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Europa debe elegir entre el poder y la dependencia

Por: Guillaume Klossa, Catherine Trautmann y Slavoj Žižek ESTRASBURGO—En 2027 habrá elecciones nacionales de gran importancia en nueve países (Francia, Italia, España, Polonia, Grecia, Finlandia,...

Europa debe elegir entre el poder y la dependencia

Por: Guillaume Klossa, Catherine Trautmann y Slavoj Žižek

ESTRASBURGO—En 2027 habrá elecciones nacionales de gran importancia en nueve países (Francia, Italia, España, Polonia, Grecia, Finlandia, Estonia, Eslovaquia y Eslovenia) que en conjunto representan más de la mitad de la población de la Unión Europea. Aunque estas contiendas (lo mismo que la elección federal indirecta para la designación del presidente en Alemania) girarán en torno a cuestiones como el costo de vida, la inmigración, la deuda pública, la seguridad y las protecciones sociales, en todas ellas estará presente una pregunta más fundamental: ¿queremos los europeos seguir siendo dueños de nuestro destino o permitiremos que las decisiones más importantes las tomen otros?

La urgencia de la decisión ya es evidente. La reciente victoria de Alternativa para Alemania (AfD) en Sajonia‑Anhalt es una advertencia no sólo para Alemania, sino para toda Europa. Para controlar nuestro destino tenemos que ser capaces de defendernos solos, ahora que Estados Unidos reduce sus compromisos con sus aliados. También debemos mantener el apoyo a Ucrania; defender la democracia, el Estado de derecho y el pluralismo informativo; poner la inteligencia artificial al servicio del bien común; garantizar la autonomía militar, científica, tecnológica, energética e industrial de Europa; y preservar nuestro modelo social y ambiental.

Aunque los ingredientes del poder europeo ya existen, todavía no se han combinado en un todo eficaz. Los europeos debatimos la cuestión de la defensa sin definir la soberanía que debería proteger. Aludimos a la competitividad sin implementar adecuadamente las soluciones a las vulnerabilidades estratégicas de Europa que ya han sido identificadas y sin poner en práctica las políticas necesarias para aumentar de forma significativa y estructural el potencial de crecimiento de Europa. Hablamos de reindustrialización sin decidir cómo financiarla. Y proclamamos la importancia de la IA sin ofrecer una visión social para ella.

Estas indefiniciones no pueden continuar. En sintonía con la Declaración de Estrasburgo del 27 de noviembre de 2025, el primer ministro canadiense Mark Carney describió con acierto la ruptura del orden internacional como consecuencia del uso creciente de la energía, la tecnología, las finanzas y las cadenas de suministro como instrumentos de poder y coerción.

Esta cuestión estará muy visible en Estrasburgo el 16 de septiembre, cuando Carney asista como invitado de honor al discurso sobre el estado de la Unión de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, antes de dirigirse al Parlamento Europeo al día siguiente. Carney ha instado a las potencias medias a actuar de forma conjunta en respuesta a las crecientes rivalidades entre grandes potencias, y su presencia situará esta tarea en el centro de la agenda política de la UE. Pero la ambición de Europa debe ir más allá. En vez de conformarse con la condición de potencia media, debe convertirse en una superpotencia democrática: poderosa, soberana, no imperial. Por eso hemos fundado la Europa Power Initiative, cuyo objetivo es aportar coherencia a los intentos de adaptación de Europa frente a los desafíos geopolíticos que enfrenta.

Europa no debe exagerar sus fortalezas, pero tampoco subestimarlas. Su falta de poder en algunos ámbitos es real, pero en otros es un mero supuesto. Los europeos deben plantearse cómo transformar una entidad supranacional en una potencia democrática, sostenible y responsable, capaz de defender sus intereses, preservar las libertades de sus ciudadanos y ofrecer una visión basada en las reglas compartidas, la cooperación y el multilateralismo.

Felizmente, nuestros ciudadanos no exigen «más Europa» en abstracto. Quieren que la UE sea algo más que un mero mercado con reglas y procedimientos compartidos. Quieren que se convierta en una potencia real capaz de proteger, invertir, anticiparse, decidir y actuar cuando la formulación de políticas nacional ya no sea suficiente. De modo que la elección no es entre el país de cada uno y «Europa». Es entre la decadencia por separado o el ejercicio del poder conjunto.

La transformación de la UE en una potencia democrática que pueda actuar con rapidez ante una crisis no implica la creación de un «superestado» en sustitución de las naciones, sino más bien una comunidad que permita a los diversos países ejercer poderes que no están a su alcance de forma individual. Este proyecto respetará la voluntad de los pueblos de Europa y la diversidad de sus Estados miembros. Creará capacidades comunes en ámbitos decisivos (defensa, energía, investigación, semiconductores, computación en la nube, datos, IA e inversiones) y mantendrá la toma de decisiones en los niveles local o nacional siempre que sea más eficaz y legítimo (principio de subsidiariedad).

Por supuesto que el poder real tiene un precio; pero prolongar su ausencia implica un costo mayor: dependencias más profundas, democracias más débiles y el menoscabo del modelo social y ambiental y la cohesión de Europa. El desafío fundamental es evitar elecciones imposibles, como gastar más en defensa en detrimento de la salud pública, la educación, la investigación, la protección social, la acción climática o la cultura. Un modo de superar este dilema, por ejemplo, es la inversión conjunta en proyectos que demanden escala, de modo tal de aumentar la efectividad de cada euro gastado.

La soberanía tecnológica no consiste únicamente en limitar los riesgos de la IA. También exige aprovechar las nuevas herramientas para mejorar la asistencia sanitaria, la educación, la investigación y la gobernanza. Requiere una infraestructura digital compartida y bajo control europeo, medidas para proteger los datos de nuestros ciudadanos y empresas y una ampliación de derechos y libertades que otorgue a todos más autonomía.

Las elecciones de 2027 serán nacionales en su forma, pero europeas en sus consecuencias. Cualquier decisión de un país en lo referido a la defensa, la energía, la inmigración, la industrialización, Ucrania o la tecnología afecta a los demás. Es decir que a todos los europeos les interesa el resultado de elecciones en las que no votarán. Un buen manejo de esa asimetría demanda mejorar la coordinación entre las campañas nacionales: hay que plantear a los candidatos preguntas similares y comparar las implicaciones de sus propuestas para la UE. No se trata de disminuir la soberanía de los votantes europeos, sino de garantizar que la ejerzan con plena conciencia de nuestra interdependencia.

En este sentido es esencial la participación de medios de comunicación independientes, diversos, innovadores y de alta calidad (sobre todo los públicos). La realización de investigaciones conjuntas y debates transnacionales aportaría una perspectiva europea a las elecciones del año entrante y fomentaría un grado de conciencia compartida. Con este espíritu hemos fundado en Estrasburgo la Europa Power Initiative. Para convertir nuestra interdependencia en un debate democrático y en propuestas comunes, los días 21 al 23 de octubre celebraremos un congreso que reunirá a dirigentes políticos, expertos, representantes de los medios y ciudadanos en torno a la preparación para los desafíos que debe confrontar Europa.

Construir el poder para ejercer la soberanía y preservar el modo de vida de los europeos es recuperar la libertad para actuar juntos. Es el único modo de que los ciudadanos puedan tomar las riendas de su futuro.

Guillaume Klossa, ex asesor especial en materia de IA de la presidencia de la Comisión Europea y copresidente de la Europa Power Initiative, es autor de Fierté européenne, manifeste pour une civilisation d’avenir (Telemaque/Editis, finalista del European Book Prize, 2022). Catherine Trautmann, exministra de Cultura y Comunicación de Francia, es alcaldesa de Estrasburgo, presidenta de la Eurometrópolis de Estrasburgo y cofundadora de la Europa Power Initiative. Slavoj Žižek, profesor de Filosofía en la Escuela Europea de Posgrado, es autor de Christian Atheism: How to Be a Real Materialist (Bloomsbury Academic, 2024) y copresidente de la Europa Power Initiative.

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