Despidiendo a Monseñor Novatus Rugambwa como Nuncio Apostólico en Honduras

Por: Redacción CRITERIO

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ROMA.-Hace cuatro años llegó a Tegucigalpa su Excelencia Reverendísima, Monseñor Novatus Rugambwa, como nuevo representante del Papa Francisco. Casi inmediatamente de haber tomado posesión de su cargo, en la Nunciatura Apostólica, comenzaron a solicitar audiencia: clérigos, feligreses, seminaristas y personas de los diferentes estratos sociales de Honduras, como un grito unánime de auxilio de todas las víctimas de diferentes clases de abusos. Abusos cometidos principalmente por el Obispo Juan José Pineda y el Cardenal Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga.  Yo no fui la excepción.

Nos encontramos con un Nuncio abierto, gentil, carismático y dispuesto no solamente a escuchar, si no, a cumplir con su deber de informar a las instancias superiores. Nos abrió siempre las puertas de la Nunciatura y nos escuchó con atención como todo buen pastor.

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No me cabe duda de su asombro ante tantas quejas, tantas evidencias, tanta injusticia… y no digamos, con todo lo que se confirmó en la investigación ordenada por el Papa en mayo de 2017.

Estoy segura que jamás se imaginó con lo que se iba a encontrar en mi amada patria; y lo peor… dentro de la jerarquía de la Iglesia local que es un vivo reflejo de impunidad y corrupción. Pero seguramente fue escogido por Dios porque Dios escoge a sus mejores soldados para las peores batallas.

También estoy segura de que no se lleva solamente malas experiencias y malos recuerdos.  Su corazón es tan grande y tan bondadoso que casi solo recordará la amabilidad de la gente buena que conoció.
Siento mucho no estar en Honduras para poder despedirlo en mi casa, así como lo recibí cuando llegó, pero le envío a la distancia mi agradecimiento total porque fue una luz en medio de un camino tenebroso y oscuro.

Su nuevo destino es Nueva Zelanda, lugar de aire puro, sin contaminación, pero no importa a donde vaya, no importa cuál sea su nueva casa, porque donde quiera que sea, él lleva consigo la paz en su alma, la alegría en su corazón y la satisfacción del deber cumplido.  Lleva consigo la conciencia limpia y la bendición de Dios por haber actuado con rectitud en todo momento.

Con pesar en mi alma, desde Roma le digo adiós.  Honduras no es lugar para usted. Cuatro años fueron suficientes para hacer lo que tenía que hacer y ojalá quien lo sustituya sea por lo menos, parecido a usted, para evitar que resurja con más fuerza todo el mal y toda la podredumbre que encontró, haciendo un mercado la casa del Señor, maldad que está latente y que hoy toca las puertas de la Basílica de San Pedro para asesorar a quien ocupa la Silla de Pedro.  Sacúdase las sandalias querido señor Nuncio porque en otro lugar del mundo lo esperan para escuchar su palabra.
Gracias señor Nuncio por no haberse hecho al lado de la maldad y la oscuridad. Gracias porque supo actuar con firmeza. Gracias por no haberse doblegado. Era así como Dios lo necesitó y usted le fue fiel en todo momento.

Estas gracias, no quiero enviárselas solamente en nombre mío, quiero enviárselas en nombre de todas las víctimas que siguen sufriendo por falta de justicia en la casa de Dios.
Enhorabuena, señor Nuncio y que Dios lo siga bendiciendo.

Martha Alegría R. de Valladares

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