El reto de Bukele

A los casi 3 meses del nuevo gobierno

REFLEXIONES

Por: Rodil Rivera Rodil

Ya pasaron casi tres meses de la instauración del régimen nacionalista, pero aún falta para los famosos 100 días que, según la tradición, deben darse a los nuevos gobiernos para medir su capacidad y la calidad de su gestión, sobre todo, económica, en función de su orientación político ideológica y de la correlación entre las fuerzas que ganaron y las que perdieron el poder, y desde luego, de cara a las expectativas de la población.

Pero mientras transcurre ese plazo, puedo adelantar que creo que ha llegado el momento, como en otras partes, en que, para los análisis de coyuntura, en especial, sea más práctico identificar dichas fuerzas, más que por sus nombres y otras características, por su posición ideológica, esto es, izquierda o derecha. O, expresado de otra manera, por quienes son partidarios de los cambios para ayudar a las mayorías desfavorecidas, y quienes se oponen a ellos y desean mantener las cosas como están, sin tocar nada, y menos los privilegios de las élites económicas.

Lo expuesto, sin tomar en cuenta la magnitud de los cambios de que se trate. En la izquierda, por tanto, incluyo a la moderada, al estilo de la social democracia europea o la nueva izquierda o progresismo de América del Sur, y por supuesto, a la izquierda considerada radical, con la aclaración de que entre nosotros a esta última se la juzga así, no porque en realidad tenga la menor intención o posibilidad de promover transformaciones profundas, sino porque sus voceros, la mayoría de las veces sin que venga al caso, acostumbran exaltar con estridencia postulados de corte socialista o defender a capa y espada a Cuba, Nicaragua y Venezuela. El caso de Libre es muy particular, porque sigue siendo, más que un partido propiamente dicho, una especie de frente amplio en el que se aglutinan casi todas las izquierdas del país, y el que, dicho sea de paso, entiendo que muy pronto va a emprender la obligada autocrítica por la derrota que sufrió en los pasados comicios.

La derecha, por su parte, abarca, en igual forma, a la moderada y a la extrema, como puede verse en los partidos tradicionales, que en los últimos años han venido entremezclando e intercambiando sus principios programáticos. El Partido Nacional ha adoptado en ciertas ocasiones posturas que podrían calificarse de avanzada y el Partido Liberal se ha vuelto reaccionario a más no poder, y de aquí es de donde nace el odio visceral de su dirigencia actual a Libre, olvidando que este surgió de su mismo seno; porque así es la naturaleza humana. 

Sin embargo, después de la irrupción de Libre en la escena política, la diferencia entre ambos partidos se ha reducido al mínimo, al grado que a estas alturas puede aseverarse que han experimentado una suerte de fusión doctrinaria que los ubica, con imperceptibles matices, en una diáfana extrema derecha y por tal motivo es usual, y más apropiado, quizás, referirse a ellos como el “bipartidismo”. Lo que explica la extraña alianza que han conformado en este gobierno, aunque muy similar a la que siempre ha existido entre el jinete y su caballo, pero en la que el Partido Liberal no es precisamente el jinete.

De ahí que la nota política más preponderante que hemos presenciado en estos días ha sido la protagonizada por los diputados liberales al salir a luz que han recibido 100 mil lempiras cada uno por su voto para las inusitadas iniciativas, constitucionales incluidas, que están impulsando los nacionalistas en el Congreso Nacional, entre muchas otras, los juicios políticos para que su partido se asegure el control de los órganos electorales en las próximas elecciones, castigos ejemplares para los congresistas que se porten mal, la eliminación de la comisión permanente, jurando que van a celebrar sesiones los 365 días del año y no sé cuántos decretos de emergencia para facilitar las compras directas y profundizar el modelo neoliberal que nos agobia.

Pero lo que ha provocado revuelo en los medios, es que de aquí en adelante los diputados van a elegir directamente, como en una asamblea del patronato de la Torocagua, al jefe de las Fuerzas Armadas, y oyendo sus argumentos para esta reforma, parece que también estarán prestos, para que nadie dude de su acendrado patriotismo, a vestir el uniforme militar cuando sea necesario, ¡que viva La Pepa!, aunque no para ir a la guerra, que no es para tanto, sino para apalear manifestantes, que es más fácil y menos expuesto. “La Pepa”, por si no se recuerda, fue la novedosa Constitución de España de 1812, que el pueblo vitoreaba de ese modo por haber sido promulgada el 19 de marzo, día de san Pedro, “Pepe”, y porque el vocablo “constitución” pertenece al género femenino.

Pero la verdad, según me contaba un amigo nacionalista, es que a los diputados liberales no se les podía pagar con el presupuesto del Congreso porque ahora mismo sus directivos están en plan de probar su acrisolada rectitud y transparencia, y no se vería bien, claro está, que lo usaran para semejante fin, por lo que optaron por pedir el dinero al Poder Ejecutivo, y como dijo el presidente Asfura, él no tuvo inconveniente en proporcionarlo por las facultades que, y lo cito, “la ley le otorga y hay un reglamento y es una potestad del presidente poder ayudar”. Más claro, solo el agua, pero no la que el SANAA hace llegar a las casas de los pobres, cuando lo hace, porque esa es puro lodo.

Esto último resulta muy útil para establecer los parámetros del mercado de diputados. En efecto, a principios del siglo XX, Samuel Zemurray, el dueño de la United Fruit Company, informaba que en Honduras una mula valía más que un diputado. Ignoro los precios de estos en esa época, pero, por las cantidades que erogó la presidencia, ya contamos con una cotización, digamos oficial, para hacer el cálculo. Veamos, una buena mula puede costar hoy en día entre 20 y 30 mil lempiras, lo que significa que se requiere del valor de tres a cinco de ellas para agenciarse un diputado liberal.

Pero no hay que menospreciar a las mulas, el precio de una de alta calidad en el mercado internacional puede ser muy superior, como es el caso de “Milagros”, la mula de paso fino de Antioquía, Colombia, que a sus cinco años obtuvo un sonado triunfo en la feria “Agroexpo” que tuvo lugar en julio del 2025 en Bogotá, y cuyo precio se estimó en más de 84 mil euros, o sea, más de 2.2 millones de lempiras, con lo que se podrían adquirir 22 diputados, vale decir, la mitad de la bancada. Con la advertencia de que no estamos hablando de nacionalistas, que es probable que sean bastante más caros, por aquello de que están en el poder y, como quien dice, tienen la sartén por el mango.

Concluyo manifestando, amable lector, para evitar cualquier mal entendido o que me quieran hacer un juicio político -ahora se hacen a granel y a quien sea- que mi anterior apreciación no comprende a los diputados, que los hay, que no se venden. Que conste.

  • Abogado y Notario, autor de varios ensayos sobre diversos temas de derecho, economía, política e historia; columnista por cuarenta años de varios diarios, entre ellos, EL Pueblo, El Cronista, Diario Tiempo y La Tribuna, y diputado por el Partido Liberal al Congreso Nacional de 1990-1994.

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