Una década

Jaime Flores

Por: Jaime Flores

Hace una década de aquel momento histórico. El país era un “hervidero” social y el pueblo hondureño se había sacudido aquel sopor e indiferencia política que lo caracterizaba, y se interesaba y hasta se había empoderado por una nueva propuesta económica y política que desde el poder se proponía y se impulsaba:  el Socialismo del Siglo XXI.

En suma, la nueva propuesta consistía en unas moderadas reformas a la obsoleta Constitución de la República, a través de la cuarta urna, que no era más que una consulta popular dentro del mismo proceso eleccionario, en donde se abordaría la controversial reelección presidencial y mínimos cambios que pretendían humanizar el capitalismo en su expresión más extrema: el neoliberalismo salvaje.

Desde que se inició la supuesta democracia, en la década de los 80, los hondureños se habían manejado al margen de las decisiones de la clase política y no era por desinterés, era porque dentro de otras razones no había superado el terror impuesto por los militares asesinos, que dentro del marco de la Doctrina de Seguridad Nacional (DSN), asesinaban, torturaban, apresaban o desaparecían a todas aquellas personas opositoras al sistema.

No obstante, el momento histórico era el propicio para hacer los cambios políticos y económicos que históricamente y por un mandato de justicia demandaba el país; el Socialismo del Siglo XXI era la alternativa, la cual era impulsada por varios países latinoamericanos con la finalidad de sacudirse el yugo imperial y su expresión económica salvaje: el neoliberalismo.  

El principal promotor de esta nueva corriente política y económica en el continente era el comandante eterno Hugo Chávez Frías, con su inolvidable grito de guerra, “fuera pitiyanquis” y en el país el presidente Manuel Zelaya Rosales se había adherido a la misma, que además de transformadora era solidaria, a través de iniciativas como el ALBA.

Ese momento histórico es de suma importancia para los hondureños. La política se había vuelto parte de sus preocupaciones cercanas y un lenguaje olvidado renacía y había permeado las discusiones y las arengas políticas; se habla de lucha de clases, se hablaba de oligarquía no como la generadora de riqueza, sino como aquella ave de rapiña que vive de los despojos de los pobres y de las riquezas del país.

Además, las conversaciones, en todos los entornos, sociales, académicos y políticos, desde los más ricos a los más pobres, era en torno a la posesión del espectro radioeléctrico, del injusto neoliberalismo que sólo favorecía a los ricos en detrimento de las grandes mayorías, de las grandes corporaciones mediáticas y la tenencia de la tierra, entre otras problemáticas.

Hace una década del despertar de las y los hondureños, ya no sólo eran aquellas masas que silenciosamente y ovejunamente iban a botar su voto. Un nuevo discurso que anunciaba nuevas esperanzas se había posicionado en el imaginario colectivo. Todavía falta mucho, pero lo importante es el comienzo.

“Cuando despertó el dinosaurio todavía estaba allí”, dice el cuento más famoso de Tito Monterroso y así fue. Los trogloditas se unieron para detener el nuevo amanecer de un pueblo digno de mejor suerte. El maldito imperialismo gringo, a través de su embajador fue el principal artífice de aquel fatídico golpe de Estado, después la apátrida e inservible oligarquía y sus perros de garra de siempre, las fuerzas armadas, que en eran comandadas en ese momento por un roba carros.

Los efectos de aquel golpe de Estado que truncó la primavera, están más que presentes; el pueblo más pobre del continente, en donde más niños y niñas se asesinan y en donde una narco, corrupta y tanatodictadura, apoyada por el imperialismo, desgobierna y entrega por pedazos el país.

Los que cometieron el crimen en contra del Estado de Derecho no deben cantar victoria, en el pueblo hay fuego reprimido y más temprano que tarde los alcanzará y los quemará y serán los ayes y el crujir de dientes de los culpables. ¡Salud!

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2 comentarios sobre “Una década

  • Humberto Gonzalez
    el julio 16, 2019 a las 5:36 pm
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    El socialismo del siglo XXI murió con Hugo Chávez, lo termino de enterrar el ignorante de Nicolás Maduro. Jamás en Honduras se impondrá un sistema político de gobierno de izquierda. Que siga soñando Mel Zelaya.

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