El fin de la mafia de los Hernández está cerca

Presidente HernándezPor: Oscar Miguel Marroquín

Todo lo que sube cae, parece que esta ley no solo es para la gravedad, también puede ser utilizada entre otras cosas, como por ejemplo para mafiosos como el colombiano Pablo Emilio Escobar Gaviria, el mexicano Joaquín Archivaldo Guzmán Loera,  más conocido como el Chapo Guzmán y el narcotraficante hondureño Juan Antonio Hernández Alvarado conocido en el bajo mundo como Tony Hernández, estos tres personajes tienen como característica común la acumulación de poder económico producto del narcotráfico. Pero ese poderío ha caído ya.

También esta misma ley se aplica para políticos y dictadores, en 1979 el Frente Sandinista de Liberación Nacional FSLN tumbó por la vía de la lucha armada al dictador nicaragüense Anastasio Somoza Debayle, el dictador salvadoreño Maximiliano Hernández Martínez fue sacado del poder mediante una huelga de brazos caídos y el dictador cubano Fulgencio Batista y Zaldívar fue echado violentamente del poder mediante la revolución que encabezó Fidel Castro y Ernesto Guevara de la Serna conocido como el Che Guevara, aquí también encontramos una característica en común, estos tres dictadores dominaban a sus pueblos mediante la utilización del poder de las armas. Pero finalmente su poder sucumbió ante la fuerza de los pueblos.

El poder entonces no es infinito.

Sin embargo, parece que esta vieja conclusión ha sido olvidada por los Hernández, quienes desde las mieles del poder han hecho y desecho a su antojo, por ejemplo, saquearon económicamente muchas instituciones del estado hondureño a vista y paciencia de los organismos judiciales, con miras a afianzar la presidencia de la república, en un afán de controlar básicamente todas las instituciones del Estado y así, consolidar todo un proyecto de corrupción y narcotráfico que les permitiera convertirse en la familia más poderosa económicamente de Honduras.

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Traficar a gran escala droga hacia los Estados Unidos implica una enorme estructura material, pero además, supone la participación de altos funcionarios del Estado, tales como militares y policías de alto rango, funcionarios públicos con poder de decisión para evitar cualquier problema jurídico; básicamente es imposible pensar que Tony Hernández logró introducir enormes cantidades de droga a los Estados Unidos únicamente con la pericia personal o con la ayuda de unos cuantos trabajadores y al margen de la colaboración institucional del Estado, sobre todo cuando su hermano ocupa la primera magistratura, quien además, ha mantenido un férreo y total control de todas las instituciones estatales.

Vistas las cosas de esa manera, podría suponerse de manera hipotética que Tony Hernández burló a su propio hermano, y demostró tener mucho más poder que el Estado mismo, naturalmente que esto es nada creíble, la confabulación de los hermanos Hernández para llevar a cabo semejante acción criminal es mucho más cercana a la realidad, sin embargo, hasta hoy los Estados Unidos han tratado infructuosamente de separar responsabilidades, es decir, continúan presentando a Juan Orlando Hernández como un verdadero jefe de Estado al margen de todo tipo de vinculación criminal con el narcotráfico, la corrupción, crímenes contra la población, y por otro lado, presentan a Tony Hernández como el único responsable de introducir enormes cantidades de droga hacia ese país, naturalmente que detrás de esta pretendida desvinculación familiar por parte de los EE. UU. hay fuertes intereses geopolíticos que por el momento no pueden romperse, y que el gobierno norteamericano hará todo lo posible por mantener a salvo de cualquier vinculación criminal a Juan Hernández mientras este siga siendo una pieza útil, sin embargo, cabe recordar aquella frase tan conocida de John Foster Dulles, secretario de Estado de Dwight Eisenhower “Estados Unidos no tiene amigos, sino intereses”.

¿Pero hasta cuando Estados Unidos mantendrá su incondicional respaldo a Juan Hernández?

La información periodística conocida más recientemente sobre sendos actos criminales por parte de la familia de los Hernández, divulgada por el periodista David Romero desde la clandestinidad, hace pensar muy seriamente que el poderío de estos y otros colaboradores podría estarse acercando a su final, en otras palabras, tarde o temprano Estados Unidos ya no podrá mantener el respaldo a Juan Hernández, y entonces, el fin de la mafia de los Hernández habrá terminado.