Conferencia Episcopal ve la crisis en Honduras como una encrucijada sin salida

Además, señalan que, si cada conflicto es manejado con la misma ineficiencia con que se manejan todos, las consecuencias pueden hundir a Honduras en una crisis muy difícil de superar.

Por: Redacción CRITERIO

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Tegucigalpa.- Los Obispos miembros de la Conferencia Episcopal de Honduras (C.E.H.), se ha pronunciado hoy señalando que los hondureños enfrentan problemas como el alto costo de la vida, el crimen, la violencia, el desempleo, las deficiencias graves en los sistemas de salud y educación, la corrupción, el narcotráfico y muchos más.

Además, señalan que, si cada conflicto es manejado con la misma ineficiencia con que se manejan todos, las consecuencias pueden hundir a Honduras en una crisis muy difícil de superar.

Por esa razón, se hace aún más dolorosa y comprensible la indignación de la mayoría de la población, el sufrimiento de los más pobres, la decepción de los jóvenes, el miedo de los migrantes, la angustia de los enfermos, la impotencia frente a la corrupción y la impunidad, el cansancio de quienes luchan por una Honduras mejor sin ver resultados.

Su pronunciamiento de este jueves,  señala que otro ingrediente que agrava los conflictos es la politización que los complica aún más, introduciendo dobles agendas y empañando la claridad de los objetivos por los que se lucha.

Los sacerdotes manifiestan que no dudan que las manifestaciones de protesta tienen la intención de ser pacíficas, pero permitir la infiltración de elementos violentos demerita la finalidad que persiguen y conculcan otros derechos de la población que también deben ser garantizados.

Apuntan que, una Constitución violada cuantas veces convenga, unos poderes que no son para nada independientes, un Congreso que se ha convertido en un teatro de pésimos actores, dándole la espalda al pueblo.

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Señalan que, hay una falsa reforma del Código Penal, que simplemente lo convierte en un instrumento de protección a los corruptos y narcopolíticos, con apariencia de ser mejor por el hecho de endurecer las penas a los supuestamente más “peligrosos”, que acostumbran a ser los jóvenes marginados y los pobres desesperados por subsistir.

“Esto, y mucho más, hace brotar de nuestros corazones un ¡Basta ya!”, dicen los obispos de Honduras quienes además señalan 5 pilares donde se puede buscar el rescate de la patria:

EL RESPETO A LA LEY. Obligación de la autoridad es emitir leyes justas, conformes a la dignidad de la persona humana y en orden al bien común. Cuando no actúa así, la autoridad se vuelve ilegítima y pierde el derecho a ser obedecida. Educar en el conocimiento y respeto a las leyes es una tarea pendiente y urgente a todos los niveles, incluyendo a los mismos legisladores para que dejen de aprobar lo que ni siquiera han leído o comprendido.

LA CONFIANZA. La que se ha ido perdiendo y que consiste en la esperanza firma en lo bueno que hay en las personas y en las instituciones. La decepción que pueden provocar muchas situaciones conflictivas no ha de llevarnos a creer que no nos podemos fiar de nadie, a desconfiar de todo. El salmo 37,3 nos hace esta invitación: “Confía en el Señor y haz el bien, establécete en la tierra y mantente fiel”.

LA ÉTICA POLÍTICA. “Una democracia sin valores se convierte con facilidad en un totalitarismo visible o encubierto, como demuestra la historia” (Juan Pablo II “Centesimus annus”, 46). La honorabilidad de la autoridad política y el derecho a hacerse respetar por el pueblo, depende de que sean moralmente rectos los fines que persigue y los medios que utiliza para ello. Con frecuencia, las manifestaciones de protesta de la sociedad no son para atacar a los políticos sino para defenderse de ellos y de sus abusos.

LA VERDAD. No es un producto decidido por la mayoría y condicionado por los intereses y acuerdos políticos. La convivencia social es ordenada y respetuosa del ser humano cuando se fundamenta en la verdad. Por eso, la búsqueda de la verdad fundamenta el verdadero diálogo.

EL DIÁLOGO. La solidaridad, como fruto de la preocupación de unos por otros, nos acerca al diálogo como camino e instrumento de la búsqueda de una comprensión mutua que facilite rebajar tensiones y encontrar, en medio de conflictos, posibilidades de acercar posiciones y de ver con mayor claridad dónde está el bien común. Dialogar no es obtener a toda costa lo que yo pienso; es buscar juntos qué es lo mejor para el Bien Común. El diálogo fracasa cuando alguien no quiere escuchar por creerse poseedor de la verdad.

Finalmente, hacen un llamado a toda la sociedad para que, desde la realidad en que vive cada persona y cada grupo, considere la necesidad de sumarse a la búsqueda de caminos de solución para Honduras. Sea por medio de pactos, acuerdos, reformas, plataformas, el plebiscito o el referéndum o leyes de iniciativas ciudadana.

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