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una marea humana

Una marea humana que avanza huyendo del hambre y la violencia

ANGUSTIOSA NOCHE

Las horas  pasaban y la angustiosa espera era cada vez mayor. El crepúsculo llegó a la central metropolitana de transporte, los negocios cerraban y salían las últimas unidades del día. La gente se organizaba en bloques de acuerdo a la zona de procedencia. A la numerosa familia Barrera le tocó ubicarse en la parte inicial del sector de abordaje, en el ala derecha. Allí pernoctaron encima de unos cartones. La imagen de la familia de Gerardo y Adanelia impactó porque los tres niños se abrazaban mientras dormían y sus padres los cuidaban en medio del bullicio de los adultos.

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Así pasó la noche la familia Gómez Barrera

La noche transcurría y de repente apareció Jacinta Isabel Orellana Discua, una maestra jubilada que llegó al lugar a solidarizarse con los migrantes. “Me duele en el alma ver a mis compatriotas que tienen que irse, tener que someterse a saber a qué peligro, solamente porque nuestro país está robado”, gritaba mientras era escuchada con interés por los presentes.

Orellana Discua increpó a los policías y militares que montaban guardia alrededor de los migrantes y les dijo que no entendía porque apoyan a la oligarquía y oprimen al pueblo hondureño.

Mientras miraba a sus lados, la docente concluía que ver a tanta mujer y a tantos niños, huyendo del país como si fueran delincuentes, es una bofetada a la dignidad y una vergüenza para Honduras.

Marea humana
La profesora Jacinta Orellana, advirtió al terminar sus palabras que está consciente que expresarse en dichos términos le puede ocasionar hasta la muerte.

Las palabras de la docente fueron ovacionadas por todos, unos la aplaudían y otros hacían comentarios sobre sus señalamientos. La noche apenas comenzaba y era hora de cenar. Llegaron unas personas a dejar arroz chino—-eran donantes—-pero nadie supo quién los mandó. Otros comían baleadas (comida típica hondureña). Al final casi todos saciaron el hambre.

Además de la comida llegó el joven médico, Pablo Orellana, a atender especialmente a los niños que presentaban catarros, resfriados, y problemas en la piel. Pablo es hijo de la profesora Jacinta y le gusta hacer obras de caridad. En los últimos meses, después de la crisis política de noviembre del año pasado, comenzó a canalizar la donación de medicamentos que envía una hondureña que vive en EE.UU. y se encarga de repartirlos entre los pobres, además de brindarles la consulta médica, su aporte.

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El médico Pablo Orellana, atiende a uno de los niños que se fue en la caravana de migrantes.

Las madres rodearon al doctor y otros curioseaban el escenario, como una pareja de esposos que va en la caravana procedente de una ciudad de la zona norte y que pidió el anonimato porque es perseguida por las maras y pandillas, porque dejaron de pagar el impuesto de guerra (extorsión). Don Martín, un hombre que ya ronda los 60 años, confesó que desde hace varios años no encuentra empleo por lo que decidió comprar un microbús y prestar el servicio de transporte. Fue poco el tiempo que estuvo liberado de la extorsión. Primero le cayó la Mara Salvatrucha, luego la Pandilla 18 y ahora hasta Los Chirizos, que solo operaban en la capital. Y para el colmo, los dueños de las rutas, le comenzaron a cobrar una cuota.

Ante tanta extorsión, don Martín decidió guardar el microbús y de inmediato comenzó a ser amenazado por los mareros y pandilleros. Fue así que decidió unirse a la caravana y emprender el viaje junto a su esposa una mujer alta y de contextura gruesa—menor que él,  pero que ya aparenta al menos 50 años. Doña Martina comentó que abandonar su hogar es lo más triste que le ha pasado en la vida. Tiene tres hijos jóvenes universitarios a quienes deja solos y con la esperanza de seguir apoyando en sus estudios desde lejos. Su deseo, al igual que el de su esposo, es salir de Honduras y aunque sea llegar a México y radicarse ahí, si no pueden cruzar la frontera estadounidense.

Después de contar su tragedia, la pareja sonrió y se fue en busca de su cena. A pocos metros estaba una patrulla de la Policía Nacional y más adelante había al menos cinco policías militares, que resguardaban el lugar para contrarrestar cualquier incidente.

Más adelante a 150 metros Karen Martínez de la Fundación por los Derechos Humanos de los Grupos Vulnerables (Fcasemms), persuadía a los migrantes de los riesgos que hay en el camino y les brindaba consejos para sortear los peligros.

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Karen Martínez, apacigua a este hombre que furioso la acusa de ser enviada del gobierno para convencer a la gente que no se fuera en la caravana.

“Lastimosamente todos están emigrando porque no hay empleo en el país y la mayoría va con sus hijos”, apuntó Martínez. La defensora de los derechos humanos pidió a los migrantes que se acerquen a los consulados, que hagan valer sus derechos y acusó de la crisis humanitaria a los gobernantes.

LAS CIFRAS DE EE.UU.

La semana anterior el vicepresidente de los Estados Unidos, Mike Pence, precisó que en el último año más de 225,000 guatemaltecos, hondureños y salvadoreños abandonaron sus hogares y realizaron el peligroso viaje para intentar ingresar ilegalmente a la frontera sur de los Estados Unidos.

Durante la Segunda Conferencia sobre Prosperidad y Seguridad del Triángulo Norte de Centroamérica, Pence precisó que la migración de Honduras ha aumentado en un 61 por ciento.

De acuerdo al Observatorio Consular Migratorio de Honduras, durante el 2017, 46,925 hondureños fueron deportados de México y Estados Unidos, lo que implicó una cifra diaria de 128 hombres, mujeres y niños.

SE ARMÓ LA POTRA

Las horas pasaban y a medida se acercaba la medianoche, un grupo de jóvenes, entre ellos, una muchacha, armó una potra (partido de fútbol), improvisando con una botella de refresco que aplastaron y que después se disputaban entre sí. Tenían público que los alentaba y gritaba ante cada jugada.

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Estos jóvenes pasaron una madrigada entretenida jugando fútbol.

Los muchachos dijeron que se van del país porque actualmente en sus casas ya no hay condiciones para ir al colegio y porque han visto que quienes se gradúan no encuentran trabajo. Piensan que al irse tendrán mejores oportunidades o probablemente evitarán ser reclutados por las maras y pandillas.

Las horas pasan, los jejenes y los mosquitos inquietan el sueño de quienes se acostaron encima de cartones o en el césped y hasta de aquellos que optaron por montar guardia en cuclillas o sentados en los bordillos de las aceras. Al final casi todos fueron picados.

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Conciliar el sueño fue difícil para muchos.

La bulla disminuyó un poco en la madrugada. Pero ya como a las 4:30 se escuchó el grito de una mujer que pedía a sus compañeros de San Pedro Sula que se organizaran para iniciar la marcha. La mujer “chaparra” (baja estatura), gordita y de tez trigueña les decía a sus compañeros de viaje que tenían que comenzar la caravana porque iban niños y que  entre más temprano salían, el sol iba a ser menos inclemente.  Ante la insistencia, varios hombres y mujeres la rodearon y le dijeron que la instrucción era salir a las 6:00 de la mañana, que eso ya era un acuerdo con el resto de los grupos, que había que respetar.

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La masa comenzó a alborotarse. La desesperación por marcharse se apoderó de algunos, pero luego se tranquilizaron hasta que llegó la hora cero.

La mujer insistía y ya tenía un buen grupo, sobre todo de mujeres que chineaban (cargaban) niños, que estaban listas para salir más temprano. De pronto apareció Bartolo Fuentes, el coordinador de la caravana, y persuadió al grupo que todo debía hacerse organizado y que si el acuerdo era salir a las 6:00 de la mañana que se respetara. El periodista fue enfático y les hizo saber que quien no estaba de acuerdo que se fuera solo, menos en la caravana. Al final todos y todas se calmaron y cuando los primeros rayos del sol comenzaron a irradiar el Valle de Sula, se escucharon gritos de júbilo y de alegría. Los hombres, las mujeres y hasta los niños levantaban sus brazos como en señal de victoria y comenzaron a formarse en filas, y a eso de las 5:40 de la mañana inició el peregrinaje.

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Los migrantes comienzan a abandonar la central metropolitana de transporte de San Pedro Sula para dirigirse hacia el occidente en busca de la frontera con Guatemala.

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ALLÁ VAMOS DONALD TRUMP

“Allá vamos Donald Trump”, gritaban los que encabezaban la caravana, entre ellos un hombre que era empujado en una silla de ruedas. Otros gritaban “fuera JOH” y le decían al jefe de Gobierno, Juan Hernández, que abandonaban el país porque su administración no les permite una fuente de empleo que les garantice cubrir sus necesidades básicas.

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La caravana cruzó ayer en horas de la tarde la frontera de Agua Caliente e ingresó a Guatemala. La peregrinación seguirá su marcha por México, prevé llegar a Tapachula, donde pedirán visa humanitaria.

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Honduras sigue sumergida en la pobreza. De acuerdo al Foro Social de la Deuda Externa y Desarrollo de Honduras (Fosdeh), el 65 % de la población vive en pobreza y el 44.2 % en pobreza extrema. La situación se agrava más porque el 49 % de la población económicamente activa se encuentra desempleada o subempleada, es decir más de dos millones de personas.

La inseguridad es otro factor, que ha alentado la migración, especialmente la violencia y control ejercida por las maras y pandillas sobre aquellos pequeños negocios en manos de emprendedores, a través de la extorsión o impuesto de guerra.

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La familia Gómez Barrera  dejó atrás  Puerto Cortés, ahora va para el norte en busca de un mejor futuro.

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