Sonrisa subversiva

 

Presidente Hernández

Por: Óscar Miguel Marroquín

Que tiene la propiedad de subvertir, en especial el orden social o moral. Pero con su sonrisa subvirtió más que eso, aturdió el silencio y lo hizo grito, subvirtió el miedo y lo hizo valor, alteró el pasado y lo hizo futuro…

…en fin, esa subversiva sonrisa de Kimberly Dayana Fonseca enervó al asesino y narco dictador, y entonces diera la orden de disparar.

Cuando contaminamos de olvido nuestra memoria, servimos en bandeja de oro impunidad para los asesinos, la representación mental de las y los asesinados en ocasiones se borra de manera fugaz, y poco o nada hace la sociedad por recuperar esas representaciones. De allí incluso, la necesidad de construir la memoria colectiva.

Las representaciones son palabras, discurso, consignas, gritos con contenido gramatical, en fin, son parte de lo que los humanos hemos vivido, recordar con el sonido de las palabras la sonrisa subversiva de Kimberly Dayana Fonseca, es recordarle a los criminales que no hemos, ni queremos olvidar, por el contrario, recordar a Kimberly tiene un significado que aterroriza, no solo a los que dieron la orden de disparar, también a los que dispararon, pues nuestro recuerdo es una especie de interpelación individual y colectiva, para que los asesinos sean juzgados y condenados a vivir el resto de sus vidas bajo prisión.

Esa sonrisa subversiva, debe ser mantenida como una antorcha encendida, pues solo con la luz del fuego podremos encontrar a los culpables, y castigarlos.

La sonrisa de Kimberly es incuestionablemente un reclamo para nosotros mismos, un grito si se quiere así, para que mantengamos de manera permanente el reclamo no solo por sacar al dictador Juan Hernández, ese reclamo también incluye terminar con los golpes de Estado, con la corrupción, el narcotráfico, la pobreza, las caravanas, el enriquecimiento ilícito de banqueros y empresarios,  además acabar de una buena vez y para siempre con la existencia de las parasitarias y asesinas fuerzas armadas.    

La lucha emprendida por Kimberly Dayana Fonseca tiene mucho camino por recorrer, pues ella con sus gritos, reclamaba democracia, y para quien comprenda a cabalidad el significado de democracia, terminará por entender que ésta sola palabra encierra a toda la sociedad y su quehacer cotidiano. La pésima y reduccionista idea de que la democracia es la simple acción de elegir a un presidente, diputado o alcalde, no debe continuar junto a nosotros. La democracia es mucho más que eso.

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Imposible es asegurar la democracia, si Juan Hernández y todos sus secuaces no devuelven lo robado, porque democracia e impunidad no caminan juntas, la impunidad es una peligrosa herida que más temprano que tarde, puede terminar con algún asomo de democracia. Por ejemplo, las acciones de corrupción cometidas por el expresidente Rafael Leonardo Callejas, quedaron en completo estado de impunidad. Unos cuantos años después, el Estado hondureño es víctima de el más grande saqueo económico que se haya conocido, obviamente continúa prevaleciendo la impunidad en desmedro de cualquier asomo de democracia. 

Otro ejemplo, los golpes de Estado acaecidos en Honduras han quedado en completa impunidad, de allí que cuando la sociedad hondureña parecía haber entrado en un incipiente proceso de democracia con la llegada de José Manuel Zelaya a la presidencia, un nuevo golpe de Estado se produce por los mismos de siempre, hasta allí llegó el asomo de democracia. Cabe señalar que los responsables del golpe de Estado del 28 de junio del 2009 gozan de total impunidad.

Subvirtamos pues, el podrido orden establecido, tal como lo soñó Kimberly Dayana Fonseca.

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