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El Baile de los Diablitos: La tradición viva más antigua de Honduras

En el corazón de Comayagua, la antigua capital colonial de Honduras, el mes de febrero trae consigo una explosión de color, historia y fervor popular. Es entonces cuando las calles del centro histórico se llenan de música, pólvora y figuras enmascaradas que danzan al compás de una tradición que ha sobrevivido casi cuatro siglos: El Baile de los Diablitos.

El Baile de los Diablitos: La tradición viva más antigua de Honduras

Es la obra de teatro más antigua de Honduras y una de las más longevas de América Latina, una cápsula del tiempo que mantiene vivo el sincretismo entre el mundo prehispánico y la fe cristiana

Un origen entre dos mundos

Para entender El Baile de los Diablitos hay que viajar al siglo XVII. Corría el año 1644 cuando los frailes de la orden de los Mercedarios, con el objetivo de “evangelizar» a la población indígena, comenzaron a representar el martirio de San Sebastián en el portal de la iglesia que llevaba su nombre. La historia del santo —un capitán de la guardia pretoriana romana que se convirtió al cristianismo y fue ejecutado por su fe— era un poderoso relato de sacrificio y conversión.

“Un joven pálido y bien afeitado, desnudo salvo por un taparrabos, está atado a un árbol. Mira hacia el cielo, aparentemente impasible ante las cuatro flechas que atraviesan su torso. Se trata de San Sebastián, un soldado romano que se convirtió secretamente al cristianismo y fue ejecutado por su fe”: The National Gallery London 

Antes de la Conquista, las culturas originarias de la región ya celebraban danzas imitativas y rituales agrícolas en sus plazas y centros ceremoniales, un cosmos plagado de simbolismo zoomorfo y espiritual. Fue en ese encuentro —a veces violento, a veces creativo— entre el teatro evangelizador español y las expresiones escénicas indígenas donde nació esta manifestación única. 

¿Qué es El Baile de los Diablitos?

La celebración se compone de dos momentos fundamentales que, aunque distintos, forman parte de una misma experiencia cultural.

El recorrido bufonesco. Días antes de la representación principal, los «diablitos» —jóvenes voluntarios que asumen este papel como una herencia de generaciones— recorren las calles y barrios de Comayagua. Van vestidos con trajes multicolores que incluyen turbantes adornados con espejos y papelillo, y cubren sus rostros con máscaras de madera tallada que pueden costar hasta 2,500 lempiras. 

Al son de las «aplanadas chapas» que cuelgan del ayacaste, irrumpen en las casas, bromean con los transeúntes y lanzan jocosas frases y piropos. 

El drama del martirio. El punto culminante llega con la representación teatral propiamente dicha, que tiene lugar frente a la Catedral de Comayagua. Allí, en un escenario montado en el atrio, se escenifica El Martirio de San Sebastián, también conocido como la Lucha entre Romanos, Cristianos y No Cristianos. 

En la obra intervienen tres grupos: los cristianos, los soldados romanos del emperador Diocleciano y los enigmáticos diablitos

Una tradición que se reinventa

Como toda expresión viva, El Baile de los Diablitos ha tenido que adaptarse al paso del tiempo. En los últimos años, creadores independientes han incorporado innovaciones escénicas: el uso de micrófonos y altoparlantes, un coro que crea una atmósfera sacra con sus voces y rezos, y nuevas máscaras talladas en madera que reemplazan a las antiguas, perdidas o vendidas como souvenirs a coleccionistas extranjeros.

Quienes defienden la esencia de la obra señalan que, por encima de cualquier renovación escénica, debe conservarse el antiguo carácter litúrgico y dramático que la convierte en un acto evangelizador y popular. La emoción del martirio, el conflicto que desemboca en la muerte del santo, no puede perderse en medio de los efectos técnicos

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