Asesinos de Berta Cáceres serían dejados en libertad en medio de crisis: alerta el Copinh

Por: Redacción CRITERIO

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Tegucigalpa.- El Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH), denuncia la posibilidad de que dos de los asesinos condenados por la muerte de Berta Cáceres salgan de la cárcel en el marco de la emergencia sanitaria.

Se ha hecho de conocimiento del Copinh, ingentes gestiones para que, Sergio Rodríguez Orellana y Douglas Bustillo, trabajadores de la familia Atala Zablah, condenados a 30 años de prisión por el asesinato, sean puestos en libertad por supuestas razones médicas en medio de la crisis por el Covid-19. Y así mismo más beneficios o incluso la excarcelación para David Castillo, uno de los autores intelectuales del crimen.

El COPINH denuncia enérgicamente que las autoridades del Estado de Honduras y del Instituto Nacional Penitenciario dirigido por el ejército de Honduras pretendan dejar en libertad a estos asesinos convictos aprovechando la crisis de salud que atraviesa el país.

El COPINH denuncia que este plan se sumaría a las condiciones de privilegio en las que se encuentran los delincuentes vinculados al asesinato de Berta Cáceres, en especial David Castillo, quien ha gozado de condiciones excepcionales de visitas, alojamiento VIP y libertades de traslados y transporte, amparado por las anteriores y actuales direcciones del Centro Penitenciario de Támara, donde al parecer se encuentran ahora Rodríguez y Bustillo.

Exigen que las autoridades encargadas encabezadas por el director de la junta interventora del Sistema Nacional Penitenciario, Coronel José González Maradiaga esclarezcan esta situación.

El Copinh hace un llamado y alerta nacional e internacional para estar pendientes de esta jugada que se pretende hacer como ya se esta haciendo con el exvicepresidente del Consejo dela Judicatura. Teodoro Bonilla,que está con un pie en la calle.

Asesinos, asesinos, asesinos…

Presidente Hernández

Por: Oscar Miguel Marroquín

La patria no es sinónimo de narcotráfico, corrupción, lavado de activos, asesinatos o impunidad, esa patria que tanto dicen defender ustedes la han manchado de sangre, tanta es la mancha que el pueblo ahora mismo les grita ya sin temor alguno: ASESINOS, ASESINOS, ASESINOS…

Este pueblo les ha demostrado una y mil veces que, aun ejercito criminal nadie, absolutamente nadie le guarda respeto y mucho menos temor, porque a un puñado de parásitos como lo son las fuerzas armadas, no se les puede exigir mas que desaparezcan para siempre, los nombres de todos los generales y coroneles quedaran tirados en el basurero de la historia, serán recordados únicamente por todos los crímenes cometidos, por los innumerables golpes de Estado, por su participación directa en el narcotráfico, por la demencial defensa que hacen por un narcodictador, por haber entregado la patria al capitalismo extractivista, por todas las masacres bajo el ropaje de Escuadrones de la Muerte, por los niños asesinados, por la mujeres mancilladas, en fin, ustedes ya tienen un sitial de honor en medio de cualquier putrefacto basurero.

Les llamo parásito por una sola razón, porque su manchadas manos de sangre jamás han sembrado y menos cosechado la tierra, porque todos ustedes militares de pacotilla no saben que es trabajar en una maquila, si al caso tienen cuentas bancarias no es el producto de lo ganado con el sudor de su frente, es mas bien, el producto de todo lo recibido a cambio de los servicios prestados al narcotráfico, los servicios prestados a algún banquero o terrateniente por haber asesinado a más de algún dirigente campesino, obrero o estudiante. Pero son parásitos fundamentalmente, porque todo lo que se hartan día con día, sale de los impuestos de este pueblo, pueblo al que después ustedes en un acto de soberbia asesinan a mansalva.

Ustedes tienen tanto honor que bien cabe en la pata de un microbio, y tienen tanto deshonor que el mismo es capaz de ensombrecer el sol; la mirada no la llevan en alto, pues ningún asesino como ustedes tiene el valor suficiente para ver al pueblo de frente, sus mujeres e hijos son señalados por todas partes como parte de una familia manchada de sangre.

Disparan con bravura y soberbia contra un pueblo completamente desarmado e indefenso, y lamen la suela de los zapatos de los banqueros, grandes empresarios y de políticos ladrones, en boca de la oligarquía ustedes son nombrados gatilleros y otras veces como simples perros capaces de matar a cualquier ciudadano por unos cuantos lempiras.

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Ustedes señores asesinos, son el atraso de este pueblo, porque si los cuarteles fueran escuelas el analfabetismo ya no existiría en Honduras, porque si los cuarteles fueran hospitales, la gente enferma tendría donde acudir para sanar sus enfermedades, ustedes son el atraso porque si todo el dinero que se invierte en fusiles fuera utilizado para la compra de tecnología agrícola, este pueblo no sufriría de hambre.

Cada vez que los militares disparan contra el pueblo, pierden la careta de hombres honorables, y al descubierto queda el rostro de unos criminales sedientos de sangre.

A un ejercito honorable y valiente un pueblo jamás se atrevería gritarles: ASESINOS, ASESINOS, ASESINOS…