Mario Cálix: “Estaría pidiendo en la calle con la pensión del instituto de los periodistas”

El veterano periodista, uno de los fundadores del CPH, dice que dirigentes del gremio abandonaron los principios que dignifican la profesión

Por: Redacción CRITERIO

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Tegucigalpa.- El veterano periodista Mario Cálix Meléndez está decepcionado porque los principios de solidaridad y bienestar común que alentaron la creación del Colegio de Periodistas de Honduras (CPH), fueron abandonados por los dirigentes, y piensa que si le huyen a la auditoría de la Comisión Nacional de Bancos y Seguros, en el ente de pensiones de los comunicadores, es porque “algo está putrefacto”.

Mario Cálix“Se degeneró el principio que creó el Colegio de Periodistas por parte de un grupo de amigos periodistas empíricos y algunos profesionales”, dijo Cálix Meléndez, uno de los siete periodistas llamados “Grupo de los Notables” por los mismos dirigentes actuales del CPH, que los describen como “memorables colegas” y les atribuyen el mérito de impulsar la creación de la organización en el año 1979.

El “Grupo de Notables” promovió también la creación en 1985 del Instituto de Previsión Social del Periodista (IPP), que fue impulsado como complemento del CPH, cuyo propósito fue mejorar las condiciones salariales y de trabajo de los comunicadores, en tanto que el ente de pensiones buscaría garantizar una jubilación digna.

Los directivos del IPP, en una crónica de los orígenes del CPH y del instituto de pensiones ( lo único que publican en la página del Portal Único de Transparencia del Instituto de Acceso a la Información Pública), incluyen en lo que ellos denominan “El Grupo de Notables”, además de Cálix, a los periodistas Fredy Cuevas, Armando Cerrato, Leonardo Galindo y a otros tres ya fallecidos.

“El Colegio de Periodistas se creó para unos principios solidarios de proteger al periodista, dándole beneficios sociales, y en sí, convertir al Colegio de Periodistas en un ente que beneficiara a los afiliados”, agregó Cálix en una entrevista con CRITERIO.

El periodista, de 68 años, trabajó más 40 años entre las décadas de 1970 y el año 2015 en el desaparecido diario El Día, el matutino El Heraldo, el noticiero televisivo Hoy Mismo y en instituciones de gobierno, en el área de la comunicación y relaciones públicas, e incursionó como escritor de al menos tres libros.

Sus obras, “Diario de un Tiempo Perdido”, “Mundo Paralelo” y “Dejavú”, contienen relatos, historias, anécdotas y notas periodísticas relevantes que no fueron publicadas en los medios en los que Cálix laboró. En su retiro, en su natal Olanchito, escribe la columna “Diario de un Tiempo Perdido” en el diario El País de San Pedro Sula.

Cálix relató que el modelo que pretendían seguir los periodistas que auspiciaron la creación del CPH, era el del Colegio de Periodistas de Venezuela, en la década de 1970, que poseía una sala de cine, un centro de exposiciones culturales, una revista semanal de investigaciones, una librería y hasta hotel en la ciudad marítima de La Guayra, que tenía enorme demanda de usuarios.

“La visión era mejorar las condiciones sociales, la dignificación en sí de la carrera del periodismo, sin embargo, la visión se ha trastocado porque se han abandonado todos aquellos principios”, comentó.

Desde el CPH, se impulsó la creación del ente de pensiones de los periodistas, gestionando la aprobación en el Congreso Nacional de un decreto legislativo en 1985, que dio vida a partir de 1987 al Instituto de Previsión Social del Periodista, con la esperanza de que los comunicadores tuvieran un retiro digno.

Pero el instituto, administrado por los mismos directivos del CPH, entrega a los jubilados pensiones que en su mayoría oscilan entre 2.000 y los 4.000 lempiras, mientras se desvían los fondos del sistema de previsión en el pago de abultados salarios, beneficios y privilegios a ejecutivos y empleados, entre los que el mayor beneficiado es el vitalicio gerente, Omar Calderón.

Las pensiones son tan míseras, que al periodista Mario Valladares Fonseca, a la edad de 60 años y después de más de 20 años de aportar al instituto, el gerente Omar Calderón, quien devenga un salario que ronda los 90.000 lempiras, le ofreció una pensión de 1.000 lempiras.

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Este trato a los afiliados que solicitan su pensión, ocurre mientras se desangran los fondos del ente de pensiones, y los directivos del IPP, jefeados por el periodista Dagoberto Rodríguez Coello, rechazan la auditoría de la Comisión Nacional de Bancos y Seguros (CNBS).

Los directivos de los periodistas han pagado también casi 500.000 lempiras a abogados por consultorías, asesorías y por presentar más de ocho recursos de amparo ante la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia, huyendo de la aplicación de la ley de Transparencia en el IPP.

“Lo cierto es que si el Colegio – a través del IPP – maneja fondos del Estado, por ley tiene que ser revisado, auditado por el Tribunal Superior de Cuentas y la Comisión Nacional de Bancos y Seguros”, dijo Cálix.

“Si existe ese rechazo de esa auditoría es que algo anda mal ahí, algo está putrefacto”, sostuvo.

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                                  ALERTA A PERIODISTAS

Cálix criticó la apatía de los periodistas miembros del CPH y afiliados al IPP. “No les preocupa la situación del Colegio, pero esa actitud va a cambiar al momento que les toque retirarse de la profesión o jubilarse, porque ahí van a encontrar problemas, que yo me he enfrentado a ello”.

El periodista y escritor, que prefirió jubilarse en el Instituto Nacional de Jubilaciones y Pensiones de los Empleados y Funcionarios del Poder Ejecutivo (Injupemp) y no en el IPP debido a las pobres pensiones que se pagan en el ente de los comunicadores, recién se presentó a las oficinas del IPP a que  le devolvieran las aportaciones al sistema.

“Yo pido que me devuelvan lo aportado al IPP y resulta que sólo me dan las aportaciones que corresponden a lo que yo entregué (aportaciones personales), pero no me dan lo que aportaron las empresas en las que trabajé”, dijo.

Pero solo le devolvieron las aportaciones personales de una de las empresas en las que laboró como periodista. “Trabajaba al mismo tiempo en dos empresas”, dijo Cálix, quien gestionó con el gerente del IPP, Omar Calderón, la devolución de sus aportaciones.

El gerente y los directivos del IPP, amparándose antojadizamente en normas arbitrarias inventadas por ellos, le han devuelto a unos pocos afiliados, parte de las aportaciones personales, o bien, las han colocado en un sistema privado de pensiones, mientras que a otros se las han negado.

Cálix destacó que hace cuatro o cinco años el mismo Calderón le aseguró que si él solicitaba la devolución de sus aportaciones, el IPP le devolvería 20.000 lempiras.

“Hace cuatro o cinco años me dijo – Calderón — que me correspondía regresarme 20.000 lempiras, pero ahora me sale con 12.000 lempiras”, comentó.

Recordó que antes de jubilarse en el Injupemp, en el año 2015, en donde sus aportaciones en 10 años y seis meses sumaban entre las cotizaciones personales y del patrono, 200.000 lempiras, Calderón le propuso trasladar sus fondos al IPP.

“Omar me dijo que trasladara esos fondos para el Colegio – el ente de pensiones de los periodistas –, y le pregunté yo, ¿cuánto me va tocar como jubilación?, como 2.500 lempiras – le respondió el gerente –, irrisorio eso”, comentó Cálix.

“El Injupemp me está otorgando una pensión de 11.000 lempiras por esos mismos 200.000 lempiras. Algo anda mal en el Colegio de Periodistas y también en el IPP”.

 Cálix aseguró que si hubiese aceptado la propuesta de jubilarse en el IPP, “estuviera pidiendo en la calle. Es vergonzoso una jubilación de 2.000 o 3.000 lempiras”, dijo el veterano periodista.

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