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Corredor Seco de Honduras a la puertas de una hambruna

La sequía por la falta de lluvias como consecuencia de los efectos del “Súper Niño” y otros factores atribuibles a actividades industriales, mantiene en zozobra a los habitantes de aldeas ubicadas en el Corredor Seco del sur de Francisco Morazán, Valle y Choluteca, donde las fuertes sequías han provocado la pérdida de los cultivos agrícolas, dejando a la zona a las puertas de una eventual hambruna, mientras los campesinos se aferran a la última oportunidad para poder cultivar la postrera que cerraría el 2026.

Este reportaje expone la falta de medidas de mitigación de los gobiernos ante el cambio climático y cómo este año el fenómeno de El Súper Niño ha mantenido a todo el país, en especial la franja del Corredor Seco, en escasez de agua, altas temperaturas y pérdida de cultivos de granos básicos, verduras, hortaliza y frutas.

Corredor Seco de Honduras a la puertas de una hambruna

Desde junio murieron los diferentes cultivos de los cuales dependen los pobladores para subsistir y el ganado cada vez más delgado va desapareciendo en algunas zonas. Ante este panorama, los aldeanos alegaron no recibir ningún tipo de ayuda o asistencia y estar olvidados por las autoridades gubernamentales. Mientras la pobreza crece, algunos han optado por el desplazamiento, la migración y otros siguen esperando la preciada lluvia.

Por Viena Hernández

Edición: Emy Padilla

Fotografías: Jorge Burgos

Tegucigalpa, Honduras. – Honduras se encuentra en una situación caótica a raíz del déficit de lluvias asociado al fenómeno climático del “Súper Niño” y el deterioro del medio ambiente producto de la mano humana, sobre todo de las grandes y destructivas industrias. 

En los lugares que visitamos en el Corredor Seco, en la zona sur del país, para realizar este reportaje, los pobladores coinciden que las escuetas lluvias cayeron en junio. Luego los efectos de las sequías secaron los ríos y fuentes de agua, provocando la pérdida de cultivos, inseguridad alimentaria, falta de empleo y muerte del ganado.

Las lluvias que han sido normales en Honduras a partir de mayo,  se han mantenido ausentes este año al punto en que gran parte del territorio, especialmente en la zona del Corredor Seco, se mantienen restricciones severas en el suministro de agua en los hogares. En la capital, Tegucigalpa, y en general en el municipio del Distrito Central, por ejemplo, se suministra cada nueve días,  debido a los bajos niveles en las represas Los Laureles y La Concepción.

La escasez de lluvias condujo a que el gobierno declarara inicialmente, desde el 19 de agosto, alerta roja en 75 municipios del Corredor Seco. Luego, el 26 de agosto, la alerta roja se expandió a 103 municipios. Además, hay 82 municipios en alerta amarilla y 48 en alerta verde. En total, 233 de los 298 municipios están bajo algún nivel de alerta debido a la sequía.

Corredor Seco
Esta milpa, en la comunidad de comunidad La Fortuna, El Corpus, Choluteca, se perdió ante la falta de lluvias. (Foto: Criterio.hn-Jorge Burgos).

En el Corredor Seco de Honduras se encuentran 140 municipios distribuidos en los departamentos de Francisco Morazán, El Paraíso, Choluteca, Valle, La Paz, Intibucá, Lempira, Ocotepeque y algunos sectores de Olancho. Fue en 2009 que organismos internacionales, entre ellos la FAO y el Sistema de la Integración Centroamericana (SICA), acuñaron formalmente el término «Corredor Seco Centroamericano», producto de la severa crisis causada por el fenómeno de El Niño en ese año. 

Producto de las alertas emitidas por la Secretaría de Gestión de Riesgos y Contingencias Nacionales (Copeco), el martes uno de septiembre, el equipo de Criterio.hn decidió visitar la zona roja y nos movilizamos por la carretera que conduce de Tegucigalpa hacia el sur del país. Al llegar al municipio de La Venta, Francisco Morazán, nos encontramos con una protesta en contra de las operaciones de la empresa  Industrias Areneras Zelaya S. de R.L., por la contaminación del Río Grande y el debilitamiento del puente que une esa zona con San José, Choluteca.

Los pobladores en protesta eran de distintas aldeas, como El Guanacaste, ubicado en La Venta, Francisco Morazán y de Macuelizo, San José, Choluteca, quienes denunciaron no sólo estar afectados por las sequías, si no también la muerte de los peces producto de la explotación de recursos no metálicos por la empresa que extrae grava y arena sin contar, según ellos, con el licenciamiento ambiental. Además, lamentaron que ninguna entidad gubernamental ha llegado a la zona para entregar ayudas alimentarias o llevar a cabo alguna estrategia para contrarrestar las afectaciones producidas por las sequías.

Recorrimos el Río Grande con un grupo de pobladores, quienes nos mostraron los daños que la empresa arenera ha dejado. En la imagen se observa una poza que ha quedado en el lugar ante el dragado del río. (Criterio.hn-Jorge Burgos)

Los pobladores manifestaron que cuando hay una buena temporada de lluvias pueden cultivar maíz, maicillo, ajonjolí y frijoles. Pero, con preocupación coincidieron que no habían sido testigos de una temporada tan seca como la de este año, razón por la que temen no poder cultivar. Debe llover antes del 15 de septiembre o perderán toda posibilidad de sembrar.

El fenómeno de El Súper Niño ha afectado a varios países de Latinoamérica. En la Amazonía y el norte de Sudamérica, en zonas de Colombia, Venezuela y Brasil, se desencadenó una fuerte sequía hidrológica, incendios forestales y temperaturas extremas. Mientras que, en Perú, Ecuador y otras zonas costeras se presenta mayor riesgo de fuertes lluvias e inundaciones.

En Centroamérica el mayor impacto ha sido en el Corredor Seco, una amplia franja de territorio que se extiende desde el sur de Chiapas, México, pasa por el noroeste de Costa Rica y algunas zonas de Panamá, y por los territorios de Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua, en las que, a efecto de la falta de lluvias y la sequía, esta zonificación, en la que sus pobladores se dedican mayormente a la agricultura, presenta enormes pérdidas agrícolas.

Ese fue justamente el escenario con el que nos encontramos durante nuestra visita a distintas aldeas del Corredor Seco al sur de Francisco Morazán y de los departamentos de Valle y Choluteca, con temperaturas de 40 grados centígrados y una sensación térmica de 44 grados, específicamente en  Langue, Valle.

Corredor Seco
A la par del Río Grande observamos una pequeña y seca parcela en la que pese a estar cerca del agua, esta no puede utilizarse porque el propietario no cuenta con los recursos económicos necesarios para instalar un sistema de riego. La contaminación en el río, producto del derrame de aceites y la descomposición de las rocas, ha provocado la muerte masiva de los peces, cerrando con ello otra vía de alimentación para los pobladores. (Foto: Criterio.hn-Jorge Burgos).


Debido a que los pobladores de El Guanacaste y de Macuelizo dependen únicamente del agua de lluvia para cultivar, su situación se complejiza aún más por la falta de apoyo estatal. A la zona, dicen, no ha llegado el gobierno a entregar ayudas ni tampoco a presentar una estrategia de subsistencia para las comunidades. Todo eso fue parte de la denuncia que realizaron los manifestantes a través de Criterio.hn.


La grave sequía era evidente desde el inicio de nuestro recorrido, los ríos estaban secos e incluso las plantas más resistentes a la falta de agua estaban secas o empezando a secarse. Había una ausencia del color verde, esta fue suplantada por hojas secas sin vida. La aridez en los árboles mostraba la cruda vulnerabilidad de los seres vivos ante los cambios climáticos extremos. 

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TODO SE SECÓ, NO HAY AYUDA Y LA POBREZA AUMENTA

Cerca de las 3:00 de la tarde, llegamos a Langue, Valle, el calor era agotador y visitamos el comedor “La Cocina del Sabor”, un negocio fundado hace  años en el casco urbano. Allí conversamos con Erick Alvarado, quien comentó que debido a la difícil situación por la que pasa su negocio por la sequía y la falta de agua, deben comprar al menos cinco bidones grandes del líquido por semana, cada uno a 100 lempiras, para poder lavar los trastes, cocinar,  mantener limpios los baños y el resto del local. La última tormenta que se recuerda en esa zona, fue el 10 de junio.

Después de almorzar en el restaurante de Erick, nos dirigimos a la aldea Las Marías, en Langue, Valle, lugar que los pobladores nos pidieron visitar por  ser uno de los más afectados. Al adentrarnos, nos encontramos con calles rocosas y polvorientas que parecían caminos olvidados. Aquí, en las casas construidas de adobes y donde las huellas de la pobreza eran más evidentes, fuimos recibidos por gente muy amable, pero que resiente el olvido de los gobiernos.

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En las comunidades del departamaneto de Valle los pobladores pagan entre 400 y 500 lempiras por un bidón de agua, como el que se observa en la imagen. (Foto: Criterio.hn-Jorge Burgos).

En una de las casitas, acompañada de sus nietos y un criadero de cerditos, nos recibió Betina García Alvarado, de 71 años, la realidad en este lugar estaba más cruda, aquí el bidón de agua pequeño (1,000 litros) era de 200 lempiras. El agua proviene de pozos privados de personas que aprovechan para hacer negocio en tiempo de escasez por sequía y es llevada al comprador por medio de un carro paila a cada casa. En la parte alta de Las Marías, el bidón se cotiza entre 400 y 500 lempiras.

Algunas casas ubicadas en la parte baja de Las Marías, todavía reciben agua por tubería al menos una vez cada ocho días, pero la cantidad es insuficiente para la demanda en los hogares, mucho menos en el caso de Betina, quien para subsistir se dedica a hornear pan para vender en la comunidad.

En Las Marías nadie pudo sembrar en la postrera debido a la falta de lluvias, pero los pobladores dejaron preparadas las parcelas de terreno, limpias y listas, por si llegan las lluvias en septiembre, aunque se mantienen entre la duda y la esperanza de esa posibilidad.

Señalando una casa vecina, donde se observa una mejor calidad de vida, gracias al envío de remesas, Betina considera que migrar a otra parte del país puede ser una manera de buscar cómo subsistir, pero  es consciente que Estados Unidos ya no es una opción, debido a la expulsión de migrantes provocadas por las nuevas normas migratorias impuestas por el presidente, Donald Trump.

Lo que viven los pobladores de las aldeas del Corredor Seco, que visitó Criterio.hn, es un círculo desesperanzador, en el cual no hay producción agrícola debido a la falta de lluvia, pero tampoco hay trabajo ni oportunidades, como otra opción para generar ingresos que posibiliten la compra de, por menos,  la canasta básica, debido a que en estas zonas la gente depende y sobrevive gracias a lo que cultivan.

“Nos va a tocar sufrir porque no hay de dónde para comprar comida. Yo hago pan para ir a vender. Me toca pedir fiado o del poquito dinero que hago compro unas dos libras de frijoles o la medida de maíz. Eso es todo”, comentó Betina con preocupación porque en su vivienda viven ocho personas. Además, en ese lugar tan remoto en el que vive, le toca pagar actualmente 1,500 lempiras por el recibo de la energía eléctrica y recordó que para el año pasado le salía en cero, porque la administración anterior subsidiaba a los hogares con consumo mensual inferior a 150 megavatios de energía.

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Doña Betina dijo que en sus 71 años de vida nunca había sufrido una sequía tan crítica como la actual. (Foto: Criterio.hn-Jorge Burgos).

A lo largo de nuestro camino por el Corredor Seco, en la zona de Langue, Valle y El Corpus, Choluteca, pudimos observar el contraste entre las casas más ostentosas con vehículos 4×4 de quienes reciben remesas, y las viviendas sencillas construidas de adobe de quienes se dedican únicamente a la agricultura. Además, la ciudad de Choluteca, Choluteca y Nacaome, Valle, presentaban imponentes edificios de centros comerciales, ajenos a la pobreza radicada en las aldeas escondidas en la periferia.

Mientras nos movilizamos entre las comunidades, encontramos muchas vacas flacas y algunas parcelas secas, siendo aprovechadas para alimentar un poco al ganado.

A unos pasos de la casa de Betina, estaba José María Cortés, secretario del patronato, líder comunitario y presidente del Centro de Salud de Las Marías, quien estima que hay unos 948 pobladores afectados  por la sequía en esa comunidad. La escasez de agua y producción agrícola han provocado el encarecimiento de los productos de consumo esencial. Por ejemplo, una libra de cuajada la adquieren a 80 lempiras. Mientras la libra de carne de res a 110 lempiras y la costilla a 90 lempiras. 

“Todos los habitantes de estas comunidades del municipio de Lanque, que son como 45 caseríos, le voy a decir que aquí solo tenemos labrada la tierra y esperando el agua para sembrar. Si llueve hasta el 10 de septiembre podemos sembrar, si nos llega el 15 de septiembre ya no se puede, ese es el límite. Todo está seco”, lamentó José Cortés, mientras doña Betina nos ofrecía unos marquesotes de los que hornea para vender. 

La comunidad no pierde la esperanza, José Cortés, señaló que si empieza a llover tendrían oportunidad de cultivar maíz, frijol y ayote, aunque con riesgo, tomando en cuenta que al frijol le toma unos 40 días y al maíz al menos dos meses para estar listo.

Luego, nos seguimos adentrando por los caminos arenosos y llegamos a la aldea El Trapiche, en Langue, Valle. Ahí nos recibió en el pórtico de su casa, Ides Onelva Bonilla Chirinos, nativa del lugar, quien compartió que con algunos chubascos de junio, su suegro había logrado cultivar sandías en un tramo de una gran parcela al frente de su casa, pero debido al calor en la zona, se encontraron con que las aves, en busca de agua, se habían comido las sandilleras.

La situación es bastante dura, la libra de frijoles se cotiza en 30 lempiras, mientras que en febrero, cuando la sequía aún no estaba en su fase más crítica, el precio era de entre 23 y 25 lempiras. Entre tanto, la carga (200 libras) de maíz está entre  2,000 y 3,000 lempiras. 

Ides Bonilla contó que, ante la pérdida de los cultivos y la consencuente crítica situación económica, su esposo trabaja actualmente en una ferretería. (Foto: Criterio.hn-Jorge Burgos).


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ZONA MÁS PRODUCTIVA EN INFORTUNIO POR SEQUÍA Y MINERÍA

Al siguiente día, el miércoles dos de septiembre, temprano por la mañana, nos dirigimos desde la ciudad de Choluteca a La Fortuna, una aldea conocida por ser una de las más productivas, ubicada en El Corpus, departamento de Choluteca. 

Nos tomó unos 40 minutos llegar a la localidad. Sin antes atravesar Los Tablones, Santa Ana de Yusguare, Choluteca, nos introducimos una vez más a las extraviadas calles de tierra, formadas de subidas y bajadas, pronto observamos las quebradas secas en todo el recorrido. 

Pese a que La Fortuna, se encuentra a las faldas del cerro de Guanacaure, una zona protegida porque su río abastece de agua a la comunidad, la sequía ha arrasado con esta zona productora que perdió todos sus cultivos de maíz.

Por la ubicación cerca del río Guanacaure aquí todavía hay cierta verdosidad en la vegetación autóctona. Aún así, el río estaba casi seco y ha empezado a abastecer poco a las viviendas de la zona, por las mañanas llega un chorro débil de agua a las tuberías de las casas, pero no es suficiente.

Esa es la historia que nos contaron habitantes como Ericka Rodríguez, quien debe aprovechar la poca cantidad de agua que llega por las tuberías para hacer algunas labores del hogar. 

Corredor Secor
Más arriba estaba una pequeña pulpería de adobe, con paredes desgastadas, salió de su interior Julissa Oliva, para comentarnos que el río tenía unos 22 días de haber llegado a su etapa más deplorable y que estaba por quedar seco. (Foto: Criterio.hn-Emy Padilla).

Para traer un poco de agua deben subir a las partes más altas del cerro Guanacaure, donde a las 12 del mediodía el agua de las mangueras deja de correr.

Julissa trabajaba en los cultivos de melón, pero este año, a falta de las lluvias, está sin empleo y junto a su madre subsisten de lo poco que venden en una  pulpería.

A la par, subimos las gradas hacia la vivienda de José Rubén Pineda, el encargado de una parcela de aproximadamente cuatro manzanas en La Fortuna. Recorrimos junto a él las milpas de maíz secas, mientras nos contaba que las habían cultivado en mayo, pero en junio toda la producción se secó y se dió por perdida.

Corredor Seco
José Pineda observó con preocupación cómo se perdió un aproximado de cuatro manzanas y media de maíz que estaban distribuidas entre  seis personas que alquilan el terreno para cultivar. El panorama fue aún más severo para otros productores de esta misma zona que perdieron hasta 45 manzanas de cultivos de  maíz. (Foto: Criterio.hn-Jorge Burgos).

Debido a esta situación que empeora cada día, los pobladores coinciden que debido a la escasez y que dependen de los cultivos para sobrevivir, pasarán por una grave hambruna y el panorama será más crudo cuando haya nuevo incremento en los precios de  los granos básicos.

“Vamos a tener hambre de repente si el gobierno no se pone al día con los productores, si no hay cooperaciones, si no hay donaciones, vamos a tener problemas. Aquí en esta zona no nos ha visitado ninguna autoridad”, recriminó José Pineda, al ser consultado por el equipo de Criterio.hn, sobre lo que podría pasar a futuro ante la perpetuación de la imponente sequía a falta de lluvia.

DESTRUCCIÓN Y MISERIA: SIN LUGAR PARA MIGRAR

En El Corpus, Choluteca, la población está dividida. Una parte importante por necesidad económica depende de la minería artesanal e industrial como su principal medio de subsistencia, y otra parte de los habitantes está en contra del daño ambiental y la contaminación de la explotación minera.

En la actualidad, se realizan operaciones de extracción de oro y plata de manera industrial a cargo de Cerros del Sur S.A., una subsidiaria de Inception Mining Inc., compañía pública estadounidense. La operatividad ha triturado rocas de los ríos y contaminado las quebradas con mercurio y cianuro, lo que ha destruido las microcuencas del Río Guanacaure, Río Caldera, Río Fortuna y los nacimientos de agua de Santa Fe y Papalones.

La actividad minera de la empresa extranjera data de 1954, cuando se otorgó la concesión minera de oro de 200 hectáreas de la mina Clavo Rico. Luego, desde agosto de 2015, el control administrativo de dicha compañía pasó a conducirla Inception Mining Inc.

En La Fortuna, un sitio adyacente a la mina, nos dimos cuenta que muchos campesinos no tienen tierras ni para cultivar los productos de subsistencia. En su lugar, alquilan pequeñas parcelas a terceros que también viven de la agricultura en pequeña escala.

Muchos pobladores, los que trabajan la tierra, son quienes además de presentar grandes pérdidas económicas, deben migrar a otras zonas del país para buscar otra fuente de ingresos.

Ese es el caso del campesino Santos René Aguilar, uno de los relatos más tristes que conocimos durante nuestro trayecto por el Corredor Seco, quien migró del municipio de Apacilagua hasta la, antes llamada, zona productiva de La Fortuna, pero aquí también se encontró con el mismo escenario de de sequía crítica. 

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Santos Aguilar es una clara evidencia que en Honduras existe el desplazamiento por crisis climática. (Foto: Criterio.hn-Jorge Burgos).

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Aunque muchos de sus familiares optaron por  irse al departamento de Olancho, Santos decidió quedarse en Choluteca y trasladarse a La Fortuna, donde aún cree hay esperanzas de cultivar las tierras aunque no sean de su propiedad. En La Fortuna alquila, junto a otros agricultores, una parcela por 60 mil lempiras, de las ganancias subsiste y paga el alquiler. Pero, este año, a causa de la sequía, perdió entre seis o siete manzanas de cultivo de maíz. Por suerte, el arrendador ha sido comprensivo con las pérdidas y Santos y sus compañeros, podrán pagar el alquiler cuando haya producción.

A Santos nunca le llamó la atención irse a Estados Unidos. Aun con todo este crudo escenario de incertidumbre en el que ni el sistema de riego ha funcionado. Santos nos contó parte de su historia, con una sonrisa y dijo con tranquilidad: “Siempre estamos luchando acá”. Mientras tanto, cerca de nosotros un burrito y un caballo se alimentaban de las milpas de maíz secas a las que nos llevó. Luego de conversar por un rato, dejamos a Santos donde lo encontramos, en la pulpería del propietario del terreno.

Seguimos nuestro camino, con el objetivo de dirigirnos a la Alcaldía de San José, Choluteca, prácticamente donde esta historia inició. El tramo árido y bastante accidentado terminó por conducirnos al centro de San José, un lugar muy tranquilo, limpio y colorido, donde estaba la plaza, la iglesia y la municipalidad.

En contraste con las altas temperaturas, entramos al fresco edificio municipal, ambientado con varios aires acondicionados. Como la alcaldesa Karla Patricia Cruz no se encontraba, fuimos atendidos por Eva Carolina Ortiz López, Secretaria Municipal y Leyla Liseth Colíndres, encargada de la Unidad Municipal Ambiental (UMA).

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La secretaria municipal de San José, Choluteca, Eva Ortiz, comentó que la alcaldía está haciendo esfuerzos por revertir los efectos del cambio climático como la siembra de árboles en las cuencas y la implementación de campañas de limpieza en la zona. (Foto: Criterio.hn-Jorge Burgos).

En San José, únicamente recibieron algunas ayudas alimentarias de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), pero fueron insuficientes, ya que de los 5, 000 habitantes de San José, se estima que su totalidad está sufriendo la repercusiones de la escasez de alimentos y agua producto de la sequía, porque los habitantes dependen de la producción agrícola y el ganado para sobrevivir.

El Plan Integral de Gestión de la Sequía, establecido bajo el decreto ejecutivo PCM-016-2026, publicado en el diario oficial La Gaceta el 19 de agosto de 2026, ha declarado emergencia por 120 días en los municipios en alerta roja, con el fin de contrarrestar el impacto de las sequías del fenómeno de El Niño. El escrito establece que Copeco junto a la Secretaría de Agricultura y Ganadería (SAG), con el apoyo de la Secretaría de Recursos Naturales (Serna), la Secretaría de Salud (Sesal), Sedesol, el Instituto de Conservación Forestal (ICF) y Banasupro, deben cumplir con un plan de acción integral.

El escrito manda a perforar pozos subterráneos, construir reservas de agua y distribución de abastecimiento para consumo humano. Además, ordena asistir de manera prioritaria a pequeños y medianos productores para proteger la producción de los alimentos. Contempla también la entrega de asistencia humanitaria y alimentos para las familias y el ganado de las zonas en sequía. Mientras tanto, la Secretaría de Finanzas (Sefin) está autorizada para reorientar recursos y aplicar contrataciones directas para solventar las necesidades producto de las sequías y crisis hídrica. No obstante, este plan debió aplicarse antes de que la sequía entrara a la fase más intensa.

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Los campesinos de la zona sur de Honduras confesaron a Criterio.hn que temen que una hambruna toque sus puertas en los próximos meses. (Foto: Criterio.hn-Emy Padilla).

El 11 de agosto, el gobierno destinó 304.2 millones de lempiras para atender los sectores más afectados por la sequía en  50 alcaldías. Entre ellas están Langue, Valle y San José y El Corpus en Choluteca. Esos municipios fueron visitados por Criterio.hn, en los que observamos una realidad muy distinta, en la que los pobladores tanto de las aldeas de Valle y Choluteca alegaban no haber recibido la ayuda ni la asistencia mencionada en el plan integral.

Por el contrario, en cuestión de gestión para beneficio de la comunidad, Eva Ortíz, secretaria municipal de San José, Choluteca, ha observado que todavía no se han atendido las solicitudes de perforación de pozos y entrega de alimentos realizadas por la alcaldesa, por lo que esperan que próximamente autoridades gubernamentales, como la Secretaría de Estado en los Despachos de Gestión de Riesgos y Contingencias Nacionales de Honduras (Copeco), el Sistema Nacional de Gestión de Riesgos (Sinager) y otras, estén dispuestas a presentarse en las comunidades para conocer la realidad y atender las necesidades de la zona.

De por sí, el agua de Río Grande dejó de ser una opción cuando la empresa Industrias Areneras Zelaya S. de R.L. lo contaminó producto de la extracción de arena y grava. Ahora, que los riachuelos están casi secos, el agua se raciona una vez a la semana y se divide por sectores.

“Hay aldeas en las cuales definitivamente no hay de dónde sacar agua. Se ha muerto el ganado justamente porque no hay comida ni agua. Si antes había unas quebraditas o pocitas donde podían beber agua los animales, ahora no”, nos compartió Eva Ortíz, sobre la situación actual en San José, lugar donde sus seis aldeas son directamente afectadas: el Centro de San José, La Crucita, Las Marías, Macuelizo, Coraycito y El Cacao.

Así como en todas las comunidades  que visitamos en nuestro recorrido por el Corredor Seco, el municipio de San José necesita agua y alimentos, porque cada día llegan al menos diez personas a la municipalidad a pedir ayuda para subsistir. En las buenas temporadas de cultivo, en esta zona se ha sembrado maíz, camote, maicillo, sandías y se cría ganado de vacas y gallinas.

A eso de las tres de la tarde, volvimos al puente fronterizo entre San José, Choluteca y La Venta, Francisco Morazán, el paso El Guanacaste, lugar donde despegó la historia de nuestro viaje, en el que estaban los manifestantes nuevamente, quienes ya llevaban unas dos semanas en protesta, según nos comentaron.

Así luce la quebrada de El Trapiche, en la comunidad de Los Tablones, en Santa Ana de Yusguare, Choluteca. La falta de lluvías ha provocado que esta vertiente se secará desde febrero. (Foto: Criterio.hn-Jorge Burgos).

Ahí conversamos con el alcalde de La Venta, Jorge Ordóñez, quien observaba junto a los manifestantes, desde el puente, la llegada y los procedimientos del Ministerio Público en el lugar en el que estaban los tractores y la maquinaria con que la empresa Industrias Areneras Zelaya S. de R.L. ha explotado la zona por 16 años, a pesar de no contar con una licencia ambiental, según la denuncia de los pobladores y de las autoridades municipales de la zona, incluyendo al alcalde Jorge Ordóñez. 

Los inspectores del Ministerio Público llegaron un día después de que Criterio.hn documentara y expusiera la realidad de la zona afectada.

El edil lamentó que la empresa siga las operaciones que están por terminar de destruir en su totalidad el Río Grande y los recursos naturales y minerales de la zona, a pesar de las presiones de las comunidades afectadas, en los municipios de San José, Choluteca y La Venta, Francisco Morazán, lo cual contrasta con la criminalización de cinco hombres que laboraban como paleros, quienes fueron acusados por el delito de extracción ilegal de minerales y se les impusieron medidas cautelares.

El recorrido llegó a su fin, extenuante pero con un diagnóstico que pone al descubierto la vulnerabilidad de las sequías y el cambio climático en parte del Corredor Seco de Honduras y las recurrentes problemáticas que sus pobladores atraviesan sin que hasta el momento existan verdaderas políticas de Estado que mitiguen estos devastadores impactos, especialmente en la seguridad alimentaria.  

A nuestro regreso,  por carretera del sur hacia Tegucigalpa, cayó ligera llovizna que podría sugerir la antesala del  pronóstico del meteorólogo del Centro de Estudios Atmosféricos, Oceanográficos y Sísmicos (Cenaos), Will Ochoa, quien vaticinó, el 4 de septiembre,  que en los próximos días habría chubascos débiles y moderados en la zona occidente, sur y suroccidente del país. Aunque los pronósticos no son positivos, porque desde ya los especialistas en el clima vaticinan que el fenómeno de El Súper Niño se extendería hasta febrero de 2027.

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