Una  «julietista» despótica y unos estudiantes ovejunos

 

Por: Jaime Flores

De una funcionaria «julietista» no extraña una conducta autoritaria, ni modo, imitan a la ex rectora por fidelidad o lealtad canina, pero sí es extraño el comportamiento ovejuno de los futuros antropólogos, que durante ocho años le han soportado una serie de arbitrariedades a la coordinadora de carrera y jefa del departamento de Antropología (único caso en toda la UNAH) Carmen Julia Fajardo.

Dentro del rosario de arbitrariedades de Fajardo es cancelar clases a su antojo con la aviesa intención de truncar las aspiraciones de los que le hacen oposición a su gestión y favorecer a un reducido número de estudiantes, a quienes ha degradado a nivel de esquiroles.

Por capricho o por pereza la señora, que más que una directora de carrera universitaria más parece un mayordomo de hacienda, nunca entrega notas en tiempo y forma, cancela clases a los matriculados, inventa reglas a su sabor y antojo y de trabajos de investigación ni en sueños.

Llega a tal su nivel de prepotencia y de abuso que les exige a los estudiantes que no son de su agrado abandonar la carrera, la mayoría de ellos, como mansas ovejas, le ha hecho caso.

De los despropósitos de la señora Fajardo al frente de esa carrera no sólo son culpables los estudiantes, sino que las autoridades universitarias, en especial la decana de la facultad de ciencias sociales, quien la sostiene en el cargo a pesar de no tener resultados; léase, una egresada en ocho años.

En esa carrera debería imperar el diálogo, el consenso, las discusiones profundas que debería semejarse a las noches Áticas de las que nos habla Aulio Gelio, pero sucede todo lo contrario, priva el autoritarismo y la opacidad en la toma de decisiones, a tal grado que de la noche a la mañana se le antojó cambiar de trimestres a semestres.

 ¿Y los estudiantes? Ni ella los toma en cuenta, ni ellos reclaman sus derechos, tampoco se hacen presentes. No existen, son seres invisibles, casi etéreos.

De la funcionaria «julietista» y de la decana de ciencias sociales no extraña absolutamente nada, pero si del comportamiento ovejuno de los futuros antropólogos, que ni siquiera un mitin de media hora le han hecho durante estos ocho años y las protestas se han reducido a nivel de pasillos y bares, según me cuenta uno de ellos.

 En tiempos de dictadura no causa sorpresa que funcionarios de tercera categoría adopten posiciones autoritarias y absolutistas como la señora Fajardo, pero lo que genera asombro es la actitud de los futuros antropólogos; universitarios que por antonomasia deberían ser rebeldes, irreverentes, iconoclastas y politizados.

En esa carrera hay estudiantes mayores, algunos ya abuelos, otros que ya van a empezar a peinar canas, y con niveles de inteligencia superior a lo normal, pero han sido incapaces de generar sinergias con los más jóvenes y una masa crítica para defenestrar del cargo a esta «julietista», autoritaria, abusiva y prepotente.

Durante ocho años ni una huelga, ni cadenas en las puertas, ni gritos, ni pancartas para denunciar los abusos; la han dejado reinar a su sabor y antojo y si siguen así, no se sorprendan en seguir avasallados otros ocho años más, pero si no existen, solo son seres etéreos, que importa que siga en su cargo.

Al comportamiento pasivo y ovejuno de los estudiantes de antropología, que repito debería ser rebelde iconoclasta, se suma ahora otro despropósito; han invitado a los padres de familia a que los apoyen en el conflicto, me ha dicho uno de ellos y argumenta, sin un atisbo de vergüenza, “es en defensa de la educación pública”.

Vergüenza y más vergüenza, solo falta que saquen a sus abuelos de los geriátricos o lleven a su hijos y nietos para que los defiendan. ¡Tiempos aquellos que una universitaria quebraba una ventana para hacer de los pedazos de vidrio un puñal y enfrentarse a sus agresores! En tiempos de Gustavo Álvarez Martínez.

Algunos de ustedes van a vociferar en contra de este artículo, lo sé, pero sinceramente no importa, son dignos de lástima. Si así son de mediocres como estudiantes, nada puede esperar la patria de ustedes como profesionales.

Mejor no se gradúen nunca, sigan engañándose que son estudiantes, pero sabiendas de que su comportamiento es ovejuno. No sé gradúen, aunque nos toque mantenerlos con nuestros impuestos toda la vida, el daño será menor. Me les adelanto, con el autor del artículo “se la van a querer sacar”, pero conociéndoles, seguirán soportando a quien los oprime. ¡Qué vergüenza!

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