La paz de Ponce y los diábolos de Juan

 

Por: Rodolfo Pastor Fasquelle

 

                                    a Igor, muy desilusionado y al buen soldado

Los hombres sencillos (y también los soldados General) tendemos a tomar las palabras en su sentido literal estricto, por lo que se llama convencionalmente su valor nominal, lo que aparente y literalmente quieren decir, sin cuestionarnos los matices y sutilezas que observan los hombres de letras y a los que recurren los poetas, la sinonimia de los gramáticos, los sentidos ocultos de los términos que apasionan a los místicos o los guarismos de los técnicos. Por ejemplo, se escucha hablar mucho de paz y uno cree que sabe cuál paz ¡la del hogar y la calle, el trabajo y el paseo! La embajada americana invoca la paz y llama al diálogo y ¡la milicia!

Uno se siente reconfortado cuando escucha al General Ponce, Jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, proclamar Paz. (¿Quién sabe qué pasó hace un par de meses con el sub Jefe que renunció intempestivamente, quejándose de un olor nauseabundo, y con su ayudante inmediato, cuyo paracaídas no se abrió en un ejercicio dos semanas después?) Y me parece muy propio que invoque y valore la Paz un hombre de armas, que debe entender mejor que otros, que lo contrario de la paz es la guerra, que siempre es un desastre como decía d. Francisco Goya. Aunque no debería afligirse tanto, al General, en teoría.

Porque en rigor paz es ausencia de guerra. Y si descartamos los insultos de Bukele, no hay conflicto externo que pudieran estar llamadas a resolver o a enfrentar las FFAA. En la práctica, hace cincuenta años que Honduras está fuera de peligro de una guerra propia. Y es para prevenir o defendernos en la guerra que le pagamos al miliciano que se queda en servicio, a sueldo, el soldado. Entonces, no debería alarmarse, si lo que hay es un conflicto en una crisis política, en la cual él no juega un papel legítimo y que incluso le genera beneficio cada que se profundiza.

Aun así, el General Ponce invocó la Paz cuando tomó el bastón de mando en diciembre de 2017, a la vuelta de cada entrevista en la prensa desde entonces ha declarado que -bajo su mando- las FFAA están prestas a garantizar la paz y la tranquilidad, tal y como ha dicho JOH que haría a toda costa. En febrero de 2018 Ponce proclamó, Honduras se desarrolla en paz y tranquilidad. Reiteró que Honduras es tierra de paz y tranquilidad en septiembre del año pasado. Pero no debe serlo del todo cuando ahora, a cinco meses de que venza su nombramiento, asegura con candor que lo que los soldados quieren es que todos los hondureños vivan en paz. (Con lo que recuerda un vetusto chiste del Generalísimo Francisco Franco invitado a saltar desde el avión, cuando preguntó incautamente ¿cómo podría hacer felices a todos los españoles?). Sin duda JOH ha perdido la Paz, y de repente el Jefe está pensando en ¿La paz no deliberante del cuartel? ¿Pero acaso no ha orillado la situación más bien a una casi unanimidad de sentimientos por primera vez en una década, también adversos a las FFAA, en su turno de guardia General?

Nota relacionada “Masacres son esporádicas, Honduras vive clima de paz”: Jefe de las FF.AA

En una democracia en todo caso, paz es otra cosa. Es una alegría en la convivencia respetuosa –institucional- para dirimir las diferencias entre partidos y sectores diversos. Especialmente si se trata de una comunidad animada, diríase que vibrante, de ciudadanos comprometidos en la defensa de sus derechos y los derechos -ahora si- de todos. O ¿será que se la huelen estos que ya colmaron la paciencia de la gente y nos tienen al borde de una guerra civil? Porque es sencillo General, para conseguir la paz, no se precisa de armas. A diferencia de lo que reza la canción, no hacen falta tantas cosas para conseguir la paz. Solo tres o cuatro.

 

Que nos dejen trabajar para que abunde el empleo de calidad que brinde congrua remuneración. Que reine la justicia impartida por fiscales comprometidos con la defensa de una ley pareja para todos, comprensiva de los derechos universales ante jueces limpios y funcionarios decididos a fallar las imputaciones y los reclamos en forma pronta, objetiva e imparcial. Libertad para pensar y expresarse y los más indispensables servicios públicos, el agua limpia, General, la prevención sanitaria y el auxilio que salva vidas y la educación gratuita formadora, la seguridad ciudadana, la prevención contra catástrofes y la conservación de los recursos no renovables. ¿Cómo ve? Sencillo.

¿Paz aquí? Ahora, si Ud. supone que paz es sumisión sin cuestionamiento al dictado de un gobierno corrupto, de origen cuestionado, tenemos problema. No la va a conseguir mientras haya hombres y mujeres con dignidad. Y menos aún puede tener paz Ud. General si golpea y dispara contra gente desarmada, para quitarla del camino. La calle y carretera no son suyas, Señor ni de JOH, son de la nación, que es del pueblo. Todos los particulares han de pedirle permiso al pueblo para usarlas, menos el pueblo que es dueño. Y Ud. General no debería olvidar que está nación le paga para proteger sus libertades y derechos. Y cualquier desviación de esa misión es imprescriptible traición a la patria. 

Algo semejante sucede, una confusión análoga con el abuso repetido de la palabra diálogo (literalmente, intercambio de razones entre dos partes encontradas), con la cual se atraganta el actual ocupante de la Presidencia. El diálogo -que llamo diábolo- de JOH es rechazado cada vez por el interlocutor necesario, que es el otro, y su impostura cada vez deviene un teatro de sombras en que tentetiesos intercambian trampas e incoherencias robóticas

Llenar la mesa de un diálogo con las más raras adhesiones y terceras fracciones, que forman parte del gobierno o son sus parciales es análogo a llenar la mesa electoral (que debería ser sacrosanta) con representantes pirujos de partidos inventados para comprar las credenciales o cargar los dados de la representación.

El diálogo verdadero es sencillo. Se da entre dos partes opuestas, entre las cuales ha surgido un problema que se ubican frente a frente, en condición de paridad. Pueden presenciarlo muchos interesados y ojalá lo observemos todos. Las dos partes se escuchan y pactan la negociación. Se pone todo sobre la mesa, entendiéndose que ninguno de los lados podrá salirse con llevarse todo al suyo. Ambos se comprometen a respetar las posiciones irreductibles del otro y si es posible, se abocan a negociar el resto de las posiciones en busca de una salida, haciéndose las indispensables concesiones. Puede convocarse en un instante. Puesto que se convoca a dos partes en conflicto. Y la paz no es un producto alquímico misterioso ni místico, si no función del respeto mutuo y comprensión de que, si me quitas un derecho, no puede sorprenderte mi arrebato para defenderlo. Fuerajoh@final.hn

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5 comentarios sobre “La paz de Ponce y los diábolos de Juan

  • Jose Vallejo
    el junio 16, 2019 a las 3:21 pm
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    Es lamentable lo que pasa en honduras.Un presidente que por unas casas y propiedades vende a todo un pueblo.Unos militares y policias que matan a jovenes estudiantes, a trabajadores a campesinos, solo por un salario.Es surreal la ignorancia y la maldad que hay en honduras en pleno siglo XXl.Pareciera que los que tienen el poder No tienen familia o no tienen alma….

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