Sin potenciar la participación de las mujeres, el cambio social no es posible

 

Por: Tomas Andino Mencia

En las últimas décadas, las mujeres están demostrando tanta valentía, capacidad, carisma, liderazgo y entrega desinteresada a la causa del Pueblo que, sin su liderazgo, no será posible echar abajo la narco dictadura, mucho menos construir una nueva sociedad.

No es que antes no hubiera mujeres con las mismas cualidades; siempre han estado ahí, pero, por regla general, estaban invisibilizadas y marginadas de la conducción de los movimientos. Muestra de ello es que el liderazgo tradicional de décadas pretéritas fue abrumadoramente masculino.

Con esta afirmación no estamos descubriendo el agua caliente, pero es necesario reafirmarlo, todo lo que sea necesario, porque en un fuerte sector de la población, principalmente de nosotros, los hombres, pero también en muchas mujeres de mentalidad patriarcal, todavía parece no haber suficiente consciencia de ello.

Mi hipótesis es que ese rol, tan tradicional de la mujer ante los movimientos sociales, comenzó a cambiar, a nivel estructural, con las innovaciones introducidas en la explotación capitalista en el país en los años 90s, como el crecimiento exponencial de la industria maquilera, la urbanización acelerada ligado a ese crecimiento y el desarrollo de un fuerte componente de economía no formal, principalmente en el sector servicios, donde las mujeres supieron insertarse masivamente. Contribuyo también el mayor acceso de las niñas a la educación pública (contrario al pasado, hoy día las mujeres participan en mayor porcentaje que los varones en los centros educativos), la acelerada feminización de la pobreza, la migración hacia el exterior, de signo principalmente masculino. También ha impactado en ese cambio, el mayor acceso de las mujeres a la información a través de las redes sociales; y, por supuesto, cuenta la influencia del movimiento feminista en la concienciación y empoderamiento de las compañeras, así como las conquistas que este ha tenido para que la ley las proteja y promocione su desarrollo.

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Circunstancialmente, ese proceso se vio acelerado por la crisis del huracán Mitch de 1998. Por estar involucrado en esa época en las tareas de mitigación del desastre dejado por el fenómeno, fui testigo de cómo miles de mujeres con liderazgo nato, fueron impelidas a trascender sus faenas domésticas para contribuir en la reorganización de sus comunidades afectadas, en muchos casos colocándose a la cabeza de su reconstrucción. La potenciación del liderazgo femenino en las últimas décadas ha sido tal que jugó un papel muy importante en la reorganización del movimiento popular desde fines de los años 90s en el marco de los movimientos territoriales, indígenas, negros y ecologistas de esa época.

El segundo empujón de este proceso ocurrió en la respuesta al Golpe de Estado de 2009. En la Resistencia popular vimos salir las mujeres por miles a las calles a luchar por conquistar la democracia, asumiendo no solo roles de cocineras y secretarias, como en el pasado, sino de verdaderos liderazgos sociales y políticos. Desde entonces, una pléyade de lideresas mujeres muy comprometidas con sus comunidades y con causas sociales y políticas, se empoderaron con vehemencia de la lucha por transformar sus respectivas realidades en las comunidades y en todo el país.

Fruto de estos factores de la realidad, fue posible una Berta Cáceres dirigiendo el movimiento indígena;  Miriam Miranda haciendo lo mismo con el más avanzado movimiento negro en Honduras; Jeannette Kawas, siendo pionera del movimiento ecologista;  María Luisa Borjas enfrentando con tanto valor a las más peligrosas estructuras paramilitares del régimen; Berta Oliva la más madura referente de la defensa de los derechos humanos; Magdalena Morales y Margarita Murillo (fallecidas) como cabezas del movimiento campesino del norte; y hoy día, una Suyapa Figueroa a la cabeza del más importante movimiento de la clase trabajadora desde el Golpe de Estado. Y así podríamos seguir mencionando a tantas de ellas, que no concibo los movimientos sociales más recientes sin su participación.

Qué bueno que esto ocurre porque ahora tenemos la oportunidad de enriquecer la lucha popular con el aporte de las mujeres en cuanto a organización, disciplina, inteligencia emocional, visión holística, educación y entrega apasionada a las causas.

Sin embargo, aún existen obstáculos para su participación debido a la inercia de los esquemas patriarcales y al machismo imperante en las clases populares, que impiden el pleno desarrollo de las potencialidades de las mujeres; sin hablar de la violencia de género que continúa aún vigente en nuestro medio, mediante el acoso, la subestimación de sus capacidades, la incomprensión de sus necesidades, entre otros problemas.

Los hombres necesitamos reconocer que la tarea del cambio social no es potestad solo nuestra, sino que también de la otra mitad del país. Sin la plena y total participación de las mujeres, no será posible ni sostenible un cambio revolucionario en Honduras, ni en ningún otro país. Hoy día ningún movimiento puede triunfar sin su concurso. El día que comprendamos que el cambio lo haremos marchando hombro a hombro, mujeres y hombres a la par, en condiciones de igualdad, mutuo respeto y mutuo apoyo, ese día la Revolución será invencible.

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