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Tipología del escritor hondureño

Por: Edgardo Molina Los escritores en Honduras en su mayoría se dicen de izquierdas, marxistas, estalinistas y anarquistas, pero resulta que hay una feria del...

Tipología del escritor hondureño

Por: Edgardo Molina

Los escritores en Honduras en su mayoría se dicen de izquierdas, marxistas, estalinistas y anarquistas, pero resulta que hay una feria del libro, premios o cualquier manifestación de aprobación por parte de un gobierno de derecha y ya van a poner la cabeza para que les den su respectiva palmadita. Odian a los gobiernos dañinos de la derecha, hasta que les dan algo y se les acabó la disidencia política.

En este artículo analizaremos algunas realidades que vivimos los escritores hondureños con el fin de reflexionar sobre el arte y la vida del artista que muchas veces, en el caso particular de Honduras, suelen no estar en armonía.

En Honduras solo hay tres tipos de escritores:

  • El escritor afín al poder: aquí se aglomeran la mayoría de los escritores; son los colegas que se pegan al que está comiendo de la guayaba esperando que se le caiga alguna migaja, misma que se traduce en algún viaje, algún puesto intermedio o alguna secretaría. Básicamente, condicionan su obra o su forma de pensar a su benefactor con el subterfugio de que es su ideología. Los hay de izquierda y de derecha y, aunque sus obras poseen calidad estética, lamentablemente están sesgadas por ese pensamiento que les permite aprobación, aplausos, amistades e influencias. Suelen estar influenciados por el hedonismo, el alcoholismo y la drogadicción que siempre acompaña su producción literaria.
  • El escritor que cuestiona al poder: sin importar quién esté en el poder, siempre cuestionan todo; están constantemente criticando los profundos problemas del país sin la necesidad de buscar algo a cambio. En muchas ocasiones estos no son capaces de ver el más mínimo ápice de esperanza en el país, y suelen estar acompañados de una filosofía nihilista y pesimista.
  • El escritor que no tiene la necesidad de acercarse al poder: son las escritoras y escritores que escriben sin la necesidad de hacerlo para subsistir o acceder a preseas del poder, hacen lo que se les da la gana y escriben pensando en la literatura más que en su entorno próximo. Prefieren estar alejados del bullicio y de la falsa sociedad que va con resaca a las misas, y se dedican a escribir por el compromiso que tienen con el arte. Usualmente están influenciados por el anarquismo y el formalismo estético.

Un factor determinante para que exista esta doble moral hacia el poder es la precariedad de los escritores: ojalá pudiera no hablar de esto para este análisis, pero, en la vida real dominada por el mercado, la mayoría de los escritores somos pobres, asalariados o, en su defecto, trabajadores de la informalidad. De modo que la necesidad nos orilla a buscarnos la vida en trabajos del área que están mal remunerados o precarizados, por lo que es entendible que muchos cuestionen al poder porque buscan algo o tienen intereses.

En tal sentido, históricamente se han formado grupos literarios o generacionales de escritores que se encargan de marginar o ayudar a los otros que lo intentan y, esto es, quizá, uno de los puntos más interesantes de esta dinámica, porque en muchos casos se desdeñan grandes obras literarias por su afinidad política o por no estar en la «argolla» o «grupúsculo», así como se aplauden obras literarias mediocres por ser afines a los pensamientos y sentimientos del grupo. Por lo que vemos casos de escritores que tienen que buscar validación a nivel internacional, en lugar de hacerlo en el país, o, por el contrario, muchos que son solo alabados a nivel nacional sin oportunidad alguna en el mercado o la crítica internacional. De manera que hasta el pensamiento se ha visto limitado; para el caso, nunca podríamos esperar que una feminista sea capaz de admirar o reseñar una buena obra hecha por un hombre porque estaría faltando a sus principios; por otro lado, muchos hombres escritores no aprobarán a escritoras feministas y las tildarán de panfletarias.

Mi interés no es estigmatizar a nadie, tan solo busco que reflexionemos un poco sobre nuestro rol como escritores, y por ello debo decir que nosotros, los escritores, debemos ser intelectuales en primera instancia, es decir, debemos gozar de la libertad necesaria para poder pensar y emitir juicios de valor sin sesgos. Cuando ejercitamos el pensamiento independiente sin formar parte del problema, entonces aportamos soluciones, aunque estas opiniones deban incomodar a nuestros lectores. Jamás podemos estar para aplaudir o validar todos los excesos que se cometen desde el poder en Honduras; indistintamente de si somos de derecha o izquierda, debemos criticar todo aquello que deprime la dignidad humana.

Finalmente, hagámonos un nudo en las tripas o en nuestro ego, dignifiquemos este noble arte. Como lectores antes que escritores, sabemos que los libros tienen como fin último hacernos ciudadanos capaces de ayudar a los demás a través de principios sólidos, y parte de eso es tener coherencia y responsabilidad con nuestra obra que, al final, también es nuestra vida.

El arte no puede ser una simple moneda de cambio para acceder a los laberintos de la burocracia, ni un trofeo decorativo otorgado por el tirano de turno para adornar la vanidad del escritor. Por lo que frente a la maquinaria de la deshumanización que arrasa con todo, que reduce al individuo a un número en las estadísticas de la precariedad y vende la conciencia al mejor postor, la escritura debe erigirse como un acto de resistencia ética inquebrantable.

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