Resurge la izquierda en Argentina con aplastante triunfo en elecciones primarias

Alberto Fernández, del peronismo de centro-izquierda, se impuso con 47% de los votos al presidente liberal Mauricio Macri, que obtuvo 32%, en las primarias de este domingo en Argentina, claves en la carrera a las presidenciales del 27 de octubre.

«Hemos tenido una mala elección y eso nos obliga a partir de mañana (lunes) a redoblar los esfuerzos. Duele que no hayamos tenido todo el apoyo que esperábamos», dijo el mandatario en su búnker de campaña, acompañado por los principales candidatos de su coalición de centro-derecha Juntos por el Cambio

La participación electoral fue de 75% de los 34 millones de electores, un porcentaje considerado alto para unas primarias, informó el ministro del Interior, Rogelio Frigerio.

Fernández, de 60 años y a quien acompaña la exmandataria Cristina Kirchner como candidata a la vicepresidencia, se mostró confiado y declaró que «conmigo la grieta (la feroz división política de los argentinos) se terminó para siempre y la venganza también».

«A los que no me votaron, prometo trabajar para que me entiendan. Vamos a empezar una etapa nueva. Siempre arreglamos los problemas que otros generaron», dijo Fernándezante miles de exultantes seguidores.

Resurge la izquierda en Argentina
Alberto Fernández celebra la abrumadora victoria en el búnker del Frente de Todos, fórmula integrada junto a la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner.

Macri, de 60 años y a quien acompaña en la fórmula el peronista de centro-derecha Miguel Angel Pichetto, había dicho temprano que esta elección «define los próximos 30 años de Argentina. Los mercados obviamente esperan que los argentinos sigamos en el mismo camino».

Fernándezfue jefe de gabinete del hoy fallecido Néstor Kirchner (2003-2007), cuando Argentina se alejó del FMI y el organismo dejó de realizar sus visitas e informes. Pero hace pocas semanas se reunió en Buenos Aires con una misión del FMI que calificó ese encuentro como «productivo».

Hundimiento gubernamental

El hundimiento gubernamental no tuvo paliativos. En la provincia de Buenos Aires, donde contaban con la baza de la popular gobernadora María Eugenia Vidal, el candidato kirchnerista, Axel Kicillof, rozó el 50% y Vidal se quedó en el 32%. En los grandes centros urbanos, salvo la ciudad de Buenos Aires, en las áreas rurales, en el sur y en el norte, la oleada del peronismo resultó imparable. “Una ola de esperanza derrotó a la mentira y los argentinos del trabajo derrotaron a la especulación financiera”, dijo Sergio Massa, cuyo retorno al redil peronista, tras varios años como líder de Alternativa Federal, contribuyó a reconstruir la unidad en torno a Alberto Fernández.

En octubre, cuando a la hora del recuento se excluyan del censo total las abstenciones y los votos en blanco, un 45% bastará para ganar la presidencia. Los Fernández ya lo han rebasado. No debería hacerles falta una segunda vuelta en noviembre. Incluso antes de conocerse resultados, porque la información oficial empezó a difundirse cuatro horas y media después del cierre de las urnas, Macri admitió que había sido para él “una mala elección”.

“Duele no haber tenido todo el apoyo que esperábamos”, “han fallado todas las empresas encuestadoras”, dijo Macri después. Se esperaba una victoria muy ajustada del peronismo. Lo que ocurrió a la hora de la verdad fue una victoria abrumadora. Fue una noche negra para el Gobierno. “Yo lo he hecho lo mejor que he podido”, explicó Macri, cariacontecido. Y aseguró que mantenía la esperanza de remontar la enorme desventaja en octubre. Su rostro decía lo contrario.

La gran cuestión inmediata, tras conocerse el vuelco electoral, era la reacción de los mercados financieros en la jornada del lunes. Los inversores, caldeados por unos últimos sondeos (que resultaron ser muy erróneos) favorables a Mauricio Macri, hicieron subir el viernes todos los indicadores: subió la Bolsa argentina, subieron los índices de confianza en el país, subieron los bonos y casi se celebró por anticipado la reelección de un presidente que goza del respaldo de Washington, del Fondo Monetario Internacional y de los mercados. Con el cambio radical de perspectivas, el lunes debería ser un día turbulento.

“Yo haré mi parte, como siempre; los ganadores de hoy tendrán también su responsabilidad”, comentó Macri en referencia a la necesidad de que el impacto del resultado de las primarias, unido al miedo del dinero a un retorno del kirchnerismo, no desestabilice aún más las cifras macroeconómicas del país. Cualquier deterioro, sin embargo, tenderá a favorecer a Alberto y Cristina Fernández. Los argentinos expresaron en las urnas su repulsa a la gestión económica macrista, traducida en una inflación galopante y una larga recesión. Cuesta imaginar que un empeoramiento de la situación pueda propiciar otra cosa que un ulterior hundimiento de la imagen gubernamental.

Una elección clave

“Estas elecciones definen los próximos 30 años”, había dicho más temprano Macri, en el momento de votar. Quizá no tantos años y no en las primarias, que, por falta de competencia interna en los partidos, se han convertido en un simple ensayo general de las elecciones de octubre, pero ciertamente este proceso electoral revistió una gran trascendencia para el futuro de Argentina. Dos opciones muy distintas y radicalmente enfrentadas se disputan el poder.

El peronismo mantuvo su desconfianza hacia el sistema de recuento de la empresa Startmatic, contratada por el Gobierno. “Creamos nuestro propio centro de cómputo porque nos genera muchas dudas el modo en que se contrató esta empresa”, ha dicho Alberto Fernández al acudir a su colegio electoral. Para elevar el nivel de garantía, la candidatura de Alberto y Cristina Fernández consiguió que a última hora la jueza electoral María Servini prohibiera la difusión de resultados parciales hasta que estuvieran escrutados al menos el 10% de los votos de la ciudad y provincia de Buenos Aires y de las provincias de Córdoba y Santa Fe. Querían evitar que sucediera como en 2017, cuando se interrumpió a medianoche un recuento que en ese momento favorecía al macrismo y luego, al cargarse los datos de las zonas más populosas del país, se decantó hacia Cristina Fernández de Kirchner.

Las PASO (primarias abiertas, simultáneas y obligatorias) fueron establecidas en 2011 y son muy discutidas; quizá en 2019 se celebren por última vez, si tras las elecciones generales de octubre se logra un consenso para abolirlas, cosa que parece relativamente probable.

Cristina Fernández de Kirchner, votó en Río Gallegos, capital de Santa Cruz, el feudo patagónico de los Kirchner. Alicia Kirchner, hermana del difunto Néstor Kirchner y cuñada de Cristina Fernández, intenta en estas elecciones revalidar su cargo de gobernadora. 

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