Teología práctica para la cúpula evangélica de Honduras

Por: Juan Carlos Zelaya

El Nazareno nunca fue elitista. Nunca se plegó al poder imperial ni a los sabios del templo. Su vinculación con las clases y grupos excluidos y odiados por “el stablishment” lo condujo a una muerte segura. Jamás en los libros bíblicos ni en los que sirven de análisis histórico, antropológico y otros se enuncia una tan sola frase discriminatoria ni justificante de la opresión y de los grupos de poder.

Nunca Jesús -El Cristo- pidió con vehemencia que se reprimiera al grupo de Los Zelotas liderados por Barrabás y otros partidarios de la lucha armada para liberarse del imperio romano que tenía ocupada a la Judea de entonces.

La historia -con otros actores y otras circunstancias- se repite en nuestra ansangrentada patria. Es fácil revisar la historia bíblica -desde la opción de los oprimidos- y veremos una iglesia mártir, humillada, torturada en el entendido de valorar “el verbo del Galileo” que dice: ” lo que le haces a mi hermano más pequeño me lo haces a Mí” o “Bienaventurados los sedientos de justicia porque serán saciados”.

Querer buscarle otro sentido a La Palabra va contra las enseñanzas del inspirador de los evangelios y en contra de la palabra de un Dios que es toda misericordia y ternura. Sencillo: Los pastores que invoquen las tropas pretorianas de la dictadura para hacer valer la ley, -creada por una clase que ya días se alejó de los anhelos de justicia del pueblo hondureño- es absurdo de los que dicen llamarse seguidores del Mártir del Gólgota.

Este es el tiempo de ubicarse en la historia de Honduras -esta patria y su historia resumida por el Poeta Sosa más que en una lágrima en una bala de un fusil o en una gota de sangre- de parte de los que dicen ser la voz del pobre pueblo hondureño que cada día exige en las calles justicia y libertad.

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Es cómodo desde un púlpito y con aire acondicionado -y en algunos casos después de la sensación de ternura de más de 30 monedas de plata- despotricar en contra de este sufrido pueblo hondureño, y no solo eso solicitar con vehemencia -casi al borde del llanto suplicante- que las tropas del orden, las mismas que torturaron y coronaron de espinas al Hijo de María -que en muchos de los casos es fuente de enriquecimiento de esta nueva clase parasitaria del país- para que sin pudor reprima a este pueblo por oponerse a esta dictadura.

La Biblia hay que leerla integral -y no solo la parte que conviene- tal como si fuera un código legal como los abogados y entender o preguntarnos ¿Qué haría en este tiempo Juan El Bautista”? ¿De qué lado de la historia se pondrían San Romero de América, San Francisco de Asís o Martín Lutero El Reformador?

 ¡No quisiera estar en el pellejo de estos pastores para cuando Dios les pida cuentas de todo el dinero que se robaron en nombre de la fe!

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