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Navidad al estilo sueco y belga

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Por: Redacción CRITERIO

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Suecia

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Los aguinaldos están ya colocados bajo el árbol iluminado, las velas lucen por todas partes y en la mesa está ya puesto el bufé smörgåsbord con todos los platos clásicos: jamón navideño, salchichas de carne de cerdo cocida, gubbröra (revuelto de anchoa, cebolla y huevo cocido duro, entre otras cosas), ensalada de arenque, arenques marinados, paté de hígado casero, vörtbröd (pan hecho con mosto de cerveza), patatas y lutfisk. El jamón debe cocerse primero y, después, asarse a la parrilla una vez recubierto con una mezcla de huevo, pan rallado y mostaza.

El lutfisk es bacalao seco macerado en agua y sosa hasta que se hinche. Cuando todos han comido hasta quedar satisfechos, llega el gnomo en persona para desear a los presentes una Feliz Navidad. Después de haber celebrado la Navidad con familias nuevas y viejas, parientes y nuevos familiares por casamiento, al llegar el Año Nuevo, los suecos quieren estar con sus amigos. No hay inconveniente en que la celebración navideña sea de corte familiar tradicional, pero el Año Nuevo debe ser más lujoso, frívolo, internacional y moderno.

En los mercados, los clientes de última hora compiten por los pocos bogavantes y por la última caja de ostras que quedan. Luego, en casa, se procede a reducir salsas, caramelizar cáscaras de naranja y poner la mesa con la vajilla más fina. La gente se viste bien con ropa recién comprada y, de una forma rara, consigue siempre olvidarse del clima imperante fuera del hogar. Sin embargo, las medias y los zapatos de tacón alto ya no sirven de nada en pleno invierno.

Ya sentados a la mesa los comensales, se discute sobre el año que se va y también sobre el que se avecina. Se manifiesta la intención de mejorar y, al sonar las doce campanadas, se hacen las promesas de Año Nuevo: una costumbre sueca. Al igual que otras festividades suecas, la de Año Nuevo ha llegado a caracterizarse por la oferta recurrente de los medios de comunicación.

Así, desde Skansen, museo al aire libre situado en Estocolmo, se emiten en directo todos los años la recitación de una poesía de Año Nuevo y las doce campanadas. Hay personas que se sienten más seguras celebrando el fin de año delante de la tele en sus cuartos de estar.

 No obstante, como ya se ha indicado, son muchas las que prefieren el frío de esa noche. Si no se tiene la suerte de vivir en un piso urbano con buena vista, al aproximarse la medianoche se acude a espacios abiertos donde poder disparar los fuegos artificiales propios y contemplar a hurtadillas los de otros.Y allí está la gente: arropada, con recogimiento, y mirando al horizonte donde todo chisporrotea y crepita, independientemente de que tenga de fondo pinos dispersos o casas altas. Un día antes de la Nochebuena, el sueco se echa a la calle para tratar de encontrar el árbol de Navidad perfecto en algún punto de venta. Esa es una tarea muy seria: el abeto es el símbolo mismo de la Navidad, y tiene que ser un ejemplar homogéneamente tupido y recto.

Los habitantes de las ciudades compran el abeto en la plaza, mientras que los que viven en el campo, lo cortan personalmente en sus propias tierras. Muchos creen que, según el derecho consuetudinario de acceso libre a la naturaleza, pueden ir a cortar un abeto en cualquier bosque, pero la cosa no es precisamente así. El abeto es abatido con un hacha, una sierra o –como en la zona occidental de la región de Värmland, junto a la frontera con Noruega– con escopeta. Pero no es recomendable.

La tradición familiar determina la forma de adornar el abeto. Algunas familias lo visten con banderas; otras, con espumillones y bolas de distintos colores. La mayoría utiliza iluminación eléctrica, para evitar el riesgo de incendio

Bélgica

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Cuando llega la Navidad toda Bélgica se llena de lucecitas, de dulces de dulces especiales de navidad, de figuras de chocolate con la forma de San Nicolás e incluso de cervezas de Navidad (bush de Noël).

 Una de las costumbres más típicas de la mayoría de las ciudades son los mercadillos de Navidad. Durante la Nochebuena, los belgas celebran la cena de Navidad, que incluye pavo relleno y un postre especial llamado “la bûche de Noël”, que es un pastel hecho con crema.

Después de la cena familiar se va a la misa del gallo.

Aunque San Nicolás ya trajo los regalos el 5 de diciembre, en el interior de las familias se intercambian presentes el mismo día de Navidad. Estos regalos aparecen debajo del árbol o en medias colgadas cerca del fuego, después de tomar un desayuno en el que el protagonista es un pan dulce llamado “cougnolle” y que tiene la forma del Niño Jesús.

En este día de Navidad también se hace comida familiar y es costumbre salir a patinar una vez terminada. Grandes y pequeños se ponen sus patines y se echan a rodar o si, el frío lo permite, a deslizarse sobre las aguas heladas de un río
La nochevieja se celebra con los amigos, es más festiva y se brinda cuando acaba el año.

El día de Año Nuevo se dedica a visitar a la familia y el plato fuerte de esta comida familiar es la “choucroutte”, que es un plato de col fermentada cocida con salchichas, bacon y patatas, y que simboliza el desear fortuna para todo el año Los hogares y las iglesias belgas colocan sus belenes cuando se acerca la Navidad.

 Algunos de ellos tienes el mérito de haber sido tallados a mano muchos años antes o incluso siglos atrás Una de las costumbres más típicas de la mayoría de las ciudades son los mercadillos de Navidad. Muy marcados, por la influencia de sus vecinos, los alemanes; en estos mercadillos puede encontrarse desde dulces, hasta platos típicos belgas o de cualquier otro país, por supuesto los gofres nunca faltan, pero también figuritas para el árbol. Lo más típico en estos mercadillos es el vino caliente. Un buen trago de este vino puede quitarle todo el frío acumulado en el paseo.

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