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El Femicidio en Honduras Parte 1: ¿Por qué no asesinato y si un femicidio?

En muchos casos la víctima es colocada como responsable de su muerte, asumiendo que el femicidio es el resultado de una decisión individual y personal, y no un problema estructural.

El Femicidio en Honduras Parte 1: ¿Por qué no asesinato y si un femicidio?

Bella Carrillo, feminista hondureña

Tegucigalpa. –En la cotidianidad de la vida hondureña donde la violencia es nuestro –pan de cada día-, escuchar, ver o leer que una mujer ha sido asesinada de forma violenta, ya no nos sorprende, como esperaríamos, todo lo contrario, sostenemos el sistema a través de prejuicios y estigmas que nos orilla a preguntarnos: ¿en qué malos pasos andaba para que terminara así?

Esas afirmaciones que colocan a la victima como la responsable de su muerte, asumiendo que el femicidio es el resultado de una decisión individual y personal, y no un problema estructural, es para mí un enorme desafío que existe para que la violencia femicida siga en aumento. A partir de este contexto les invito a preguntarse ¿somos realmente consientes sobre que es un femicidio?

En esa linea, partiremos analizando los siguientes datos sobre femicidios que nos permita ubicarnos contextualmente en la realidad del país. Según los registros del  Observatorio del Centro de Derechos de Mujeres (CDM), entre 2020 y el 31 de julio de 2026 se habían registrado 1,948 muertes violentas de mujeres y femicidios en Honduras, de las cuales 164 corresponden al presente año. A este panorama se suman los datos publicados por el Instituto Universitario en Democracia, Paz y Seguridad (IUDPAS, 2024), que señalan que entre 2005 y 2024 se registraron 7,746 muertes, evidenciando la pertinencia de la violencia femicida en el territorio hondureño.

Estas cifras nos llaman a reflexionar y querer saber, ¿cuáles son los problemas que atraviesan a las mujeres que convierten sus espacios en entornos de violencias?, ¿qué factores estructurales influyen para que el femicidio sea un problema estructural y no individual? Partiendo de lo anterior, a través de este artículo me propongo comprender que es la violencia femicida, partiendo de analizar el concepto que se encuentra en nuestro Código Penal y complementarlo con los postulados de feministas del país y la región, quienes han hecho un enorme esfuerzo de profundizar en el término, siendo ellas las que me han inspirado a repensar sobre el tema.

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El femicidio: más allá de la tipificación jurídica hondureña

El concepto de femicidio tiene su origen en 1976, cuando la feminista sudafricana Diana Russell lo utilizó para explicar “el asesinato de mujeres por hombres porque son mujeres” (Pineda, 2026, p. 19). En la región de Latinoamérica y el Caribe a inicio de los años 2,000, las discusiones sobre el tema tomaron mayor relevancia en muchos espacios de mujeres y feministas con el objetivo de problematizar las múltiples muertes de mujeres que se daban en la región. Durante estas exigencias se dio un hito histórico, que permitió colocar el concepto en el ámbito interamericano y da la responsabilidad a los Estado a reconocer el femicidio en su judicatura nacional. Fue a través de la sentencia del Caso Gonzáles y otras (“Campo Algodonero”) vs México, emitida por la Corte Interamericana de Derechos Humanos en 2009, la cual analiza la muerte de las mujeres en contexto de desigualdad y discriminación y exhortó a los Estados a generar mecanismo de protección más eficaces.

En ese contexto, en Honduras, en el año 2013, se introduce el concepto en el artículo 208 del Código Penal y establece que: “Comete delito de femicidio el hombre que mata a una mujer en el marco de relaciones desiguales de poder entre hombres y mujeres basadas en el género”.El artículo 210 intenta ampliar la definición de relaciones de poder al establecer que dichas relaciones existen cuando la muerte o la violencia constituyen una manifestación de discriminación hacia la mujer por el hecho de serlo, independientemente de que exista una relación previa entre víctima y agresor y de que ocurra en un contexto público o privado, pero no profundiza en cómo se dan esas manifestaciones de desigualdad, dejando vacíos de interpretación. En los siguientes párrafos hago un esfuerzo por comprender este punto.

Entonces, en palabras sencillas, el femicidio es la muerte de una mujer por el hecho de serlo. Lo escribo y no puedo evitar sentirme conmovida, como es posible que una mujer se le asesine por el simple hecho de serlo, pero es eso, lo que debemos comprender, que la motivación del femicida se basa en creer que tiene el poder para controlar la vida de su víctima, sintiéndose con seguridad de que está pueda vivir o no, todo esto se da en las relaciones desiguales de poder, y para comprender como operan estas relaciones les invito a que pensemos en la siguiente situación, ¿qué pasaría si nuestra posibilidad de estudiar, trabajar, salir de casa cuando lo deseemos o vestirnos como lo deseemos e incluso ver a nuestra propia familia y que si no nos podemos acoplar a esas reglas nuestra vida dependiera de ello?

Bueno, para muchas mujeres, estas limitaciones no son situaciones hipotéticas, sino que forman parte de su vida cotidiana, atravesada por relaciones que han limitado su autonomía y capacidad de decidir. Estos ejemplos sencillos son expresiones de relaciones desiguales de poder y es necesario recalcar que estas condiciones no parten únicamente de la idea de que un hombre tome decisiones sobre la vida de una mujer, sino también de condiciones estructurales que profundizan las desigualdades. La pobreza, la dependencia económica, el territorio, la falta de acceso a empleos, a la tierra y a una vivienda digna pueden limitar las posibilidades de las mujeres para construir autonomía y salir de situaciones de violencia.

Esta mirada permite comprender que las relaciones desiguales de poder no surgen de manera espontánea ni pueden explicarse únicamente a partir de las decisiones individuales de los agresores. Son relaciones construidas y sostenidas dentro de estructuras sociales que históricamente han colocado a las mujeres en condiciones de desigualdad. La antropóloga y feminista mexicana, Marcela Lagarde plantea que el feminicidio debe comprenderse dentro de un contexto más amplio de violencia contra las mujeres y señala que este constituye “una fractura del Estado de derecho que favorece la impunidad” (Lagarde y de los Ríos, 2008, p. 155). Esta perspectiva resulta fundamental porque traslada la discusión del acto individual del agresor hacia las condiciones sociales e institucionales que permiten que estas violencias ocurran, se reproduzcan y en muchos casos, permanezcan impunes.

Desde otra dimensión, la antropóloga y socióloga costarricense Montserrat Sagot profundiza en cómo estas relaciones de poder atraviesan la vida cotidiana de las mujeres. Para ella el femicidio no debe entenderse únicamente como el asesinato de una mujer, sino como una manifestación de la violencia misógina sustentada en estructuras de poder patriarcales. Esta forma de violencia ocurre en contextos donde las mujeres son consideradas objetos de posesión, control o castigo y donde sus cuerpos son cosificados y utilizados para reafirmar relaciones de poder masculinas. Asimismo, Sagot señala que los femicidios pueden ser cometidos por parejas o exparejas, familiares, conocidos o desconocidos y responden a una lógica social que busca disciplinar, controlar o castigar a las mujeres por el hecho de ser mujeres.

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Como conclusión, espero que ahora podamos comprender más sobre la complejidad del tema y que esta perspectiva nos permitan ampliar lo que entendemos por femicidio y “relaciones desiguales de poder”, con la finalidad de cuestionar una interpretación limitada del concepto. No estamos hablando únicamente de quién ejerce el control dentro de una relación de pareja, sino de un entramado social, económico, político y cultural que produce condiciones diferenciadas para hombres y mujeres y que puede expresarse desde las formas aparentemente más cotidianas de control hasta las manifestaciones más extremas de violencia.

*Bella Carrillo es comunicadora, investigadora y feminista hondureña. Su trabajo se centra en género, acceso a la justicia, derechos de las mujeres, comunicación estratégica e incidencia política. En los últimos años se ha dedicado especialmente a la investigación con enfoque de género, con énfasis en el acceso a la justicia.

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