El reciente aumento de casi seis lempiras en los combustibles, registrado en apenas 18 días, evidencia cómo la dependencia de Honduras del mercado petrolero internacional impacta directamente en los precios de bienes y servicios, trasladando la presión económica al bolsillo de los hogares y al transporte público.
Por: Doris Sánchez
egucigalpa, Honduras .- El precio de los combustibles ha registrado un aumento cercano a seis lempiras, durante el nuevo gobierno. Una variación que repercute directamente en los costos de movilidad y en el presupuesto diario de los hogares, afectando de manera severa la economía doméstica.

Los aumentos de precios, tarifas e impuestos ejercen un impacto directo sobre la economía doméstica, aunque los mecanismos que los determinan no siempre resultan claros. Cada incremento modifica la capacidad de los hogares para cubrir necesidades básicas. Mostrando cómo las decisiones políticas y empresariales se reflejan en la vida cotidiana. La observación de estos efectos permite identificar patrones de presión económica y desigualdad en la distribución de los costos, revelando tensiones estructurales en el sistema que afectan de manera desigual a la población.
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Respecto al tema nos habla la economista Liliana Castillo quien dijo que este incremento en los precios de los combustibles responde principalmente al encarecimiento del petróleo en el mercado internacional, influenciado por conflictos en países productores, lo que impacta directamente a Honduras por su condición de importador neto.
Sin embargo, con la finalización de la temporada fría y la llegada de los meses más calurosos, se incrementa el consumo de energía debido al mayor uso de sistemas de climatización, lo que eleva la demanda de combustibles tanto a nivel local como internacional. Este aumento estacional, sumado a la persistencia de conflictos en países productores, genera una presión adicional sobre los precios, por lo tanto no se prevé una reducción en el corto plazo, sino más bien una tendencia al alza impulsada por mayores niveles de consumo.
Castillo puntualizó que, el aumento del precio de los combustibles se debe principalmente “a la combinación de factores estacionales y geopolíticos: al terminar la época de frío y llegar los meses más cálidos, como febrero, marzo y abril, se incrementa el uso de aire acondicionado y sistemas de climatización, lo que eleva significativamente la demanda energética”. Cabe señalar que, esta presión adicional sobre el consumo, sumada a los conflictos que persisten en países productores de combustible, genera un escenario donde los precios no solo dejan de bajar, sino que tienden a seguir subiendo.
AUMENTO DE COMBUSTIBLES GOLPEA HOGARES Y ELEVA LA CANASTA
Debido a estos incrementos, el consumidor final es quien termina siendo más afectado. Incluso quienes no tienen vehículo sienten las consecuencias, porque el transporte público se encarece y los alimentos y otros bienes esenciales aumentan de precio. Esto ocurre porque los productores, al enfrentar mayores costos por combustible y energía, trasladan esos incrementos al precio final de los productos, generando un impacto directo en el bolsillo de la población.

El doctor en economía Claudio Salgado dijo que, el alza en los precios de los combustibles responde a factores internacionales, señalando que los conflictos en el Medio Oriente inciden directamente en el incremento de los carburantes. Asimismo, indicó que las condiciones climáticas extremas, como el hielo y las nevadas en otros países, elevan la demanda de combustible especialmente diésel para calefacción, lo que también presiona al alza los precios en el mercado internacional.
Cabe señalar que el combustible es un insumo clave para muchas empresas, utilizándose en transporte, maquinaria y logística; por ello, cuando su precio sube, los costos de producir bienes y servicios también aumentan, y ese incremento se traslada a los consumidores mediante precios más altos. Este efecto generalizado provoca inflación, que reduce el poder adquisitivo del dinero, y se refleja de manera evidente en los productos de la canasta básica, cuyos precios suben porque su producción y transporte dependen directamente del combustible.
Salgado puntualizó que, cuando el precio del combustible sube y el país necesita importar petróleo o derivados, se incrementa el gasto en la factura petrolera, es decir, en la compra de esos productos en el extranjero. “Para cubrir ese gasto, el país puede utilizar sus reservas internacionales, que son los fondos acumulados para garantizar estabilidad económica y pagos externos”. Esto significa que parte de lo que se había ahorrado o acumulado en reservas comienza a gastarse para pagar el combustible importado, reduciendo así la cantidad disponible en esas reservas.
Sin embargo, el aumento en los precios de los combustibles para el consumidor, no solo responde a factores internacionales, sino que también tiene repercusiones directas en la economía local.
Al encarecerse este insumo clave, se incrementan los costos de transporte, producción y distribución de bienes y servicios, lo que se refleja rápidamente en los precios de la canasta básica y en el gasto diario de los consumidores. Este efecto en cadena muestra cómo las variaciones del mercado global pueden trasladarse de manera inmediata a la vida cotidiana de las personas.
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El economista y rector universitario, Julio Raudales justificó que, “debido a la situación internacional del mercado petrolero, los precios del crudo han experimentado aumentos constantes en las últimas semanas». Y como el país no cuenta con refinerías propias, los precios están expuestos a las fluctuaciones internacionales.
Raudales contempla que en Honduras los combustibles están sujetos a impuestos relativamente altos, que representan una proporción significativa del precio final que paga el consumidor. Por ejemplo, en el caso de la gasolina superior, el impuesto constituye aproximadamente el 40% del valor total del galón.
En otro tipo de combustibles, la carga impositiva es menor: la gasolina regular tiene un impuesto más bajo, el diésel aún menor, y el kerosene y el gas butano presentan los niveles más bajos de gravamen. Esto refleja una estructura tributaria escalonada según el tipo de combustible.




