La flaqueza de la oposición

Por: Efraín Bu Figueroa

Los días pasan y el gobierno reelegido continúa consolidándose, en tanto la oposición desgastándose en rencillas internas sobre si van o no a un pre diálogo, trifulca que es estimulada desde el mismo poder ejecutivo.

La situación lamentable que hoy vive la oposición es consecuencia de la falta de un liderazgo receptivo, incluyente, dialéctico y visionario. Han pasado 7 años desde la creación de LIBRE, principal fuerza de la “Alianza contra la dictadura”, pero no ha sido posible avanzar sustancialmente en la lucha política por el control del poder.

La alianza, que comenzó a vertebrarse poco después de las elecciones del 2013 no adquirió organicidad sino hasta pocos meses antes de las elecciones del 2017, perdiéndose momentos coyunturales y oportunidades vitales para consolidar fuerza no solo estructural sino jurídica en favor de un proceso electoral verdaderamente democrático. Se desaprovecho el compromiso multipartidario frente a la Unión Europea de impulsar reformas electorales democráticas que nos dieran un proceso justo y transparente en noviembre del 2017.

La oposición nunca logró organizar un movimiento popular fuerte en favor de las reformas electorales y tampoco en el Congreso Nacional pudo impulsar hábilmente tales reformas. Falto compromiso, estrategia y dirección. Igualmente ocurrió con el proyecto reeleccionista claramente violatorio de nuestra constitución y por naturaleza profundamente antidemocrático, cuyas consecuencias estamos comenzando a sufrir los hondureños. Similar situación paso con el movimiento espontaneo de las antorchas, respuesta enérgica del puro pueblo frente a los desenfrenados actos de corrupción del partido nacional en el gobierno de Porfirio Lobo y subsiguientemente. Dicho movimiento desprovisto de una conducción clara y experimentada fue mediatizado y chantajeado y al final sus propósitos fueron utilizados por el gobierno para traer al país una misión anticorrupción de alcances limitados, hoy vapuleada por las fuerzas sistemáticas de la corrupción.

El liderazgo nacionalista, asentado en el gobierno desde el 2010, ha hilado muy fino, pacientemente, moviéndose con mucho calculo. Progresivamente, desde el anterior gobierno, se ha ido estableciendo un autoritarismo centralista y persecutorio, a través del cual se ha logrado cooptar no solo los poderes formales del Estado sino también los poderes facticos de la nación.

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En ese marco de acelerada consolidación del gobierno ilegalmente reelecto, paralelamente, se perfila una alianza opositora a punto de colapsar, pues en una anunciada asamblea partidaria el 15 de abril, se pretende discutir si la alianza se aniquila y/o se descalifica al líder aglutinador, ganador del último proceso electoral, que, quiérase o no demostró en la campaña resolución, convicción y mucha valentía. La racionalidad política -si es que existe- debiera conducir más bien a una asamblea para impulsar una agenda democrática y constitucionalista buscando la ampliación y el fortalecimiento de esa alianza que comenzó siendo puramente electoral pero que a estas alturas debe convertirse en una unidad popular político-estratégica con objetivos realistas y alcanzables buscando energizar, no debilitar, en función de retomar las tareas de construcción democrática; a menos que exista agenda oculta desconocida por el soberano.