Por: Leticia Salomón
Todo el espectáculo montado alrededor de una real o supuesta declaratoria de ganadores por parte del Consejo Nacional Electoral y todos los alineamientos derivados y expuestos públicamente por políticos cínicos, abogados obsesionados, periodistas descarados o ingenuos, pastores interesados y todólogos con aires de sabios de la antigua Grecia, se reduce a una cuestión sencilla que muchos tratan de ocultar: que el bipartidismo no pudo seguir practicando con la secretividad e impunidad de siempre lo que han ido perfeccionando a lo largo de los procesos electorales: parar de contar los votos de los electores y negociar porcentajes, cantidades y nombres, de acuerdo a los intereses de las fuerzas políticas que están detrás de los operadores electorales del CNE y TJE. De ahí la importancia del desliz cometido por la máxima autoridad del partido Liberal cuando en un exceso de exaltación mediática señaló que las elecciones no se decidían en la votación sino en el CNE.
Esa es la razón por la que los partidos Nacional y Liberal, ahora con la presencia incómoda del partido LIBRE, pusieron siempre en los organismos electorales a sus leales e incondicionales peones para dar la batalla sucia y convertirse en los operadores políticos del fraude, de la habilidad para facilitar, encubrir y disfrazar de legalidad las picardías ordenadas por las fuerzas negociadoras reales, convirtiendo siempre a esos operadores en simples marionetas movidas por los hilos de quienes han convertido el procesamiento de los votos en tremendo negocio y en donde pierden total relevancia la voluntad popular, la Constitución de la República, la Ley Electoral y los procedimientos administrativos.
Como siempre fueron dos los protagonistas de esta historia y como sólo eran ellos los que negociaban y resolvían “sus asuntos” sin que trascendieran acusaciones de fraude y menos de agresiones a la supuesta independencia de los organismos electorales, las tradicionales declaratorias de ganadores eran aceptadas por propios y extraños como verdades absolutas, incuestionables y universalmente aceptadas.
El primer tema a resolver era quien ganaba las elecciones a nivel presidencial: cuando el perdedor aceptaba su pérdida estrictamente a nivel del verdadero poder detrás del bipartidismo, paraban de contar los votos y procedían a negociar los diputados al Congreso, incluida la presidencia, y los alcaldes. Ahí se decidía quien quedaba y quien no quedaba como diputado o alcalde, al margen de los votos que sacara, como quien dice al margen de la voluntad popular expresada en las urnas, tal y como se ha visto en el actual proceso.
De todo lo anterior han sido conocedores y partícipes todos los políticos honorables y otros que no eran tanto, que han ocupado cargos en los organismos electorales, con contadas y honrosas excepciones. Todos ellos han asumido con disciplina partidaria su triste papel de operadores del fraude, de militantes incondicionales, de serviles del poder partidario y de “mancha brava” de la pelea interpartidaria.
En este proceso electoral las cosas fueron diferentes, se salieron del control bipartidista y trascendieron al público pese al control mediático corporativo que hace tiempo dejó de tener el monopolio de la narrativa electoral del bipartidismo, y pese al apoyo externo de los organismos y países que han actuado como observadores electorales y que terminaron siendo parte del esquema institucional del fraude bipartidista. Bastaba con escuchar la famosa Declaratoria oficial de las elecciones para que todos ellos salieran a callar, reconocer, aplaudir y proclamar el “triunfo” de la democracia minimizando reclamos, señalamientos y denuncias de irregularidades, aunque fueran tan grandes como nunca antes, asumiéndolas y calificándolas como “daño colateral” con el que tiene que convivir la democracia.
En este proceso, a diferencia de los anteriores, algo fundamental cambió y es la presencia del partido LIBRE como el tercero en discordia, presente en los organismos electorales pero marginado de una participación activa por la gran decisión adoptada desde afuera y desde antes por la oposición política, empresarial, mediática, religiosa y político social de impedir a como diera lugar que LIBRE ganara las elecciones. Este hecho y no otro, le permitió a la ciudadanía conocer los pormenores de los arreglos internos de los dos partidos Nacional y Liberal en el CNE y en el TJE, ante lo cual se posicionó la oposición para minimizar y desnaturalizar las denuncias que en cualquier país verdaderamente democrático hubiera encendido todas las alarmas.
Todo lo anterior ha configurado un cuadro de lo absurdo e irracional del momento que vivimos, lo que nos lleva a destacar lo siguiente:
1. La voluntad popular expresada en las urnas terminó siendo la menos popular de las voluntades y perdió totalmente su centralidad democrática.
2. Las representantes de los dos partidos tradicionales Nacional y Liberal en el CNE y TJE terminaron decidiendo cuáles actas se contaban y cuáles no, cuáles impugnaciones se resolvían y cuáles no, a cuáles diputados daban por ganadores y a cuáles sacaban, todo ello de acuerdo a los grandes negociadores de sus propios partidos.
3. Sin la menor vergüenza muchos “demócratas” terminaron afirmando que el conteo voto por voto va contra la Constitución.
4. La circulación de audios que ponían en precario la legitimidad de los resultados electorales terminaron reducidos a la procedencia de los mismos en lugar de activar las alertas e intensificar la vigilancia y aquí tenemos los resultados.
5. La injerencia de otro país en un proceso electoral interno manifestando simpatías, antipatías, amenazas, advertencias y apoyos, fue una luz verde al proceso fraudulento e irrespetuoso de la ley impulsado por los dos partidos tradicionales.
6. Las cúpulas partidarias y los “dueños” de sus partidos, con el apoyo incondicional del resto de la oposición, procedieron a la tradicional negociación de quitar y poner amigos y familiares, sacrificar al non grato porque incomodaba, negociar puestos clave de la administración pública como cuota de poder político y buen posicionamiento en el Congreso Nacional.
7. Por lo anterior, la intervención del poder Legislativo para impedir que se consumara el vergonzoso atropello a la voluntad popular por todas las irregularidades de un proceso electoral tan deficiente, ha activado todas las alarmas porque pone en precario los arreglos, compromisos y tratos, lo que les mueve el piso y le pone freno a todas las ambiciones activadas y puestas en escena.
8. Resulta interesante lo que ocurre en el partido Liberal cuyo lado oscuro realizó sus acomodos y reacomodos al margen de su candidato y seguidores que cayeron como ingenuos en el mar de tiburones voraces que saben hacer su juego y salir “con algo” o “con mucho” sin importar a quienes sacrifican, en particular diputados y alcaldes.
9. En un contexto de polarización y confrontación abiertamente manipulado, cosas básicas de una cultura política democrática quedan totalmente minimizadas para reducir todo a simpatías y antipatías ante uno u otro partido.
10. En una situación de crisis llevada al extremo, aflora la condición humana y esa vergonzosa vocación de serviles propia de políticos incultos, de escaso talento y mirada corta, apelando al apoyo externo, mejor si es imperial, para ofrecer el país, entregar la soberanía y negociar apoyo limosnero a sus minúsculas aspiraciones locales.
En resumen…
¡Pobre país, en manos de quienes ha caído! “Trujamanes de feria”, manipuladores de la ignorancia, ignorantes ellos mismos, vividores de la esperanza, exacerbadores de la fe, agitadores de fantasmas… Todos ellos se han repaseado en el país, en la democracia, en el presente y en el futuro, y nos han colocado de cara al mundo como objeto de burla y desprecio por cualquier experto sabelotodo que cree saber desde afuera la intensidad con que se mueven las aguas en nuestro país.
A todos ellos hay que mandarlos a la escuela para ver si son capaces de desaprender todo lo que les enseñaron en sus familias y todo lo que aprendieron de la administración pública más allá de la negociación del diezmo, el negocio de las demandas contra el Estado, la venta de soberanía, la compra de votos en el Congreso cuando se impone ese “estilo”, el pago para suplir ausencias al momento de tomar decisiones, el arte de la auto humillación frente a los intereses externos y sobre todo esa increíble disposición a manipular la Constitución de la República para premiar a quienes la violan y castigar a quienes reclaman su vigencia.
Por todo lo anterior, a todos aquellos que proclamen orgullosos, agresivos y provocadores, o si todavía están en la etapa del autoflagelo o en la búsqueda de culpables, que pronuncien las siguientes afirmaciones:
1. El partido Nacional ganó la Presidencia de la República.
2. El partido Liberal volvió a ser el segundo partido más votado.
3. LIBRE no sacó ni el 20% de los votos.
4. Este o aquél fue el diputado más votado.
5. El alcalde ganador en el Distrito Central fue el candidato del partido Nacional.
6. El alcalde de San Pedro Sula es el candidato más votado del país.
7. JC fue el diputado más votado de Olancho.
8. El diputado X sacó más votos que la candidata del partido LIBRE en X departamento.
9. El diputado X del partido Nacional ganó limpiamente su curul, después de que quedaba fuera.
10. Las elecciones generales de 2025 fueron las elecciones más transparentes de la historia del país.
La pregunta obligada ante estos extremos es: ¿QUIEN LO DICE? De la respuesta se podrá deducir si es ingenuo o tonto, si está en la movida, si es ciego, sordo o mudo, si no es, pero se hace, si forma parte de la argolla negociadora de los partidos Nacional y Liberal, o si es parte de su familia, si es un resentido, si está alineado desde antes de las elecciones, si es un observador electoral extranjero o si es uno de los tantos expertos internacionales en democracias fallidas.
Por todo lo dicho, el partido Nacional seguirá siendo un partido lleno de corruptos y narcos; el partido Liberal seguirá estando a la altura de los lideres que lo llevaron al fracaso; el futuro partido de SN estará a la altura de su vedetismo, servilismo e ignorancia y LIBRE, si no saca las lecciones necesarias terminará pareciéndose a uno u otro si fracasa en convertirse en la alternativa que necesita el país: ¡Tristes perspectivas para un país que se merece mucho más de lo que tenemos!





