





Fue declarado como: “Refugio de Vida Silvestre Barras de Cuero y Salado” en 1987 y tiene 3,225 hectáreas de extensión territorial. La forma de llegar al refugio es a través de las vías del tren.






Antes de la pandemia del Covid-19, había un tren que transportaba a las personas, pero desde entonces no se les ha hecho mantenimiento a las vías, lo que ha ocasionado daños y se tuvo que suspender el servicio, porque el tren ya no podía correr sobre los rieles. Para poder transportar a los turistas y transportarse los mismos lugareños, han construido las “burras” un armatoste de fierros y madera que se montan sobre las vías del tren y son empujadas por jóvenes en motocicletas. La inestabilidad y descarrilamiento parcial de las “Burras”, más el recorrido de unos 50 minutos, convierten la experiencia entre emocionante y caótica, pero es compensada y olvidada por la belleza natural y animal del refugio.






El Instituto Hondureño de Turismo apenas ha dado mantenimiento a 1 KM de las vías, mientras estás se dañan cada vez más con el paso del tiempo. Esto, sin duda aleja el turismo, y pone fin a la tradición cultural de usar el tren.






El Manatí Antillano y el Cocodrilo son sin duda unas de las especies nativas más emblemáticas que más llaman la atención. El cuidado del refugio, está a cargo de la ONG Fundación Cuero y Salado (Fucsa), de las municipalidades de la región, del Instituto de Conservación Forestal (ICF) y del Centro Universitario del Litoral Atlántico (CURLA) que pertenece a la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH)






Apoya el periodismo independiente
Para seguir leyendo noticias y coberturas que importan, añade a Criterio.hn a tus preferencias de contenido y recibe nuestras actualizaciones directamente en tu feed.
Añadir Criterio.hn a mis preferencias