Aunque los informes oficiales destacan mejoras en pobreza y empleo, en los barrios y comunidades de Honduras la vida cotidiana refleja otra realidad; muchas personas enfrentan empleos inestables, ingresos ajustados y desigualdad persistente, mostrando que el avance estadístico no siempre se traduce en cambios tangibles para la mayoría.
Por: Doris Sánchez
Las cifras muestran que Honduras avanza, pero lo que vive la gente a diario cuenta otra historia. Aunque los informes oficiales resaltan reducciones en pobreza y desempleo, muchas personas siguen enfrentando ingresos insuficientes, trabajos inestables y condiciones de vida precarias. La diferencia entre los números y la experiencia cotidiana en barrios urbanos y comunidades rurales evidencia que el crecimiento económico no alcanza a todos por igual.
La mejora en los indicadores de pobreza y desempleo no ha ido acompañada de cambios reales en el mercado laboral ni de una distribución más equitativa de la riqueza. Principalmente los nuevos empleos se encuentran en la informalidad, sin seguridad social ni estabilidad, lo que limita la capacidad de las personas para salir de la precariedad.

Según el boletín regional del Consejo Hondureño de la Empresa Privada (COHEP), emitido en noviembre de 2025, Honduras se mantiene como el país con mayor nivel de pobreza en Centroamérica, con un 62.9% de su población viviendo en esta condición. Este dato subraya que el crecimiento económico, aunque existente, no ha sido suficiente ni equitativo. La mayor parte de los hogares no percibe mejoras sostenidas en su bienestar, lo que cuestiona la capacidad del modelo económico para generar beneficios amplios y duraderos.
Sin embargo, el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) presentó los resultados de la Encuesta permanente de Hogares de Propósitos Múltiples (EPHPM) 2025, elaborada junto con SETRASS Y SEFIN. El informe señala que la pobreza nacional se redujo de 73.6% en 2021 a 60.1% en 2025, una disminución de 13.5 puntos porcentuales que, desde la perspectiva institucional, representa un avance significativo.
Asimismo, el boletín indica que la pobreza extrema pasó de 53.7% a 38.3% entre 2021 y 2025, lo que supone una disminución de 15.4 puntos porcentuales. De igual manera, la población clasificada como no pobre aumentó de 26.4% a 39.9%. Para el INE, estas variaciones reflejan mejoras en los ingresos y en ciertas condiciones de vida, aunque no explican la calidad ni la sostenibilidad de esos cambios.
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El abogado laboralista German Edgardo Leitzelar Hernández dijo que “no hay forma clara de afirmar que hubo una mejora real del empleo cuando gran parte de la población clasificada como ocupada no cuenta con salario mínimo, seguridad social ni estabilidad laboral conforme a la legislación hondureña vigente.
El Instituto de Seguridad Social, a lo largo de la historia, ha tenido más afiliados que aportantes. Muchos patronos retienen las cotizaciones, pero no las ingresan, lo que genera que la institución atienda a más personas de las que realmente aportan. Esto explica en gran parte la caída del servicio de la seguridad social”
Señala que es necesario saber cómo se va a medir la línea de pobreza, que tiene muchas caras: existe pobreza absoluta, pobreza parcial y otros niveles. También hay problemas relacionados con el desempleo, la desocupación abierta, las personas que se dedican a negocios propios, el trabajo por hora sin regulación oficial, entre otros.
“Lamentablemente, no voy a cuestionar directamente las estadísticas porque desconozco el método, pero no son creíbles. Necesitamos mucha más información y mucha más transparencia para poder otorgarles mayor credibilidad como sociedad”, acotó Leitzelar.
Explica que no se puede afirmar que un gobierno no genera ningún empleo, pero la pregunta real es si se cruzan estos datos con los empleos que se perdieron, con las personas que emigraron o con quienes cerraron emprendimientos, micro negocios o empresas. En el sector maquila, por ejemplo, se perdieron fácilmente unas 180 mil plazas en cuatro años. Si se perdieron 180 mil y se crearon 180 mil, entonces no hubo crecimiento real del empleo.
Cuestiona que lamentablemente, dentro del país muchas veces, con el afán de dar una imagen equivocada, incluso en la cultura común de las personas, preferimos simular una situación antes que asumir una verdad. En temas tan delicados como el desempleo y la reducción de la pobreza, en lugar de generar una solución o al menos una vía de solución, porque las cosas no se solucionan de inmediato, se generan expectativas equivocadas o perspectivas erróneas.
CIFRAS POSITIVAS, DESIGUALDAD Y POBREZA SIGUEN VIGENTES
La pobreza extrema, en particular, sigue representando uno de los mayores desafíos del país. Es invisible tanto en zonas rurales como urbanas, donde persisten carencias en acceso a servicios básicos. Vivienda adecuada y empleo estable. Aunque las cifras oficiales muestran una reducción, el volumen de personas afectadas sigue siendo elevado y difícil de ignorar.
En el ámbito laboral, el INE reporta que la fuerza de trabajo aumentó de 4,071,227 personas en 2021 a 4,286,430 en 2025. De igual forma, la población ocupada creció de 3,722,370 a 4,075,415 personas. Estos datos apuntan a un incremento en la participación económica, pero no necesariamente a una mejora en la calidad del empleo.
A esto se suma la reducción de la tasa de desocupación, que pasó de 8.6% en 2021 a 4.9% en 2025, según la EPHPM del INE. Para las autoridades, esta caída es un indicio de un mercado laboral más dinámico. Sin embargo, la cifra por sí sola no distingue entre empleo formal y ocupaciones precarias.
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José Luis Baquedano dirigente sindicalista de las Centrales de Obreros dijo que “con todo el respeto que se merecen estos funcionarios, quiero decirles que el papel puede con todo lo que le pongan. La realidad es otra. Que vayan al campo, que vayan a los barrios y colonias, que vayan a ver realmente cómo está la situación, cuanta gente anda en las calles mendigando, uno ve en esas colonias cuanta gente anda reciclando productos de la basura, porque no hay una oportunidad de empleo”.
Asimismo, dice que se requiere de forma urgente inversión pública y privada, generar condiciones adecuadas, garantizar que cualquier empresario o cualquier persona que quiera invertir va a hacer rentabilidad y va a haber seguridad. Porque en Honduras se invierte, llegan los extorsionadores, si no pagan los matan. Entonces eso no es un buen ambiente. Y no digamos con la situación política que tenemos en este momento. Hay que generar condiciones adecuadas.
Explica que se requiere de seguridad jurídica, seguridad política, el tema de la extorsión, seguridad ciudadana, porque son factores fundamentales. El tema de la tramitología son factores fundamentales para que alguien quiera invertir en un país. Entonces estamos viendo que muchas empresas han migrado de nuestro país a los países vecinos porque no ha habido una política clara en ese sentido que garantice a los empresarios seguridad en su inversión y también rentabilidad.
Agrega que mientras los informes resaltan estabilidad y resiliencia económica, millones de personas continúan enfrentando dificultades para cubrir necesidades básicas como alimentación, transporte, salud y educación. La concentración de la riqueza en sectores específicos limita el impacto real de cualquier avance estadístico sobre la mayoría de la población.
En este contexto, Honduras muestra avances medibles en algunos indicadores sociales, pero la pobreza sigue vigente y el empleo digno continúa siendo una deuda histórica. Los datos oficiales reflejan mejoras, pero la realidad diaria de la mayoría de los hondureños evidencia que los desafíos estructurales aún están lejos de resolverse.





