max González, alias Killa, como Ministro de la Comisión Nacional Permanente de Contingencias COPECO. La ligereza lucía ofensiva ya que esa Comisión se ha visto involucrada en la corrupción grotesca que salpica a todo el gobierno por las compras amañadas de emergencia por la epidemia. De gratis, les hago la crónica que sigue, y saquen sus propias moralejas.

Y hay gente que no cree en emergencias. El jueves 29 de octubre el organismo del gobierno estadounidense -encargado de vigilar los fenómenos meteóricos que cruzan el Atlántico- NOAA avisó que se había formado en el Caribe Oriental, una depresión tropical. El 30 declaró que se había convertido en tormenta y se encaminaba tomando fuerza, en dirección a la costa centroamericana, y puntualmente a la Punta de Gracias a Dios, en frontera entre Honduras y Nicaragua, gobernadas por sendas dictaduras. Al día siguiente, sábado 31, a las cinco de la tarde NOAA avisó que ETA era ya un huracán peligroso. Que estaba a unos centenares de kilómetros y que impactaría en esa región.

Advertido del peligro, ese mismo 31 de octubre, el gobierno del dictador D. Ortega a través de su Sistema Nacional de Prevención de Desastres decretó una Alerta Roja para la Región Autónoma del Caribe Norte. Inició el traslado logístico de alimentos, medicinas, colchones, ropa, equipos y personal de salvamento del ejército y la policía hacia la ciudad de Bilwi, en el centro del área de impacto proyectada. A las 2 de la mañana del día siguiente, inició la evacuación de cientos de familias a lugares seguros. Se desplazó a cerca de 40 mil personas a albergues provisionales, escuelas y colegios mejor ubicados, con los insumos obligados y brigadas médicas. Para el 2 de noviembre el Huracán había escalado a Categoría 4 y golpeó la Costa por la noche. Al medio día siguiente, el meteoro barrió los edificios y la infraestructura del Bilwi, destruyó la red eléctrica, provocó caída de árboles, postes, muelles, viviendas destechadas y colapsadas. No se reportó pérdida de vidas humanas, aunque hubo alguna luego.

El gobierno de Honduras no tomó nota del primer, ni del segundo aviso. El 31 de octubre, Sinager flexibilizó a dos dígitos la circulación personal, restringida por la pandemia. El 1 de noviembre el régimen de JOH publicó, que no había razón para alarmarse, y que, en todo caso, si ETA continuaba en su ruta, se disiparía antes de causar mayor daño en Honduras, donde llegaría como lluvia. Y anunció que, a partir del siguiente miércoles 4 quedaría anulada toda restricción de movilidad, para que todo el mundo se desplazara con cautela y libertad a disfrutar el aplazado feriado de Semana Morazánica.

Por lo tanto, Copeco y Sinager debían organizarse para atender a los vacacionistas que ya se movilizaban hacia los destinos turísticos, mayormente por las carreteras. Happy days are here again, no hay ley seca.

En la noche del 2 de noviembre empero a casi a las 8 PM, en gran Cadena, el ministro Madero, Coordinador General del Gobierno dio marcha atrás. Ya que, debido a los riesgos para la población por la presencia del fenómeno natural se determinó cancelar el Feriado Morazanico. Se pidieron ¡disculpas a la industria turística! Sinager revirtió la flexibilización, y exigió que se circulase con dígito, aunque ya era inviable.

En Tela, decenas de miles de vecinos ya estaban inundados por aguas lentas.

Al amanecer siguiente, el 3 de noviembre la tormenta degradada vomita agua de muerte sobre el Litoral. Se produce la primera muerte, una niña. Los ríos sin protección se desbordan, los ríos protegidos se llenan, arrasan los puentes, rompen los bordos dañados. Ese día 3, ¡cinco días después que en Nicaragua! la dictadura de Hernández por fin decretó Alerta Roja. Los expertos y los organismos avisan que el Valle de Sula debe prepararse para lo peor. Se dispara el mecanismo de desastre, que ya no se puede prevenir.

En Los Castaños, Valle Escondido de San Pedro, quienes habían recién agarrado casas que ya no podrán pagar, ha perdido todo, el crédito junto los bienes de consumo que habían atesorado después de años de esfuerzo. El país ha perdido un aeropuerto, infraestructura, carreteras rotas y siete grandes puentes.

El 4 de noviembre, el Valle de Sula es un DESASTRE, según La Prensa que había desestimado la noticia. El día 5-11 en Nicaragua las cuadrillas recogen escombros ya y supervisan el retorno a una muy difícil normalidad. Aquí, ya nada tiene remedio.

En la tarde noche del 5 de noviembre, la dictadura de Hernández nos consuela. Anuncia que trabajará sin descanso para poner a salvo a los damnificados. Repaso.

Para entonces, El Progreso, la totalidad de La Lima se inunda. Una cuarta parte de la zona baja de San Pedro Sula, desde Chamelecón y la Rivera Hernández hasta La Planeta y el Aeropuerto Internacional se anegan de agua sucia y contaminada. Hay decenas de miles de personas en los techos de sus viviendas bajo el agua, muchos ya enfermos y frágiles, no tienen agua limpia ni alimentos. Unos tienen que escalar árboles. Los vecinos de La Planeta pasaron dos días y noches a la intemperie, en los techos, bajo sol y lluvia, sin agua potable, ni alimentos, esperando que los rescatasen.

Militares y policías emprenden el rescate de manera heroica. Han hecho lo imposible, miles de voluntarios rescatistas. También, con sus lanchas privadas, aunque se los dificulta la autoridad. Arriesgan sus vidas para salvar a los atrapados entre los torrentes. Ya sin peligro antier viernes 6 de noviembre, se sumaron al rescate un par de helicópteros de la Base Aérea de Palmerola, recogiendo gente de los techos y los islotes.

Pero las lanchas de la Naval solo sirven para perseguir narcos en alta mar. Sinager y Copeco no tienen lanchas, no tienen donde llevar a la gente, no tienen médicos ni medicina. Y el Presi aparece en la televisión suplicando que les presten lanchas planas. Ya el 5-11 según La Prensa, certificados hay más de 23, hoy 58 muertos, muchos 15 niños desaparecidos.

Aún deambulan los padres buscando a los niños que les arrebataron las corrientes. Al final, el inútil gobierno estima que ETA nos dejó 1.7 millones de afectados. Debe haber menos virus en el aire. Ya proliferan las enfermedades derivadas. Pronto brotarán las respiratorias y de la piel, luego el dengue y la leptospira. Y buena parte de la gran ciudad sigue sin agua potable aun el 7-11. Cuando aun vuelan los helicópteros tratando de rescatar víctimas varadas. 

Después del golpe y trauma, ayer 7 de noviembre, brotó la histeria colectiva, falsas alarmas, rumores malignos, caravanas de gente desalojando barrios secos. Parece, me dice una amiga, una película del fin del mundo. El fin del mundo tiene su historia, sin embargo. Vade retro.

La Naturaleza por supuesto no tiene culpa. Ni para el caso la pobre gente que no haya para donde agarrar y se pone en el camino de su fuerza. Menos la presunta deidad que permite el mal ¿Cuál natural? Ni todo es culpa del actual ejecutivo.

El estado cuyo fin primero y último según derecho natural es la salvaguarda de las vidas, cuenta con los recursos para ese fin. El de Honduras, dispone de organismos especiales con personal para contingencias, Copeco, Sinager, con equipos y dineros, estrategias y protocolos de emergencia. Asimismo, dispone de organismos como la Comisión del Valle de Sula encargada de la infraestructura, para la protección de los pobladores. Y los municipios tienen cada uno de ellos, mayormente el de San Pedro Sula, recursos para la emergencia, transportes, policías municipales, redes. Más sus ejecutivos solo a la foto llegan.

Una apología del gobierno alega hoy que el sistema debió haber funcionado, con los desagües y el Canal Maya, pero habrían sufrido abusos, daños, los bordos y les faltó el mantenimiento. Pero entonces ¿quién era el encargado de protegerlos contra abusos y daños? ¿Quién debía darles mantenimiento?

Durante décadas después de construir los bordos en los 70s, gobiernos débiles e improvisados, huérfanos de confianza pública, para compensar, han permitido el uso irracional del suelo. Para invasiones y urbanizaciones sin protección en geografías vulnerables o directamente expuestas y sistemas de drenaje que se dañaron para diversos fines. El gobierno fomentó la invasión de bordos y terrenos que habían sido lagunas, cuyos pobladores lógicamente taponearon los drenajes que confluyen en su vecindad, lo cual pone en riesgo a los demás, pero no los salva a ellos y ahí están bajo el agua. Los ediles dieron licencias a contribuyentes inescrupulosos que incluso dragaron bordos para vender material.

¿Procede una demanda internacional contra el etnocida que incumplió su obligación de salvaguardar las vidas de sus paisanos?

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