Tegucigalpa, Honduras. –Aunque los recientes sismos registrados en Honduras y países vecinos corresponden, según especialistas, a la actividad tectónica normal de una región sísmicamente activa, el país mantiene una vulnerabilidad importante ante un eventual terremoto de gran magnitud, principalmente por la calidad de las construcciones, la aplicación limitada de las normas sismorresistentes y el crecimiento urbano desordenado.
En las últimas 48 horas se registraron dos movimientos telúricos en el territorio y zonas cercanas. El primero ocurrió el 17 de agosto, con magnitud 3.7 y una profundidad de cinco kilómetros, localizado en Guatemala, cerca de la frontera con el occidente hondureño. El segundo se registró el 18 de agosto, con magnitud 3.1 y tres kilómetros de profundidad, a unos tres kilómetros al suroeste del municipio de Las Vegas, Santa Bárbara.
Honduras forma parte de una región donde interactúan distintas placas tectónicas. En el Pacífico se encuentra la zona de subducción entre las placas de Cocos y Caribe, mientras que al norte existe interacción entre las placas Caribe y Norteamérica.
A lo largo de la historia, la nación centroamericana ha sufrido sismos que superan los 6 y 7 grados en la escala de Richter. Dos ejemplos de ello, el terremoto de 1809 en Comayagua, Comayagua y el ocurrido el 28 de mayo de 2009, cuyo epicentro se ubicó en el Mar Caribe al noreste de Roatán, Islas de la Bahía, ambos dejaron daños en la infraestructura del país.
Para Maynor Ruíz, ingeniero y geólogo docente de la Carrera de Física de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), estos movimientos no representan una señal de un incremento extraordinario de la actividad sísmica, ya que no superan los 3.7 grados de intensidad.
El especialista explicó a Criterio.hn que Centroamérica cuenta actualmente con redes sísmicas más densas y con mayor intercambio de información, lo que permite detectar y reportar movimientos que anteriormente podían pasar inadvertidos.
“En un día pueden ocurrir unos 50 sismos similares en toda la región”, señaló Ruíz, al explicar que los movimientos de baja magnitud generan la percepción de una mayor actividad debido a que ahora son registrados y difundidos con mayor facilidad gracias a las aplicaciones que monitorean y envían alertas a la población ante cualquier sismo.
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UN TERRITORIO ATRAVESADO POR FALLAS
Honduras forma parte de una región donde interactúan distintas placas tectónicas y en el llamado Cinturón de Fuego del Pacífico, la región con mayor actividad sísmica y volcánica del mundo.
El territorio hondureño se ubica dentro de esta gran zona geológica que cruza toda la costa oeste del continente americano. En el Pacífico se encuentra la zona de subducción entre las placas de Cocos y Caribe, mientras que al norte existe interacción entre las placas Caribe y Norteamérica.
De acuerdo con Ruíz, la falla de Motagua es actualmente una de las zonas que genera mayor sismicidad. También existen estructuras como la Guayape y sistemas de fallas que delimitan los valles hondureños, algunas de las cuales no han registrado actividad reciente desde que comenzó a operar la actual red sísmica en 2019, aunque ello no significa que estén inactivas.
El geólogo identificó además la falla del Cisne, al norte de Roatán en Islas de la Bahía, como una de las estructuras con mayor potencial para generar un evento superior a magnitud 7, debido a sus antecedentes históricos.
“La zona de Motagua es la más activa en realidad y la que más sismicidad genera. Guyape al ser una falla regional y un poco “estable”, con sismos de 3.5 a 4 grados, no es considerada una amenaza”, indicó el entrevistado.
El especialista explicó que las condiciones del terreno también pueden determinar el nivel de daños en la infraestructura privada y pública. En zonas con depósitos de sedimentos, particularmente donde existe suelo poroso y presencia de agua, las ondas sísmicas pueden amplificarse. Esto incrementa el riesgo para edificaciones que no hayan sido diseñadas para soportar esa energía.
“En zonas de los valles, principalmente, en zonas donde existen depósitos de suelo bastante potente y donde los edificios no han sido cimentados sobre roca estable, probablemente es donde va a ocurrir la mayor afectación”, explicó.

Los especialistas consideran que los movimientos telúricos también podrían desencadenar fenómenos secundarios como deslizamientos y derrumbes en áreas que ya presentan condiciones de vulnerabilidad.
EL RIESGO TAMBIÉN ESTÁ EN LAS CONSTRUCCIONES
Los geólogos y arquitectos consultados por Criterio.hn indicaron que un elemento determinante es la calidad de la infraestructura, ya sea puentes, escuelas, carreteras, edificios o residencias, si estas no cuentan con una estructura resistente a sismos o terremotos el número de víctimas mortales será más elevado.
Lo anterior, según los entrevistados, se puede observar al comparar sismos de magnitudes superiores a los 7 grados ocurridos en la prefectura de Kumamoto, Japón que dejó pocos daños en varios edificios y al menos 34 muertos. Mientras que los ocurridos el pasado 24 de julio en Venezuela –de magnitudes 7.2 y 7.5— cobró la vida de 6,438 personas, según datos oficiales, y graves daños en edificios residenciales y comerciales.
Al respecto el geólogo y máster en tecnologías geo ambientales, Aníbal Godoy, sostuvo que la magnitud de un terremoto no determina por sí sola la cantidad de víctimas o daños. La vulnerabilidad de las edificaciones constituye uno de los principales factores.
En conversación con este medio el especialista explicó que, históricamente, dentro del territorio continental hondureño existen pocos registros de terremotos superiores a magnitud 7. Sin embargo, señaló que el límite de placas ubicado al norte de las Islas de la Bahía sí ha generado movimientos superiores a esa magnitud.
Uno de los antecedentes más importantes ocurrió el 28 de mayo de 2009, cuando un terremoto de magnitud 7.3 provocó daños en infraestructura, entre ellos el colapso de un tramo del puente La Democracia en El Progreso, Yoro y afectaciones en uno de los edificios del Poder Judicial en San Pedro Sula, Cortés.
Para Godoy, este episodio evidenció que las características de las construcciones son determinantes. “No fue lo fuerte del sismo que mató a la gente, sino las malas construcciones”, explicó al comparar los efectos de terremotos registrados en países con diferentes niveles de preparación.
El geólogo consideró que Honduras no puede calificarse como un país plenamente preparado para enfrentar un terremoto de gran magnitud, particularmente porque una parte considerable de las construcciones existentes no fue diseñada bajo criterios modernos de resistencia sísmica.
Al respecto, el arquitecto y catedrático de la Carrera de Arquitectura de la UNAH, Jorge Polanco, aseveró que la infraestructura hondureña no esta preparada para afrontar la embestida de sismos o terremotos.
La construcción informal constituye otro de los puntos críticos. Polanco advirtió que las viviendas levantadas sin supervisión profesional pueden presentar problemas incluso sin que ocurra un terremoto, como asentamientos, grietas, levantamiento de pisos y deformaciones.

A ello se suma el crecimiento urbano desordenado, especialmente en zonas de topografía abrupta. Polanco señaló que la expansión de Tegucigalpa hacia las periferias ha llevado a la construcción de viviendas en áreas que pueden presentar condiciones de riesgo.
La combinación de construcciones informales, terrenos vulnerables y falta de planificación puede incrementar las consecuencias de un eventual movimiento telúrico.
Polanco explicó que Honduras cuenta con el Código Hondureño de Construcción, conocido como CHOC 08, que contempla requerimientos relacionados con el diseño estructural sismorresistente. Sin embargo, su aplicación no es generalizada.

La normativa se utiliza con mayor frecuencia en edificios modernos y construcciones de altura, mientras que en viviendas, edificaciones de mediana escala y estructuras antiguas su cumplimiento resulta mucho menos riguroso.
El arquitecto señaló además que el CHOC 08 se basa en normas internacionales y que actualmente se trabaja en su actualización. No obstante, consideró que persisten dificultades para garantizar su aplicación efectiva.
Entre las causas identificó los costos adicionales que implica construir bajo criterios sismorresistentes y la falta de conciencia sobre la importancia de la planificación estructural.
La capacidad de respuesta del Estado no depende únicamente de la existencia de infraestructura moderna. También es necesario garantizar que los edificios esenciales estén habilitados y en condiciones de operar durante una emergencia.
Polanco mencionó como ejemplos los puentes, muros de retención y algunos hospitales modernos que cuentan con mejores condiciones estructurales. Sin embargo, advirtió sobre las deficiencias de infraestructura educativa.
Mientras las autoridades enfrentan un déficit de centros educativos que requieren reparaciones básicas, el reto de adecuarlos para soportar un terremoto sería todavía mayor.