¿A qué vino Nancy Pelosi a Centroamérica?

Por: Tomás Andino Mencía

Los grandes convocantes
Tomás Andino, analista político-social.

Tegucigalpa, 11 de agosto 2019.-Hace varios días, observo mucha euforia y triunfalismo como que a JOH casi se lo llevan los gringos; sobre todo, desde que vino al país una delegación de Estados Unidos, encabezada nada menos que por la Presidenta de la Cámara de Representantes de ese país, la tercera en la línea de mando del imperio.

Antes de alegrarse tanto por esa visita, deben considerar las siguientes cuestiones:

Honduras como país no es un tema de interés para los políticos gringos. Su mirada es regional: lo que les interesa es lo que llaman el “Triángulo norte centroamericano”, compuesto por Guatemala, Honduras y El Salvador.

En lo geopolítico, esta zona de Centroamérica es de su interés por el asunto de las masivas migraciones, que constituye una prioridad en su política exterior, porque es desde aquí, en especial desde Honduras, que salen los éxodos hacia aquel país. Tan es así que el tema de los éxodos de migrantes se ha convertido en uno de los temas principales de la campaña preelectoral norteamericana. Republicanos y demócratas lo utilizan, cada cual a su conveniencia tratando de afectar al contrario en sus campañas.

LA TORPE POLÍTICA DE TRUMP HACE AGUAS

A lo interno de Estados Unidos, Trump ha hecho de su actitud anti- migración una fortaleza de su campaña a la reelección ante la base conservadora que le dio el triunfo, especialmente en los Estados que deciden la elección presidencial. Eso explica las actuales redadas masivas y su virulento discurso antiinmigrante en territorio norteamericano.

En el exterior, no es muy diferente. Se presenta ante su electorado como un hábil político que logra frenar la migración obligando a los países de Mesoamérica a controlarla. Lo peor es que efectivamente lo hace: Trump obliga mediante chantaje económico y político a gobiernos que van, desde la centroizquierda en México hasta la ultraderecha en Honduras, a aceptar sus lesivas exigencias de imponer obstáculos a la migración, como el llamado principio del “Tercer país más seguro”, que no es otra cosa que convertir estos países en muros para contener la migración antes de que llegue a la frontera sur de Estados Unidos.

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Uno de esos mecanismos de chantaje es la recientemente aprobada suspensión de toda la cooperación norteamericana a los gobiernos de Guatemala, Honduras y EL Salvador como castigo por no detener la corriente migratoria hacia el norte. Algo similar hizo con México, amenazando a López Obrador con elevar los aranceles a las importaciones mexicanas un 25% si no reduce la migración en la frontera común. La respuesta de los gobiernos de México, Guatemala, El Salvador y Honduras fue correr a aprobar medidas lesivas al derecho de migración y de refugio de sus pueblos.

El premio de consuelo que Trump les ofrece a estos gobiernos serviles es hacerse de la vista gorda sobre las violaciones a los derechos humanos, los fraudes electorales, la corrupción que carcome estos países y la vinculación de sus gobernantes con el crimen organizado, a cambio de que le hagan ese mandado. Electoralmente, el servilismo lacayuno de estos gobiernos le sirve a Trump para fortalecer su imagen ante su electorado duro dentro del Partido Republicano, de que tiene controlados a estos gobiernos «de mierda”. A pocos meses de las internas, eso es ganancia. En ese sentido, hay que entender que a Trump no le interesa ser “popular” en Centroamérica, sino ganar de nuevo la Presidencia de su país y usar a estos países como trampolín para sus fines geoestratégicos, no por la buenas sino a la brava. Es un enfoque a largo plazo muy torpe, típico del sector burgués proteccionista que detenta el poder en Estados Unidos.

Otras medidas que Trump ha impuesto son de orden militar, de sumo interés para el Comando Sur y útiles para sus jugadas regionales como las que planea con Venezuela y Cuba. Por ejemplo, les han hecho aceptar a estos gobiernos la presencia de militares israelitas en el control migratorio y en el entrenamiento a sus ejércitos. EL caso de Honduras es especial porque aquí envió además sus Marines, a su mayor base militar de Mesoamérica: la base de Palmerola. Esta jugada de ajedrez se hace en momentos en que su otro competidor imperialista, la Rusia de Putin, comienza a ganar terreno en Venezuela y El Caribe con la presencia de sus aviones y buques de guerra estratégica.

LOS DEMÓCRATAS VIENEN A PREVENIR LA PÉRDIDA DE SU PATIO TRASERO

Por el lado de los demócratas, igualmente juegan en la cancha interna y externa, pero con objetivos más globales. A lo interno de Estados Unidos, despliegan una fuerte campaña de apoyo a los migrantes, que tradicionalmente ha sido una plaza importante del voto demócrata, abogando por la reforma migratoria, el mantenimiento o renovación de los TPS, el DACA y programas similares. Con ello esperan desbalancear el voto a su favor en la próxima elección presidencial. 

A lo externo, la estrategia demócrata parece orientarse a dos cosas: Uno, contrarrestar electoralmente la imagen de control que dice tener Trump sobre el tema migratorio, alegando que las medidas de detener la cooperación y el apoyo a gobiernos impopulares como JOH en Honduras y Jimmy Morales en Guatemala, es lo que crea condiciones económicas y políticas que obligan a nuestros compatriotas emigrar hacia el norte. Y, dos, busca evitar perder el control de los Estados centroamericanos por las torpezas políticas de Trump, en momentos en que, tanto en Guatemala y Honduras es inminente el recambio de gobiernos.

Sobre lo primero, los demócratas se oponen a la idea del “Tercer país seguro”, porque no podrían defender esa posición ante su electorado hispano y ante los sectores de la burguesía gringa que dependen de la mano de obra barata inmigrante. Sobre lo segundo, el Triángulo Norte vive un momento clave porque está a punto de realizarse cambio de gobierno en Guatemala y parece ya insostenible el gobierno de JOH en Honduras, apoyado por Trump.

En Guatemala precisamente hoy 11 de agosto se realiza la segunda vuelta electoral, que se definirá entre dos candidatos conservadores (Sandra Torres y Alejandro Giammattei), ambos vinculados a actos de corrupción o a actividades de criminalidad organizada, como fue denunciado por la CICIG. Recuérdese que conspiraron y lograron sacar de la contienda a Telma Aldana, la candidata abanderada de la lucha anticorrupción.

En Honduras, JOH está a punto de entrar en la recta final de su crisis por los señalamientos en el juicio que ejecuta la Corte Sur de New York y por la activación de la oposición popular en el país. Es poco lo que podría hacer incluso el mismo Trump para salvar a JOH si fuese solicitado a declarar o, peor aún, fuese pedido en extradición, porque en Estados Unidos los jueces de las Cortes de Distritos no son nombrados por el Presidente (como ocurre con la Suprema Corte de Justicia, a nivel nacional) sino por un sistema muy independiente de éste, como el nombramiento por gobernadores, por las asambleas legislativas o por una elección democrática con voto directo, que parece ser el caso de la Corte de New York, un Estado claramente demócrata y, por tanto, difícilmente manipulable por Trump.

En ambos países, las élites criollas conservadoras parecen decididas a sacudirse los mecanismos de control contra la corrupción que en tiempos de Obama se habían impuesto para tener a “mecate corto” a los gobernantes para obligarlos a hacer lo que el Departamento de Estado quisiera, pero que ahora estos tratan de eliminar no renovando sus respectivos convenios con la CICIG y la MACCIH, con la mirada disimulada de Trump.

Por eso, las funcionarias demócratas, teniendo en la mira las amenazas a los intereses estratégicos del imperio en la región por los yerros de la administración Trump, en momentos en los que tanto China como Rusia no les faltan ganas de entrar en la competencia por ganar a estos gobiernos con sus atractivas ofertas, organizaron esta gira, inusual para una presidenta del Congreso norteamericano. Su objetivo aparente fue escuchar lo que la oposición tiene que decir sobre violaciones a derechos humanos, sobre la corrupción y la vinculación con el narcotráfico de sus gobiernos, pero en realidad, su gira busca asegurarse de que los políticos burgueses que van a sustituir a los que ya están en la última etapa de su agonía, sigan fieles a los intereses estratégicos del imperio en el Triángulo Norte, asegurándose de establecer alianzas con los más fuertes candidatos a suceder los actuales gobiernos, para que con los cambios que se están dando, sus intereses no se vean amenazados.

Por esa razón, las visitantes demócratas, a diferencia de Trump, hablaron mucho de apostar a la cooperación económica para el desarrollo, como le llaman; fomentar la inversión capitalista, apoyar la actividad de la CICIG y la MACCIH para el control de la corrupción, del crimen organizado y de respeto a derechos humanos; y por esa razón se negaron a hablar con los gobiernos moribundos de Jimmy Morales y Juan Orlando, mientras coqueteaban con los sectores emergentes de oposición, cuidándose de excluir lo que ellos consideran la izquierda “radical” (léase: LIBRE en Honduras). Asimismo, por aquella razón estratégica no hablaron de reducir la presencia de tropas israelitas y norteamericanas en nuestro territorio, ya que en eso tienen unidad de criterio con Trump.

En el caso de El Salvador, vinieron a darle un respaldo al gobierno recién estrenado de la nueva derecha salvadoreña, pro-gringa y pro militarista, con el cual no tienen mayores diferencias, sobre todo porque ha logrado mantener a raya al partido FMLN, que cayó estrepitosamente en la preferencia electoral de ese país.

Así que, quienes se alegran porque la Pelosi se reunió con Nasralla, con la familia Cáceres o con la Dra. Suyapa Figueroa, no crean que lo hizo porque van a ofrecernos un futuro mejor, sino porque se ven obligados a recuperar el control sobre estos países, ofreciéndonos espejitos y collares brillantes; mientras guiñen el ojo a Trump, quien con sus elefantiásicos movimientos está a punto de echar a perder el control gringo sobre esta región clave de su traspatio.

La única forma de que el imperio no coloque a otro sucedáneo de JOH, similar o peor que éste, es que nosotros como pueblo nos adelantemos y lo echemos del poder, colocando en su lugar a una fuerza social y política que responda realmente a los intereses de la clase trabajadora y demás sectores oprimidos y excluidos del país. En este caso, quien ría primero reirá mejor.

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