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Sobre el proyecto educativo de Bukele

Por: Rodil Rivera Rodil Reflexiones Hace un poco más de siete años -en junio del 2019- que el presidente Bukele emprendió su ofensiva total contra...

Sobre el proyecto educativo de Bukele

Por: Rodil Rivera Rodil

Reflexiones

Hace un poco más de siete años -en junio del 2019- que el presidente Bukele emprendió su ofensiva total contra la delincuencia, y en particular, contra las pandillas juveniles que se habían convertido en el principal obstáculo para cualquier tipo de avance o desarrollo en El Salvador, de manera bastante parecida a lo que actualmente estamos viviendo en nuestro país.

El indiscutible éxito de dicha estrategia contrasta notablemente con la feroz campaña internacional desatada contra ella mayormente por organismos de derechos humanos  -a quienes, dicho sea de paso, se reprocha que no sean tan celosos con los derechos de las víctimas como lo son con los de los delincuentes-,  ello sin desconocer los errores y abusos en que se incurrió durante su implantación, pero que, en mi opinión, han sido mucho menores de los que cabía esperar de las inéditas y enormes dificultades que implicaba su puesta en práctica.

El modelo salvadoreño ha tenido tan buena acogida en buena parte del mundo que son varios los gobernantes que han manifestado su intención de replicarlo, pero eso será poco menos que imposible  -pero no por “las diferencias territoriales, institucionales y geográficas dado que El Salvador tiene dimensiones menores y un control institucional diferente”, que apunta nuestro ministro de Seguridad, ya que candidatos y mandatarios de estados más grandes que el nuestro, como Daniel Noboa de Ecuador, Keiko Fujimori de Perú y Flávio Bolsonaro de Brazil, han declarado su propósito de seguir sus pasos-  si no porque no cuentan con el contundente apoyo institucional y popular que ha recibido Bukele. Y esto solo se podrá conseguir en polarizadas naciones como Honduras obteniendo un similar respaldo de la población a través de la consulta popular del plebiscito o del referéndum y mediante una voluntad tan férrea como la suya. Pretender aplicar a medias una política de seguridad de esta magnitud, o en forma timorata, probablemente sea peor que no aplicarla del todo.

En Honduras el crecimiento exponencial de la violencia y la delincuencia de las maras, tanto como la del crimen organizado, incluyendo el narcotráfico, se está a incrementando a un ritmo tal que, si no se hace algo realmente efectivo para contenerlo, muy pronto podría ser demasiado tarde. Todos los esfuerzos que se han hecho por la vía tradicional, esto es, aumentando el número de policías, el equipo especializado, probando innumerables estrategias operativas, y muchos otros. no han arrojado ningún resultado. Y aunque se reconoce que el sistema salvadoreño es el único que ha funcionado, se teme adoptarlo porque, repito, los defensores de los derechos humanos lo han satanizado sin proponer ellos ni nadie ninguna otra alternativa, en mi criterio simplemente porque no la hay. O bien, lo que me resisto a creer, como muchos sostienen, porque si la hubiera, o no objetaran la de Bukele, podrían ver recortada la cuantiosa ayuda internacional que perciben para mantenerse.     

Pero en El Salvador, mientras tanto, además de otras medidas de fuerte impacto social que ha puesto en vigor, el presidente Bukele acaba de sorprendernos con la trascendental decisión de que destinará al rubro de la educación el 8 por ciento del PIB, casi un tercio del presupuesto nacional, equivalente a 3 mil millones de dólares anuales, comenzando con el reparto de 50 mil becas para estudiantes, señalando que con esa determinación el Salvador pasará a ser el que más invertirá en educación en Latinoamérica. Lo que, como era de esperarse, ha desencadenado otro sinnúmero de ataques contra él en los que se pone en duda la viabilidad financiera del programa, se asevera que no es más que una maniobra propagandística de cara a las elecciones que tendrán lugar dentro de seis meses, se critica la estricta disciplina que quiere imponer en las escuelas, y en fin, se arguye que es falsa su afirmación de que El Salvador será el primero en hacer semejante esfuerzo, puesto que Costa Rica le fija a la educación un porcentaje igual.

Los enemigos de Bukele, pues, no le dan ninguna tregua ni el más mínimo beneficio de la duda. Esta implacable aversión de los organismos de derechos humanos hacia él, solo puede compararse con el Odium theologicum (odio teológico) que le ha profesado la iglesia católica a la evangélica desde la reforma protestante del siglo XVI. Pero no hay duda alguna de que si el presidente Bukele, pero, sobre todo, la nación salvadoreña, como tal, logra sacar adelante este ambicioso proyecto -y no veo por qué no si ya lo están haciendo con el de la seguridad-   sus resultados en el mediano y en el largo plazo pueden ser tan asombrosos e increíbles como que El Salvador podría llegar a ser el primero, sino el único, de América Latina en alcanzar al desarrollo. O sea, nada menos que la realización del sueño de la región desde su independencia en los albores del siglo XIX. Para quienes cuestionen esta aserción, reproduzco enseguida las conclusiones, muy resumidas, de un estudio de la Unesco sobre el tema:

Un país subdesarrollado necesita entre 20 y 40 años (de una a dos generaciones) de inversión continua y profunda en educación para transformar su economía y alcanzar el desarrollo; que la educación no produce cambios inmediatos. Requiere tiempo para formar a los ciudadanos, integrarlos al mercado laboral y elevar la productividad nacional. En el corto plazo, de 1 a 5 años, se mejora la infraestructura escolar y la capacitación docente. Los resultados económicos son mínimos o nulos en esta etapa. En el mediano plazo, de 5 a 15 años, los primeros jóvenes formados bajo el nuevo sistema ingresan al mercado de trabajo. Aumenta la empleabilidad y se reduce la informalidad laboral. Y en el largo plazo, de 15 a 40 años, una generación completa transita por la educación inicial, técnica y superior. El país cuenta con profesionales calificados, capacidad de innovación y alta productividad industrial. Ejemplo histórico: Corea del Sur: en la década de 1960 era un país agrícola y pobre. Tras una apuesta masiva por la educación universal y la disciplina técnica, logró posicionarse como una economía desarrollada y tecnológica en un periodo aproximado de 30 a 40 años”.

De otro lado, no es tan ciertoque El Salvador no sería el primero de Latinoamérica en dedicar tantos recursos a la educación, sino que lo es Costa Rica, porque si bien lo es que tal asignación se halla contemplada en la Constitución de esta última desde el 2011, en la práctica nunca se ha cumplido. En efecto, su inversión en este campo ronda hoy en día el 5% del PIB, una cifra muy lejana a la meta legal. Se acercó a su punto más alto en el 2017 al llegar a cerca del 7.4% del PIB, pero el porcentaje se ha reducido en los últimos años por limitaciones fiscales. Los ticos argumentan que para arribar al 8% se requeriría de un aumento drástico en los ingresos fiscales o de un fuerte endeudamiento adicional. Yo agregaría que también puede obedecer a que no ha existido una inflexible voluntad política como la de Bukele para cumplir con el mandato constitucional.

El presidente Nayib Bukele puede ser criticado por muchas cosas, una de ellas podría ser su inclinación al autoritarismo, aunque no es muy difícil defenderlo por el gran sustento popular que lo mantiene en el poder. Y no sé si por su ideología, pues no está muy claro cuál es; su política de seguridad no tiene color político ni se basa en ningún postulado ideológico, pero su reiterado principio de que “lo público debe ser siempre mejor que lo privado” quizásexplique su pensamiento mejor que todo cuanto especulan tanto sus seguidores como sus adversarios.

En lo que respecta a su relación con el presidente Trump, que algunos censuran, me parece que responde más al deseo de sobrevivencia de su régimen que a una genuina afinidad programática entre ellos. Pero nadie puede negar que los cambios que ha introducido y sigue introduciendo en su país lo caracterizan, no como un presidente más entre los tantos que abundan en el planeta, sino como uno de los muy pocos que reúnen la rara cualidad de ser un verdadero estadista, en los precisos términos en que lo define la IA:

“Un presidente gobierna pensando en las próximas elecciones y en la coyuntura del día a día, mientras que un estadista lidera pensando en las próximas generaciones y en el futuro a largo plazo de su nación”.

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