Por: Edgardo Molina
El TPS es un beneficio migratorio temporal de carácter humanitario que otorga el gobierno estadounidense a nacionales de países que enfrentan conflictos armados, desastres naturales o condiciones extraordinarias, tal como ocurrió con el huracán Mitch hace ya más de 20 años. Como su nombre lo indica, este beneficio temporal para nuestros compatriotas —los cuales ascienden a entre 50,000 y 75,000 hondureños— representa ahora la pérdida de la protección legal contra la deportación y del derecho a laborar formalmente bajo esta figura en el mercado estadounidense. En este artículo intentaremos hilvanar algunos aspectos que influyeron para que el gobierno de EE. UU. tomara esta decisión que afectará a miles de nuestros compatriotas:
Realidades
Los tres puntos clave de la campaña de Trump enfocados en la migración fueron los siguientes:
- Durante la segunda campaña política del presidente Trump hubo un factor determinante y unánime entre sus votantes: el discurso restrictivo en contra de los migrantes. La gran mayoría de sus simpatizantes compartía su visión sobre las personas migrantes, por lo que hoy vemos un gobierno que impulsa operativos de deportación masiva para llevar a cabo expulsiones a gran escala de indocumentados en EE. UU., respaldados por un incremento histórico en los recursos y facultades de agencias federales como ICE.
- Como parte de su campaña presidencial también se enfatizó en el endurecimiento del control de la frontera sur mediante la construcción de barreras físicas, el despliegue de elementos de seguridad y la restricción drástica de las solicitudes de asilo, situación que también está ocurriendo fuertemente y que al final afecta a todas las familias hondureñas.
- Revisión de estatus y protecciones: Durante la campaña también hubo posturas orientadas a reevaluar y rescindir protecciones migratorias temporales (como el TPS) y programas de permanencia humanitaria, priorizando la deportación de personas sin estatus legal regularizado.
Examinando estos tres puntos clave, es fácil determinar que, lamentablemente, esto iba a pasar tarde o temprano y que afectaría a la diáspora hondureña. El trabajo por parte de nuestras autoridades para que el TPS perdurara durante más tiempo o para buscar la regularización de los compatriotas en otro estatus no temporal debió haber iniciado al menos hace 10 años.
Y es que existe una realidad histórica apabuyante que aqueja a nuestros compatriotas en el exterior: Honduras no cuenta con los servicios necesarios para atender a los más de 1.4 millones de migrantes que viven en situación irregular en Estados Unidos, lo que dificulta que la mayoría de ellos pueda acceder a los servicios de las misiones diplomáticas y consulares de Honduras en ese país.
El fin del TPS no se traduce automáticamente en un retorno masivo e inmediato de todos los connacionales afectados. La situación legal de cada persona a partir de ahora depende estrictamente de su arraigo individual, el tiempo de residencia, sus vínculos familiares (como hijos o cónyuges ciudadanos) y la posibilidad de acogerse a vías migratorias alternativas de regularización.
Suposiciones
- Se cree que Trump canceló el TPS para los hondureños porque un gobierno anterior brindó datos sobre mejoras en la pobreza, la violencia y otros indicadores, creando la ilusión de que el país mejoró sustancialmente y que los connacionales en EE. UU. ya no necesitaban acogerse al beneficio, estando supuestamente listos para retornar a Honduras.
- Se asume que el actual gobierno debía negociar directamente con la administración de EE. UU. para que el TPS continuara, cuestionando si se utilizaron de manera efectiva las relaciones diplomáticas para lograr que nuestros compatriotas pudieran continuar trabajando legalmente en el país del norte.
- Existe la idea de que la economía de Estados Unidos no podrá sobrevivir sin la mano de obra de nuestros hermanos migrantes y que esto provocará una crisis profunda en el país norteamericano.
Conclusión
Nuestro amado país, Honduras, sigue enfrentando múltiples problemas estructurales y una crisis prolongada que ha derivado en una profunda convulsión social. Si nuestros compatriotas retornan, se encontrarán con un contexto difícil y con un país que para muchos ya es desconocido, al igual que para sus hijos, quienes en algunos casos ni siquiera hablan español ni han vivido antes en Honduras.
A pesar de que la clase política hondureña busque sacar provecho de la situación y pretendan culparse los unos a los otros con el propósito constante de polarizar a la población, existen muy pocos esfuerzos reales para atender el posible retorno masivo y la necesidad de reintegración, la cual será uno de los principales desafíos para nuestros compatriotas.
Estamos a las puertas de un evento de gran impacto para la fragmentación de la familia hondureña, mismo que repercutirá fuertemente en las finanzas nacionales debido a una potencial contracción en el flujo de remesas, lo que implicará una nueva crisis en todas las esferas de la vida nacional. Lo único que podemos hacer es exigir el respaldo de nuestras autoridades y prepararnos para recibir a nuestros hermanos con la mejor disposición, ya que ellos también tienen mucho que aportar a nuestro país.
Apoya el periodismo independiente
Para seguir leyendo noticias y coberturas que importan, añade a Criterio.hn a tus preferencias de contenido y recibe nuestras actualizaciones directamente en tu feed.
Añadir Criterio.hn a mis preferencias