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A ocho meses del nuevo gobierno

Por: Rodil Rivera Rodil REFLEXIONES Casi desde su mismo comienzo, el gobierno del presidente Asfura, o lo que es igual, del Partido Nacional, no ha...

A ocho meses del nuevo gobierno

Por: Rodil Rivera Rodil

REFLEXIONES

Casi desde su mismo comienzo, el gobierno del presidente Asfura, o lo que es igual, del Partido Nacional, no ha parado de recibir críticas de prácticamente todos los sectores por lo que consideran su inacción e incapacidad para atender apropiadamente las múltiples dificultades que agobian al país. Pero se pasa por alto que este partido se ubica en la extrema derecha, y más propiamente, en la tendencia neoliberal encabezada a nivel mundial por el presidente Trump, cuya característica programática fundamental estriba en la conservación del statu quo o en hacerlo retroceder, y por encima de todo, en dispensar toda clase de concesiones y privilegios a las élites económicas.

Dicho de otra manera, los objetivos primordiales del neoliberalismo, por definición, excluyen los cambios trascendentes, en particular, los de carácter social, y en nuestro caso, como nación del tercer mundo, se contraen, básicamente, a administrar el subdesarrollo en que vivimos. Y más todavía, por su desmesurado apetito de ganancias y riqueza, convirtiendo en mercancía poco menos que todo cuanto existe, el modelo neoliberal acarrea consigo, yo diría que fatalmente, una no menos desmedida corrupción.

Por ello, la ciudadanía ha podido percibir muy pronto que el régimen nacionalista no ha hecho nada realmente importante para mejorar la salud, la educación o la seguridad, que carece de rumbo, y que tampoco piensa planificar ninguno  -el neoliberalismo sostiene que este lo fija el mercado, y por consiguiente, será suprimida la Secretaría de Planificación-  y que se ha dedicado, nada más, a reaccionar ante los problemas que se le van presentando con meros paliativos y controvertidos decretos y medidas, como ha pasado, entre varios otros, con el bacheo de carreteras poco antes de la pasada Semana Santa a un costo de más de mil millones de lempiras, con los cuestionados fideicomisos que se están reviviendo, justo como en tiempos de JOH, y con la insólita dotación de maquinaria pesada a todas las municipalidades del país, las cuales, con muy contadas excepciones, carecen de la capacidad y recursos para operarlas y darles el indispensable mantenimiento, y para cuya adquisición se van a derogar, sin licitación alguna, alrededor de cuatro mil seiscientos millones de lempiras. Si el gobierno quiere que cesen la especulación y los punzantes comentarios sobre estas decisiones, debe apresurarse a rendir cuentas sobre las mismas.

Y, de igual forma, la razón de mayor peso que se encuentra detrás de la iniciativa gubernamental para la reforma de la ENEE, lo mismo que de la tardanza de los diputados del Partido Liberal en presentar su contrapropuesta, no es tanto la intención de resolver la precaria situación de la institución -que sí la hay, pero como finalidad secundaria-,  sino el enfrentamiento que ha surgido entre los empresarios de la energía térmica y los de la renovable por el que ellos denominan en privado el “negocio del siglo”. Y siendo los primeros los más ricos y poderosos de Honduras son los que tienen las mayores probabilidades de salirse con la suya.

De ahí la feroz presión que han estado ejerciendo sobre el Congreso Nacional, y mayormente, sobre los diputados liberales, a través de los medios de comunicación y de varias otras organizaciones como el COHEP para que aprueben la propuesta del gobierno, y cuyo último objetivo, aunque los nacionalistas juren y perjuren lo contrario, no es otro que la privatización de las entidades en que van a dividir a la ENEE. De ahí que el proyecto del Poder Ejecutivo dispone que se constituyan como “sociedades anónimas”, dado que así en cualquier momento se podrán vender o por cualquier otro título traspasar el total o parte de sus acciones a empresarios nacionales o extranjeros. Porque si efectivamente fuera cierto, como arguyen sus defensores, que tales sociedades van a seguir siendo de propiedad del Estado en un cien por ciento resulta absurdo conferirles una modalidad mercantil reservada exclusivamente para las empresas privadas de lucro y no para las de interés social como lo es la ENEE.

De otro lado, el mandatario, de quien nadie desconoce su capacidad de trabajo, parece haber perdido la gentileza, como él la llama, de que antes hacía gala, ahora se enoja por cualquier censura que se le haga, mientras que le encanta dar declaraciones a los medios con una locuacidad que tampoco le conocíamos, olvidando que si hay algo ciertamente riesgoso para un funcionario público de su categoría es excederse en explicaciones con un periodista.

Y más preocupante aún, se rehusa a rectificar los errores que comete, como haberse auto designado, innecesariamente, ministro de salud pública, y continuar negándose a nombrar a uno en propiedad a pesar de que se lo pasan recomendando sus propios correligionarios, o haber rechazado enviar ayuda a Venezuela con ocasión del terremoto que sufrió, como invariablemente lo han hecho nuestros gobiernos en casos similares, y sí lo hizo el presidente del Congreso Nacional, lo que lo ha puesto en apuros con el sismo que acaba de azotar a Colombia, porque si no se niega como con los venezolanos, se entenderá que con estos se dejó llevar por mezquinas motivaciones ideológicas, incurriendo por ello en una lamentable falta de solidaridad internacional, creo que por primera vez en nuestra historia.

En cuanto al Congreso Nacional, no puede ser más claro que lo toral de su quehacer está dedicado a la campaña de su presidente para las siguientes elecciones. Los diputados liberales, algunos inconscientemente, tal vez, y otros por vaya usted a saber qué otros móviles, están brindándole su apoyo directa o indirectamente, sin importarles, por lo visto, que haya proclamado a los cuatro vientos que el Partido Nacional se quedará en el poder por lo menos 12 años más, lo que, atendiendo al exiguo y discutido margen con el que ganó los últimos comicios y al mencionado deterioro de su actual administración, es evidente que únicamente podría lograrlo con un fraude como el que montó JOH para su inconstitucional reelección en el 2017.   

Al desgaste del Partido Nacional debe sumarse el regreso del ex presidente Hernández, de quien se ignoran sus verdaderos designios, pero poca duda existe en la población de que saldrá bien librado del proceso que se le sigue, como está ocurriendo con otros dirigentes nacionalistas y de que buscará recobrar al menos parte de su antiguo poder en franco perjuicio del presidente Asfura y de las aspiraciones del abogado Zambrano. Pero, además, con su antigua arrogancia y una extraña imprudencia, el ex gobernante no ha vacilado en denigrar al Procurador y al juez que preside su juicio, y por si fuera poco, ha sumido en la confusión y complicado las cosas a su partido y a sus líderes que no saben qué hacer con él.

Primero afirmaron que no participaría más en la política, sino que se dedicaría por entero a su familia, pero poco después que podría ser nombrado asesor del partido, y él mismo aseveró que venía a unificarlo, en tanto que uno de los diarios tradicionales, afín al Partido Nacional, ha comentado, no sin cierta sorna y con una abierta segunda intención, la pregunta de un reportero al presidente Asfura sobre su involucramiento en “la embestida de Dago Aspra contra JOH” en venganza por la acusación que la Fiscalía promoviera contra él hace algunos años por orden del ex presidente y a la que Asfura habría replicado con significativa contundencia: “Cada quien es responsable de sus actos”.

En fin, que en el Partido Nacional están aflorando contradicciones que podrían volverse insalvables, por lo que no las tiene todas consigo para el 2025 cuando tampoco podrá contar con el poco honroso respaldo del presidente Trump, y quien, en contra de lo que muchos esperaban, hasta ahora al menos, no le ha dado ningún trato especial a Honduras. Lo que los liberales deberían sopesar debidamente para poder organizar una mejor y más eficaz oposición y para la que, tarde o temprano, como acontece en todas partes, deberán mostrase anuentes a concertar acuerdos con Libre. De lo contrario, los nacionalistas, con fraude o sin él, podrían mantenerse indefinidamente en el poder.

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