Resiste Honduras en el martirio

Por: Lorenzo García Santos
En lo que tengo de existencia no había experimentado la sensación de percibir en la sociedad la lucha de clases en su plenitud, tal como la plantea el marxismo leninismo. Las condiciones marcadamente desiguales han orillado a la adopción de compromisos y el pueblo protagoniza en una coyuntura de reflujo mundial la más enconada de las resistencias ante el desafuero de un gobierno pro-imperialista, desnacionalizado y corrupto, surgido del fraude para el servicio del narcotráfico en una fiesta desmedida de lavado de activos que vuelve sospechosos a empresarios, latifundistas y banqueros que fundan su confianza en el ejército represivo formado, entrenado y casi descaradamente conducido por los EE.UU. y en una policía desprestigiada y sin credibilidad ninguna, en virtud de la presencia de la mafia en su interior.
Los resultados del enfrentamiento sin tregua en el espectro económico, político e ideológico han llegado al pináculo cuando a pesar de la inmensa maquinaria propagandística la tiranía no logra persuadir ni a la mitad de la población de las bondades de su mentira ni de la monstruosidad de la oposición. El desprestigio a los luchadores y a la lucha repiquetea día y noche como la propaganda contra la inmigración en caravana, como la publicidad de la disminución del crimen o la intención de hacer creer en la apertura de un diálogo sin interlocutor.
En la arremetida económica contra el pueblo, aprueba la dictadura los Decretos PCM que menoscaban y disminuyen los derechos a la salud y educación con que burlonamente y mediante estafas aún posee y ejercita medianamente en hospitales sin condiciones, ausentes de medicamentos, con citas médicas que exceden los seis meses, donde las mujeres paren en el suelo y los bebés son cubiertos con hojas de papel periódico; en escuelas donde los pupitres son turuncas, la merienda escolar una ilusión en radiofonía y los “200 días de clase” una meta sin medida. Entrañan además esos Decretos, la descarada privatización de los servicios que la Administración Pública está obligada por la fornicada Constitución a realizar eficientemente, con presteza y sin intermitencias.

Nota relacionada La resistencia popular arrinconó a la dictadura, pero…

En este Gólgota del régimen golpista que solo se ha ido sucediendo desde Micheletti hasta JOH, han sacrificado a Honduras desde ese 28 de junio de 2009 mediante una orgía de represión salvaje con sangre y ataúdes, con cárcel y torturas, con gases y macanas, tratando de domeñar el espíritu rebelde y la respuesta precisa que el pueblo hondureño en condiciones de desigualdad ha dado contundente y sin turbaciones. 
Sale sin miedo Honduras: hecha maestro y obrero, médico y mujer, estudiante y enfermera, campesino y poblador, ambiental e indígena a luchar sin horario y sabidos de la maldad de los agentes represivos que sobre su superioridad en armamento y equipo, garrotean y gasean a ancianos, mujeres y “chigüines”, quienes no se rinden; se enfrentan, soportan y regresan. La bala viva ha perdido el poder de la disolución y la conciencia se ha ubicado en la testa de las masas, y a esto si le tiembla Juan Orlando, razonablemente. 
Unos “teóricos”, leen la coyuntura y culpan a Mel Zelaya porque no decreta la insurrección total, otros gallones que ayer en los colegios magisteriales se dedicaron a hurtarse y beberse las cuotas de los afiliados hoy, “pisteados” por la tiranía exigen más “compromiso” y “transparencia” a los dirigentes luchadores. Otros desprestigian el actuar de la presidente ejemplar de ese Colegio Médico que por años estuvo divorciado de las necesidades populares. 
La lucha por la institucionalidad está determinada por la terquedad de un pueblo que no escucha cantos de sirenas golpistas ni atenciona a la propaganda hitleriana. El pueblo hondureño en este período de reflujo en donde el imperialismo ataca a Nicaragua, mortifica a Venezuela, hurga a Cuba, amenaza a Bolivia, mangonea al Ejecutivo guatemalteco y silencia a El Salvador, da cátedra de lucha resistente ante los malditos bendecidos por ese cadáver insepulto de la O.E.A. Honduras no se rinde, los luchadores en este momento en que escribo tienen tomadas calles y carreteras, las escuelas exigen y los hospitales reclaman. No hay descanso, desde el istmo centroamericano el pueblo  hondureño martirizado y todo resiste con esperanza. Se abrirán las anchas alamedas y el hombre libre pasará por ellas para refundar un país mejor.
Compartir Artículo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *